- Un breve recorrido por la historia de la Educación en Nicaragua, 50 años en el sistema educativo que van de 1929-1979
Después de terminar la investigación del sistema educativo durante el período de la llamada Restauración Conservadora (1912-1928) se presentaron una cantidad de interrogantes en torno a la política educativa que seguirían los liberales al volver al poder, ya que en Nicaragua no se aprecia continuidad en los modelos educativos, no existe un sentido evolutivo de la educación en su trayecto histórico. La historia ha venido demostrando que los cambios que se realizan en un período de gobierno, no se les da continuidad en el siguiente sino que se anula lo anterior para poder definir unas políticas educativas acordes con los valores e ideologías del gobierno de turno. De esta manera, la educación se convierte en instrumento político-ideológico, en tanto se decide preparar a las nuevas generaciones de acuerdo con los postulados ideológicos del grupo que ostenta el poder y el modelo de sociedad que se desea implantar, pensando que a los y las jóvenes les corresponde desempeñar un papel político importante al servicio de los grupos que toman las decisiones.
Para dar respuesta a esas inquietudes nos propusimos analizar, con el mayor grado de objetividad posible, cuáles fueron las políticas educativas, los proyectos, las reformas educativas impulsadas por estos gobiernos y sus repercusiones en la educación nicaragüense. Este trabajo, inscrito en la historia cultural, trata escribir la historia basándose en fuentes confiables y analizar el efecto que, en este caso, la educación tuvo en la sociedad nicaragüense. Por ese motivo, el estudio se basa en fuentes primarias como diarios, memorias, informes, evaluaciones de proyectos, programas y planes de estudio, discursos, cartas y otros documentos que han arrojado información muy valiosa, con la interpretación de estos datos se elaboró este trabajo. Asimismo, se consultó fuentes secundarias de trabajos educativos o históricos que han abordado el tema de manera parcial. Trabajos como el del profesor Guillermo Rosales, Jorge Eduardo Arellano, Juan B. Arríen, Carlos Tünnermann y Miguel de Castilla aportaron datos de mucha importancia para complementar y/o confrontar los datos obtenidos de esta investigación.
Acorde con la nueva corriente de la historia cultural, no se trata de destacar una acción heroica sino de analizar el trabajo que miles de mujeres y hombres, muchas veces seres anónimos, realizaron con grandes esfuerzos para llevar a la práctica los proyectos educativos. En este trabajo, se hizo lo posible por rescatar los nombres de los actores de este proceso, identificar los sujetos que hicieron posible la puesta en práctica de los proyectos educativos: profesoras y profesores que con gran vocación y espíritu de servicio, se desplazaron muchas veces a regiones apartadas del país para aportar al desarrollo de los planes educativos. Los y las jóvenes deberán saber que maestros /as rurales, de caseríos, de escuelas primarias y medias, hicieron su mejor esfuerzo por contribuir a la educación de este país.
El libro consta de siete capítulos y un epílogo. En el primero se hace un análisis de las circunstancias históricas que hicieron posible el ascenso de los liberales al poder y todos los entretelones que hubo en el mismo. Reformas a la Constitución, apoyo norteamericano, rupturas de pactos, llevaron a los Somoza a la Presidencia, quienes se encontraron con la oposición de importantes sectores de la población, de los cuales, el más beligerante fue el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que lideró una insurrección popular que derrocó al tercer Somoza de la dinastía.
En el segundo capítulo se hace un análisis de las políticas educativas, claramente definidas desde el inicio, para llevar la educación a las grandes mayorías y bajar la tasa de analfabetismo. Con el objetivo de poner en práctica estas políticas, se emitieron una serie de leyes y decretos que oficializaran los acuerdos y otorgaran legalidad a las decisiones relacionadas con la apertura de nuevas carreras, la mayoría de ellas, basadas en el modelo utilitario.
En el tercer capítulo se analiza cuál era la situación en la década de los treinta. El país había sido asolado por las guerras, sufría los efectos de la gran depresión y un terremoto destruyó la capital en 1931, con efectos devastadores, ya que la mayor parte de los edificios escolares quedaron destruidos. Se trata de analizar con qué dificultad se fue reorganizando el sistema educativo, tanto en la región Pacífico-central como en el Caribe.
El cuarto capítulo plantea los cambios curriculares más significativos realizados desde los años treinta y la importancia que representan estos cambios. Una de las reformas más importantes fue realizada por el profesor Edelberto Torres, quien propuso un plan de estudios con menos contenidos, pero más actividades, ya con la influencia de la Escuela Nueva. Las reformas se sucederán unas a otras, siempre tratando de impulsar una educación que vinculara la teoría con la práctica. Se destacan los programas para escuelas rurales, escuelas de obreros y kindergarten. También se aborda la primera campaña de alfabetización.
