- No está derrotado, Pero el mensaje de Venezuela obligará al presidente bolivariano a rediseñar su revolución en 2008
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El domingo del referendo constitucional de Venezuela llegó justo tres meses después de que Yorvin Rodríguez, de 16 años, fuese asesinado a tiros. Mientras los últimos votantes se formaban frente a la urna de votación ubicada en el Colegio Parroquial Monseñor Arturo Celestino, en La Vega —una comunidad pobre al suroeste de Caracas—, la madre de Yorvin, Zulaima, esperaba sentaba en la iglesia para escuchar el nombre de su hijo en una larga lista de muertos a quienes se recordaba ese mismo atardecer.
Zulaima es una de los tres millones de venezolanos que votaron por Hugo Chávez en la elección presidencial de diciembre de 2006, pero que no votaron por la reforma constitucional (Chávez recibió 7.3 millones de votos el año pasado, mientras que la reforma sólo recibió 4.3 millones). “Participé y apoyé a Chávez en el pasado”, dice Zulaima. “Pero en esta ocasión no logré salir de casa para votar. Simplemente, estaba demasiado triste. Cuando estás triste, es difícil salir”.
Muchos de los vecinos de Zulaima en La Vega tomaron la misma decisión: si bien más de 40,000 acudieron a votar por Chávez en la elección presidencial del año pasado (el 65 por ciento de los vecinos que sufragaron), sólo 23,000 votaron por la reforma constitucional (el 48 por ciento).
El declive en el apoyo a Chávez en este barrio refleja una de las dos grandes lecciones que deja el referendo: la inseguridad, la inflación, y la escasez de alimentos han menoscabado el apoyo popular en que residía gran parte de la fortaleza del Presidente bolivariano. Se trata de un factor inédito en los nueve años que lleva como mandatario y que ocurre a pesar de los ingresos récord que ha conseguido la petrolera estatal PDVSA, destinados en gran parte a la inversión social. La segunda gran lección es que el apoyo de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) a su revolución tampoco es incondicional. Dos factores que relativizan sus sueños de gobernar hasta 2050 y que, de paso, obligarán a un cambio de estilo para 2008, año que viene con nuevas elecciones en el país.
“El descontento con la inseguridad y el alza en los precios de los alimentos jugaron un rol muy importante en el resultado”, dice Francisco Rodríguez, analista político venezolano y profesor de la Universidad de Wesleyan, en EE.UU. De hecho, las encuestas muestran que la mayoría de los venezolanos percibe que su situación personal es peor que la de hace un año. La edición de diciembre del estudio trimestral de Consultores21, una investigadora de mercado basada en Caracas, muestra que la aprobación a Hugo Chávez ha caído a un 45 por ciento. Es la primera vez desde 2004 que baja del 50 por ciento. Además, sube el porcentaje de los encuestados que creen que la situación del país empeora y aquellos que mencionan a la inseguridad o la inflación como el principal problema. “Como el Gobierno no entiende bien qué es lo que causa esos problemas, se irán intensificando el año que viene”, dice Rodríguez. “Eso dañará más aún el apoyo a Chávez”.
No es casual que el resultado del referendo golpease a Chávez en el momento en que los efectos nocivos de sus políticas económicas se intensificaban. A pesar del gran control de precios que ejerce el Gobierno, la inflación cerrará en 2007 con un alza en torno al 17 por ciento. El desabastecimiento de productos básicos afecta a los principales sistemas de distribución del país, incluso a Mercal, la cadena de almacenes populares del Gobierno. Y el tipo de cambio oficial (a 2,150 bolívares por dólar) está cada vez más lejos del que se transa en el mercado negro (a 5,600 bolívares).
Aunque son pocas las estadísticas que permitan medirla de buena manera, la sensación extendida es que la violencia urbana ha ido creciendo a pesar de las políticas de control del crimen. Una realidad que ha quedado incluso reflejada en el último informe de Desarrollo Humano que realiza el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El país cayó del puesto 61 en 2001 (con cifras de 1999) hasta el 74 en 2007 (con cifras de 2005).
“La Vega se ha vuelto más peligrosa”, dice Zulaima, “no es que sea culpa de Chávez, pero el Gobierno debería protegernos más, ¿no? Aquí no hay policías”. Otra residente de La Vega, Ana Caraballo, siempre había votado por Chávez hasta esta elección, en la que votó en contra de las reformas. “Tengo que ir hasta Quinta Crespo para encontrar leche, y ahí pago 35,000 bolívares por una lata (US$ 16 al cambio oficial)”, dice sentada en el porche de su casa de hormigón el mismo día del referendo. “Los políticos siempre nos prometen que arreglarán el alcantarillado y que enviarán a la Policía, pero después se olvidan de ti… Pensé que Chávez era diferente, pero ahora no estoy segura”.
EL FACTOR MILITAR
Pero si Chávez ahora no podrá dar por seguro el apoyo popular, tampoco podrá hacerlo con el de las fuerzas armadas. Aunque hay versiones contradictorias sobre el suceso, la tesis más extendida es que fueron las autoridades militares las que impulsaron al Presidente a aceptar rápidamente el resultado del referendo.
