“Quien daña la familia daña la paz”
(Benedicto XVI)
“Muchas veces los que más daño hacen a los hijos son sus propios padres”, se lamentaba ante mí un buen amigo, a quien la ingratitud de su papá lo había marcado para siempre. Costó que lo perdonara, lo que fue posible sólo por el recurso de la oración, la reflexión bíblica y la frecuente recepción de los Sacramentos de la Confesión o Reconciliación y de la Eucaristía pasados muchos años.
Hay que orar por los hijos. Pero no sólo orar, como si únicamente dependiera de Dios la suerte temporal y eterna de ellos. Falta también vigilar. Vigilar nuestras palabras y acciones, pensar cómo estamos influyendo, si positiva o negativamente, en aquellos seres que tenemos la misión sagrada de formar progresivamente y de hacer felices.
“Denle ustedes de comer”, dijo Jesús a sus apóstoles al ver a la multitud hambrienta. Es decir, “hagan algo frente a la necesidad concreta, no sólo pidan”. Esto me recuerda lo que decía la Virgen en una de sus apariciones en Cuapa a Bernardo: “No pidan la paz, ¡háganla!”
Todos deseamos y pedimos la paz. Sólo el perturbado o dañado mentalmente, puede preferir la guerra, la violencia y la muerte, a la paz y la vida. Pero la paz, como la guerra, se alimenta en el hogar. Un elevado porcentaje de los crímenes y delitos sociales tienen su origen en un drama familiar… En la violación de un padre o un padrastro, en el crueldad de una madre, en la injusticia, en el daño a la familia.
La paz es el producto de todo un aprendizaje o aplicación constante de los valores humanos, proviene de un comportamiento o modo de ser de una sociedad, pero se enseña y aprende en el hogar.
De la familia nace el ciudadano probo, el político, el funcionario público confiable por ser honrado y capaz, el profesional que trabaja para servir, no para explotar. Hay que enseñar con el ejemplo a los hijos desde niños a ser justos, nobles, a amar y decir la verdad, a orar y hacer vida la Palabra de Dios. No dañemos a la familia con el odio, con la división y el desamor entre hermanos y parientes. Desde la familia seamos constructores de la paz social.