En el quinto capítulo, se analizan los proyectos de ayuda de los Estados Unidos, la creación del Servicio Cooperativo que produjo la creación de los centros vocacionales, que pretendían formar mano de obra calificada para las nuevas formas productivas que impulsarían los Estados Unidos. También se estudia el impulso a la educación rural a través de proyectos como el de Educación Fundamental del Río Coco, la creación de la Escuela Normal Rural en la ciudad de Estelí, el impacto de estos proyectos y las limitaciones que tuvieron.
En el sexto capítulo se trabaja con los proyectos educativos que se dieron en el contexto de la integración centroamericana, la creación de una instancia especial de la OEA para el área, llamada ODECA, los convenios y la injerencia de la Alianza para el Progreso. De este período destaca la unificación centroamericana de la educación para lo cual se diseñaron planes unificados y los libros de textos de ODECA-ROCAP; la creación de los programas con ayuda de AID que abarcaron programas de educación no formal.
En el séptimo capítulo se aborda la educación universitaria, la creación de la Universidad Central, las escuelas que se abrieron, como Ingeniería, la Facultad de Humanidades concebida como resultado de los acuerdos centroamericanos de impartir una educación humanista. Asimismo, se hace referencia al establecimiento de la Universidad Nacional y la lucha por la autonomía universitaria, también acordada en el Congreso Universitario Centroamericano de 1948. Se revisan las nuevas ofertas educativas universitarias como las carreras de Economía, Administración de Empresas y Ciencias de la Educación, cuyos egresados dieron respuestas a las necesidades del desarrollo del país.
Finalmente, en el epílogo se hace una valoración de los logros y limitaciones del sistema educativo durante estos años. Desde la perspectiva de género es importante desatacar que las mujeres tuvieron acceso a los diferentes estudios tanto a nivel medio como universitario. Se creó un sistema de becas para estudiantes de escasos recursos y de esta forma muchas mujeres estudiaron las carreras de Comercio, Educación Normal, Enfermería y Secretariado Ejecutivo. También en la Universidad Nacional existió un programa de ayuda para estudiantes de prole numerosa.
A medida que las mujeres fueron preparándose mejor, tuvieron acceso a cargos de importancia. Muchas de ellas participaron también en la vida política del país y llegaron a ser Supervisoras de Educación, Directoras de Institutos de Secundaria y en los años cincuenta figuró la primera mujer con rango de Viceministra de Educación, se trata de la Dra. Olga Núñez de Saballos. A mediados de la década de los setenta, dos mujeres asumieron la cartera de Educación; una, como Ministra de Educación, la Dra. Helia María Robles, docente de gran trayectoria, autora de libros de texto y graduada en Literatura en Italia; y la otra, como Viceministro, una profesora oriunda de la región Caribe, Alba Rivera de Vallejos, que se destacó por su sensibilidad social. Para concluir los años setenta, asumió el Ministerio de Educación una mujer muy vinculada en la vida política del momento, la profesora de Primaria, Helena Porras, quien fue la última ministra de este período.
A pesar haber llevado al Caribe el Proyecto Piloto de Educación Fundamental, de corta vida y logros limitados, esta región continuó en el olvido y la marginación que se ha mantenido históricamente. Hasta los años cincuenta existió una pobre atención en esa zona, pero una vez concluido el Proyecto Piloto, todo volvió a quedar en el abandono. Hubiese sido interesante que siguiendo el ejemplo del modelo educativo de 1893-1909 (cuando el Caribe tenía la población escolar más alta del país) el Gobierno prestara atención especial al litoral Caribe, pero la falta de carreteras, el desconocimiento de las lenguas habladas por los grupos étnicos y la falta de interés, incidieron en la marginación de esta parte de nuestro territorio. El reto sigue siendo válido.
En cincuenta años sin duda se dieron cambios importantes en el sistema educativo. Se pusieron en práctica proyectos novedosos, métodos, programas acordes con los cambios que recorrían las vértebras de América, pero éstos no tuvieron cobertura nacional ni estuvieron a la altura de otros países. Mientras en Brasil, Paulo Freire preconizaba la educación liberadora, Nicaragua arrastró la fuerte influencia de la pedagogía norteamericana, con las ideas que Dewey impusiera en los años cincuenta. Hizo falta pensadores que se interesaran en el tema de la educación o que elaboraran teorías educativas acordes con nuestra realidad política, social y económica. Queda el reto a los educadores y gobernantes del futuro de pensar en la educación como una inversión en la formación y capacitación de los recursos humanos que necesita el país. Mientras no se vea así la educación, el país no podrá dar el salto cualitativo que necesita.
