El Güegüense de Montenegro

Encontrar nuevamente los trazos del maestro Carlos Montenegro en otra muestra pictórica es un reencuentro con la simpleza del dibujante, en la búsqueda permanente de la volumetría y del espacio en los planos que se yuxtaponen permanentemente. Montenegro nos ha dejado siempre la sensación de “querer expresarnos más”, en una velada insatisfacción por encontrar nuevos […]

Personajes de El Güegüense. Plumilla a color de Carlos Montenegro.LA PRENSA/Cortesía

Encontrar nuevamente los trazos del maestro Carlos Montenegro en otra muestra pictórica es un reencuentro con la simpleza del dibujante, en la búsqueda permanente de la volumetría y del espacio en los planos que se yuxtaponen permanentemente. Montenegro nos ha dejado siempre la sensación de “querer expresarnos más”, en una velada insatisfacción por encontrar nuevos límites sin límites que permite la pintura, el diseño o los dibujos y donde tienen la virtud los pintores de mostrarnos todos sus retos o esbozarnos todas sus virtudes y excentricidades.

La obra de Montenegro relacionada con la Obra Maestra de teatro folclórico El Güegüense, es una de las expresiones plásticas relevantes que permiten la promoción y proyección de una manifestación cultural de reconocimiento mundial. Carlos ha tenido dos grandes momentos para mostrarnos el desarrollo pictórico de un dibujante sobrio y meticuloso, dinámico y creativo. En 1983 y 2007 nos recreó con dos extraordinarias creaciones pictóricas. En la primera, los grandes formatos de los personajes de El Güegüense, atrajeron a un público ansioso de conocer lo nuestro, todos los personajes de El Güegüense, paradojando a Luis Hars, para conocer una pléyade de grandes escritores latinoamericanos.

Esta exposición recupera no solo la intención de divulgar sino que permite revitalizar y renovar el pensamiento crítico hacia la obra de Montenegro visto como el más importante difusor por medio de las artes plásticas de nuestra Obra Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Nuevamente nos encontrarnos con otra muestra sobre El Güegüense, la tercera y más reciente. Este primero de marzo se inaugura en el Palacio de la Cultura, en la Sala Rodrigo Peñalba, el más reciente trabajo pictórico del maestro Carlos Montenegro. Los formatos son los más pequeños de todos, aunque presenta algunos tamaños igual que la primera exposición. Nos trae una percepción y visión diferente a las anteriores. Esta muestra consta de doce obras, siempre en las posibilidades de diseño que la exigencia del artista así lo provoque. Los personajes de El Güegüense asoman nuevamente, la dinámica y la sutileza están presentes pero introduce o deja de asumir los grandes contrastes que pudo haber conseguido. Interesante propuesta, consigue atraer con los grandes espacios en blanco, la libre decisión en la búsqueda de respuestas y propuestas.

Ahora sus personajes no están cargados o rellenados de trazos, son más volátiles, menos pesados, están como sostenidos en el cartón. Es un nuevo concepto de querer encontrar respuestas, por medio de la transparencia y de la liviandad en el trazo y en los elementos que pueden servir de respaldo al principal. La transparencia por la suavidad, con que trata el claro-oscuro es interesante, en esta temática llena de grades contrastes, es más dominante el espacio sin color, la luz, la claridad que el color negro que debería ser el dominante y de mayor profusión. Los planos están insertos en cada movimiento, en cada gesto, en la tridimensión que poseen los personajes. Es conociendo cada rasgo que vamos descubriendo al maestro, y es en esa enseñanza que reconocemos los valores, cualidades y defectos que se reflejan de los personajes que quedan plasmados para ser admirados, queridos o rechazados. En la paciencia franciscana se nutre el artista, logrando enriquecerse, retro-alimentándose para conseguir que esta exposición tenga su propia caracterización e individualidad.

Un cuarto de siglo de forma permanente hace del Maestro Carlos Montenegro, un pintor trascendente y especial, con una obra pictórica caracterizada en la proyección, difusión y perennización de nuestra obra de teatro folclórico.

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