Ayer se conmemoró el 74 aniversario de la muerte de Augusto C. Sandino, el General de Hombres Libres de Nicaragua, quien fue asesinado el 21 de febrero de 1934 por miembros de la Guardia Nacional que cumplían orden expresa del general Anastasio Somoza García. Junto con Sandino asesinaron también a muchos otros mandos y miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, y aquel magnicidio y la matanza colectiva que lo siguió, fueron como un pedestal sangriento sobre el cual se erigió la dictadura somocista, que se prolongó hasta julio de 1979, cuando triunfó la Revolución Sandinista.
“Dígase lo que se quiera de él, Sandino es el más grande héroe de nuestra Patria en los tiempos modernos y su memoria debe ser guardada con cariño en el corazón de todo nicaragüense”, escribió el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua y Director Mártir de LA PRENSA. “Sandino representa la rebeldía de un pueblo y su gesta gloriosa en las montañas de Las Segovias, ha dado a Nicaragua nombre y prestigio en el mundo entero”, agregó el doctor Chamorro Cardenal. Y advirtió que: “Sandino es un monumento a la dignidad de nuestra patria y no debemos permitir que los comunistas, con quienes nunca comulgó, ensucien su memoria para utilizar el prestigio de su figura y lograr algún día, con el pretexto de que combaten un imperialismo, entregar nuestro suelo a Rusia, como ha entregado (Fidel) Castro a Cuba”.
El doctor Chamorro fue un clarividente, como todos los grandes héroes de la historia. En efecto, no pasó mucho tiempo después del asesinato que le quitó la vida, el 10 de enero de 1978, cuando se comenzó a cumplir su advertencia de que la memoria de Sandino sería ensuciada por quienes, utilizando su figura y prestigio y con el pretexto de combatir al imperialismo de Estados Unidos, entregaron Nicaragua al imperialismo comunista de la Unión Soviética.
Por otra parte, Sandino repudiaba de manera auténtica y honesta a la oligarquía nicaragüense. El General de Hombres Libres no luchaba sólo para que Nicaragua fuera un país libre, soberano e independiente, sino también para que hubiera una sociedad democrática, más justa económica y socialmente. Sandino fue muy claro al expresar que su ideal se fundaba “en el derecho de ser libre y de exigir justicia”. Y proclamó: “Que soy plebeyo, dirán los oligarcas… no importa: mi mayor honra es surgir del seno de los oprimidos que son el alma y nervio de la raza, de los que hemos vivido postergados…”
De manera que cuando los marines estadounidenses que ocupaban Nicaragua se fueron del país, en el comienzo del año 1933, al establecer el convenio de paz con el presidente Juan Bautista Sacasa el general Augusto C. Sandino no exigió para él ni para los suyos, ningún beneficio material de carácter personal; ni se robó o piñateó ninguna propiedad ajena, ya fuese de particulares o del Estado; ni se enriqueció indebidamente con el pretexto de que se había sacrificado en las montañas y de que era un desmovilizado de guerra. “Pasaré el tiempo organizando cooperativas agrícolas en esas bellas regiones —las montañas segovianas— que por siglos han sido ignoradas por los estadistas”, expresó Sandino después que los marines norteamericanos levantaron campo y se marcharon del territorio nicaragüense.
Hoy 75 años después de que Sandino expresó aquel deseo y compromiso; y a los 74 años que han transcurrido desde que lo asesinaron, cabe preguntarse qué pensaría el General de Hombres Libres de Nicaragua —cuyo nombre está inscrito en el pórtico de la Constitución Política de la República que fue redactada y votada en su nombre, en 1987—, si él pudiera ver cómo su memoria, su figura y su prestigio han sido manoseados por quienes, en su nombre, entregaron el país a otros imperialismos; y además se enriquecieron al amparo del poder del Estado y se convirtieron en una nueva oligarquía, una sandioligarquía que vino a ser más poderosa, codiciosa, inescrupulosa y cruel que las viejas oligarquías tradicionales de liberales y conservadores.
Quienes conocen la vida, la trayectoria y la historia de lucha de Augusto C. Sandino, pueden estar seguros de que al ver su memoria y su prestigio utilizados de manera tan despreciable y vergonzosa, el General de Hombres Libres se volvería a alzar contra tanta ignominia. Y cuando menos, el general Sandino estaría luchando cívicamente contra los usurpadores de su nombre y su bandera.