Chávez lo ha desmentido. “El día que me presione un general, por más amigo que sea, de inmediato lo sustituyo”, dijo a la TV estatal poco después del referendo. El único encuentro que Chávez dice haber sostenido antes de dar a conocer los resultados fue con sus hijos y nietos. “Chávez es impresionable”, dijo el Ministro de Defensa, Gustavo Rangel.
No obstante, las dudas persisten sobre lo que sucedió en esas nueve horas entre el cierre de las mesas y el discurso de la derrota. “Es poco probable que un presidente latinoamericano en funciones y tentado a conductas antidemocráticas acepte una derrota por el 1.4 por ciento sin exigir recuento”, señala el analista mexicano Jorge Castañeda, en una columna. Francisco Rodríguez apunta que fue extraño que, con sólo el reporte del 88 por ciento de los locales de votación, se haya anunciado una tendencia “irreversible” con un margen de sólo 200,000 de entre los casi 10 millones de electores, dado que los últimos conteos se hacen manualmente en lugares donde los pobres están sobrerrepresentados.
Los que conocen defienden el rol que pudieron haber tenido las fuerzas armadas. “No tengo conocimiento de qué pasó exactamente, pero ciertamente el componente militar pudo ser un factor que facilitara una solución civilizada”, dice el experto militar José Machillanda Pinto, de la Universidad Simón Bolívar. “Lo que puedo confirmar con certeza es que hay un gran grupo de oficiales profesionales dentro del Ejército que quieren una organización y una institución que se dediquen a la función de defensa del Estado; y nunca y para nada a tareas de Gobierno o programas asistencialistas; y mucho menos a actos a favor de una concepción política”. Las evidencias más concretas están en el número de oficiales militares que rechazan seguir órdenes, a los que han renunciado, y al publicitado rechazo de los militares a la propuesta presidencial de cambiar el nombre de la organización de Guardia Nacional a Guardia Territorial.
EL ROL DE LA OPOSICIÓN
No obstante, es poco probable que la oposición venezolana pueda aprovechar el momentum para transformarse en una alternativa. Su cuestionable historial democrático ha alcanzado fama mundial gracias al fallido golpe de abril de 2002, por su error al desconocer los resultados de un referendo revocatorio en 2004 avalado mundialmente y por un miope boicot de las elecciones al Congreso en 2005. “La oposición no existe como ente colectivo: es una federación desorganizada de intereses diferentes, de visiones encontradas, de liderazgos personales que no se ponen de acuerdo”, dice Moisés Naím, analista político venezolano y director de la publicación Foreign Policy, en Washington.
Durante la campaña para el referendo, los partidos políticos y los líderes políticos de oposición mantuvieron un bajo perfil. Si esto se debió a una falta de financiamiento (“los hombres de negocios somos reacios a dar fondos a campañas a la oposición, ya que se teme una revancha”, dice un poderoso hombre de negocios que prefirió mantenerse en el anonimato) o a una decisión consciente de ceder el estrado principal a los líderes estudiantiles (que tienen más altos niveles de aprobación y credibilidad) no resulta claro, en parte porque para el referendo ni siquiera había un comando central de campaña por el No a quien consultar. “La oposición no sabe cómo tomar ventaja de lo que se le está entregando en bandeja de plata”, dice Robert Bottome, editor del newsletter Veneconomía, antes del referendo. “No tienen mensaje, no tienen cohesión”.
La cientista política Jennifer McCoy, de la Universidad Estatal de Georgia, y autora de varios ensayos sobre la democracia venezolana, cree que el referendo generará más cambios en el Gobierno que en la oposición. “El principal mensaje de ese domingo es que Chávez debe bajar la velocidad, dejar de centrarse tan intensamente en la ideología y poner atención en la provisión de servicios”, dice McCoy. “No es claro que la oposición sea capaz de hacerlo en su lugar”.
Sin embargo, el triunfo, aunque por poco margen, ofrece a la oposición una oportunidad de reagruparse. Teodoro Petkoff, veterano estratega político y editor del tabloide de oposición Tal Cual, coincide. “Hace apenas un año emergió una nueva fuerza, la fuerza de Un Nuevo Tiempo y Manuel Rosales”, dice Petkoff. “Y tiene el potencial para responder a problemas serios”.
Incluso el crítico Bottome reconoció esta posibilidad. “El discurso de Rosales después de la votación no fue malo”, dice. “A lo mejor, sólo a lo mejor, la oposición será capaz de unirse para las elecciones gubernamentales y de alcaldes de 2008”. Petkoff tiene más fe: “No hay procesos rápidos”, dice. “No hay fast-track. Los líderes políticos del futuro aparecerán”.
Los residentes de La Vega ahora se apoyan en otra clase de fe. Marisol García, una desempleada que votó por Chávez en cada oportunidad pasada, votó contra la reforma constitucional. “Las cosas se están poniendo peor por aquí”, dice. “La fe que tenía en Chávez ahora es para Dios”.
En la misa de Zulaima, en la tarde del referendo, el sacerdote leyó un pasaje de la Oración de los fieles. “Por los gobernantes”, leía. “Por los responsables de la justicia y la paz; para que no defrauden la esperanza de los pueblos, roguemos al Señor”.
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