- Columna del miércoles 23 de octubre de 2002
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En mi columna anterior comencé hablando de la ropa interior, sobre todo la masculina. Ahora nos vamos al exterior de nuestra apariencia y le corresponde a la camisa, cuyo nombre actual se deriva del latín tardío camisia, que no es más que el nombre con que se conocía una pieza de origen germánico que llegó primero al céltico antes de que al latín. Pero hay sus dudas al respecto hay quienes afirman que su nacimiento es de origen griego —kamasón— que significaba túnica. Este origen griego está también refrendado por el término árabe qamis, que literalmente quiere decir camisa, por dicha razón se puede decir que este término griego no dejó de cambiar su forma en diversas lenguas para aludir siempre a la misma prenda.
De esta camisa fueron llegando otros términos que iban nombrando las diferentes modificaciones que sufría la pieza, entonces aparece camiseta, camisón, camisilla, camisola, etc.
Con respecto a los pantalones también se vinculan con las llamadas bragas que ya les expliqué anteriormente utilizaron los galos y celtas. En esta pieza está el cordón umbilical de nuestros pantalones actuales, sean jeans, pescadores, estrechos o acampanados.
La transformacion de las bragas se da porque cuando los bárbaros se diseminaron por el Imperio Romano popularizaron su uso entre las personas sencillas, los campesinos y otros de escaso valor social. Las altas clases de la sociedad vestían una especie de bombachos cortos o medias ajustadas y una túnica suelta hasta la rodilla y es en las postrimerías del siglo XVIII cuando aparece el vocablo pantalón, que llegaba desde el francés debido al nombre de Pantalone, un personaje de la Comedia del Arte italiana cuyo nombre era una variante del santo patrono de Venecia, San Pantaleone.
El personaje en cuestión vestía capa y pantalones semejantes a los actuales que le llegaban hasta la rodilla. El pantalón, fue durante mucho, mucho tiempo un privilegio exclusivo de los hombres, tan es así que todos sabemos que aún existen países donde se considera de mal gusto que las mujeres vistan esta prenda.
Por suerte para nosotras el pantalón es ya tan nuestro como de lo hombres y en ningún ropero femenino falta esta pieza tan útil, cómoda y sencilla.