- “Es grato vender esperanzas a las futuras generaciones”, asegura nicaragüense
[/doap_box]
Álvaro Dávila Martínez, de 44 años, teólogo y filósofo, abandonó el sacramento del sacerdocio por el del matrimonio y dedica tiempo a preparar jóvenes emprendedores. Primero lo hizo en Nicaragua y ahora lo extendió a Honduras.
En el 2006 se dedicó a realizar seminarios de preparación de jóvenes hondureños, al formar parte del equipo de colaboración de la primera dama hondureña Xiomara Castro de Zelaya.
“Cuando el (huracán) Mitch, participé activamente junto con la Cruz Roja Internacional para socorrer a los damnificados”, dijo al recordar que después, con esa misma organización en Nicaragua inició seminarios con líderes juveniles, para levantarles el liderazgo natural y estimularlos a crear microempresas.
Esos seminarios se desarrollaron en Rivas, León y Chinandega.
“Los seminarios son herramientas para ver la vida con mejores oportunidades, los adolescentes se alejan de las quejas y ven desde otra óptica los problemas”, dijo optimista al percibir el cambio que se produce en los jóvenes, cuando se refuerza su autoestima.
“Yo pienso que la mejor forma de salir de la pobreza es generar riquezas. Hay que promover las inversiones y la creación de empleos, bajo un buen clima de negocios”, señala.
En esas iniciativas lleva trabajando en los últimos seis años de su vida, en ambos países.
Impartió seminarios para un total de 450 jóvenes, cifra de la cual se estima la tercera parte ya tiene una microempresa.
El proyecto será replanteado en abril próximo, según los planes, ya que el gobierno hondureño analizó los resultados de este aprendizaje donde el joven conoce cómo hacer su investigación de mercado, su análisis de costo, su plan de negocios y solicitar el préstamo, para trabajar arduamente en un negocio familiar.
EJEMPLO DE OPTIMISMO
El 13 de octubre al regresar a pasar un fin de semana con su familia, se encontró las inundaciones de la zona norte y una fuerte corriente del Estero Real, arrastró su carro y con ellos sus medios tecnológicos, perdiendo al menos cuatro mil dólares.
“Pero no perdí la vida. Recé todo lo que tenía que rezar al pasar seis horas en la cima del vehículo. Me replanteé la vida, Jesucristo me dio una nueva oportunidad y me llamó a seguir sirviendo. La gente me preguntaba por el carro, y yo me pregunto ¿y la vida mía?” , relató.
Tiene un carácter reflexivo, una fe inquebrantable y un espíritu de servicio a toda prueba.
