- La historia de la narrativa escrita por mujeres nicaragüense quizás sea la más joven comparada con otros géneros literarios. En esta intensa carrera de creatividad e ingenio descubra quiénes son las que sobresalen
La narrativa nicaragüense ha tenido un desarrollo lento y tardío, motivado quizás porque Darío marcó el ritmo más acentuado hacia la poesía, aunque el mismo poeta escribió cuentos y crónicas; sin embargo, el entusiasmo ha sido en el ámbito poético, hasta el punto que se ha dicho que Nicaragua es tierra de poetas. Las primeras novelas datan de finales del siglo XIX y tuvieron poco éxito.
La primera mujer que se dedica a la escritura narrativa de forma profesional es Rosario Aguilar, quien publica en 1964, Primavera sonámbula, posteriormente (1965) Quince barrotes de izquierda a derecha, y Aquel mar sin fondo ni playa (1970)
I. Narrativa actual
La narrativa de género, escrita por mujeres y en la que las mujeres son las protagonistas de estas historias, ha ido tomando auge a partir de los años noventa. Esta narrativa, de suyo novedosa, ha tenido su expresión en toda Latinoamérica, con nombres tan conocidos como Laura Esquivel, Como agua para chocolate, Ángeles Mastreta, Mujeres de ojos grandes, y la chilena Isabel Allende. Las mujeres, que habían permanecido en los espacios privados, comienzan a desenvolverse en los espacios públicos y a expresar el sentir y pensar de la mujer. En Nicaragua, la primera mujer que se destaca como narradora es Rosario Aguilar, quien se caracteriza por su gran capacidad de captar y describir la psiquis femenina y plasmar las angustias de las mujeres en forma literaria. En los noventa, la poeta Gioconda Belli inicia su incursión en la narrativa y publica Waslala, memorial del futuro, (1996) sin ser una novela de género, presenta roles protagónicos femeninos que se salen un poco de los patrones de género establecidos. Posteriormente, publica El pergamino de la seducción que tiene como protagonista a Juana la loca, hija de los Reyes de Castilla. Otras mujeres que publican en estos años son Mercedes Gordillo, ganadora del premio Nacional Rubén Darío, autora de los libros de cuentos El cometa del fin del mundo, 1993, Luna que se quiebra y Una perfecta desconocida, (2000) e Irma Prego, autora de Agonice con elegancia. En el 2001 la poeta Karla Sánchez publicó una novela con un formato novedoso que inició el debate de la validez de los géneros, se trata de Aquellos días de ahora, editada por el CNE. Ese mismo año, la pintora María Gallo sorprendió con una novela de corte autobiográfico Entre altares y espejos, cuyas protagonistas principales son mujeres atadas a los moldes patriarcales.
II. Narrativa de mujeres
Rosario Aguilar es la narradora que irrumpe en el ámbito nicaragüense con temas, motivos y personajes femeninos, abriendo la brecha de la narrativa de género. Una de sus primeras novelas es Aquel mar sin fondo ni playa (Mención Honorífica, Juegos de Quetzaltenango) que narra la historia de una mujer y sus relaciones con el hijastro, niño con Síndrome de Dawn. El texto narratológico mantiene un narrador homodigético que interioriza los deseos y temores de engendrar su propio hijo. El fluir de la narradora, el lector puede conocer los pensamientos más íntimos, las angustiosas noches en las que la protagonista presiente que algo terrible va a suceder. Primavera sonámbula, de la misma autora, es otro relato que mantiene las mismas características. El personaje femenino como protagonista de una historia clínica llena de soledades, tristezas y temores. Aguilar presenta sus personajes muy angustiados, sometidos. Deseamos destacar dos de sus novelas más recientes por la relevancia de los roles femeninos:
La niña blanca y los pájaros sin pies, dentro de este contexto, de un momento histórico concreto, los quinientos años de la llegada de los españoles a nuestras tierras, aparece la novela de Rosario Aguilar La niña blanca y los pájaros sin pies, relato que pretende rescatar las voces de las mujeres invisibilizadas en la historiografía tradicional. La obra consta de doce secciones; seis relatan las historias de igual número de personajes femeninos, y los restantes constituyen el hilo conductor del relato, en el que la autora presenta a una escritora-periodista que acompaña a un español que viene a cubrir los acontecimientos electorales de 1990.
La obra está estructurada como una serie de escenas que recuerdan la técnica cinética. Estos cortes aparecen enlazados por el recurso o pretexto de la voz protagónica de la periodista que acompaña en su recorrido al extranjero que llega quinientos años después que lo hicieran sus coterráneos. El discurso narratológico tiene una focalización variable, ya que hay varios personajes que aportan la visualización del relato. En la mayoría de los casos, la focalización es externa, en tanto se ve a los personajes desde fuera.
Una de las características más interesantes de La niña blanca y los pájaros sin pies es la aparición de diversas heroínas, algunas de ellas, con referentes históricos concretos; estos personajes son introducidos en el mundo de la ficción con naturalidad; además, aparecen mezclados con personajes ficticios, lo que pone en el mismo nivel la novela y la historia. Estas mujeres entran en la novela de forma suave, sin efectos abruptos, y le imprimen al relato un efecto de realidad. Junto a Vasco Núñez de Balboa, Pedrarias Dávila, aparece María de Peñalosa. Al lado de Hernán Cortés, doña Luisa. Pedro de Alvarado y doña Beatriz de la Cueva. Son personajes históricos doña Ana y su padre el cacique Taugema, de los pueblos de Macatega y Tecolotega; la mujer de Pedrarias, Doña María, sus hijos e hijas, Históricos los personajes como el Rey Don Fernando, la Reina Doña Juana, el Emperador Don Carlos (V de Alemania, I de España) que aparecen como figuras irrisorias, encumbradas en un mundo lleno de intrigas palaciegas.
Mezclados con la ficción aparecen hechos históricos de la época de la conquista, recreados con habilidad: la fundación de la ciudad de León en 1524 por Hernández de Córdoba, la rivalidad entre Pedrarias y Vasco Núñez de Balboa, el asesinato del Obispo Valdivieso, en manos de los hermanos Contreras, el tráfico de indígenas hacia Perú, donde eran vendidos como esclavos: ¿Cuántos habían muerto en las travesías cuando se los llevaban al Perú para venderlos?; la conquista de México y Guatemala, la destrucción de Tenochtitlán, el exterminio de los indígenas.
Con esta novela, Rosario Aguilar se inserta en la narrativa histórica que parte de fuentes documentadas, pero retomadas con habilidad creadora. La autora emplea en forma reiterada las crónicas tanto de españoles como las indígenas. El texto narratológico está construido en una suerte de collage, en el que se yuxtaponen cartas, canciones, documentos históricos y textos litúrgicos en latín. Al mismo tiempo, los diferentes episodios imprimen al discurso un carácter cinematográfico, en tanto, las microhistorias tienen una estructura propia. La elección de personajes femeninos representa el deseo de la narradora de rescatar la figura femenina que la historia invisibiliza de manera sistemática.
La novela más reciente de Rosario Aguilar es, La promesante, (Premio Gabriela Mistral, 2001) se inscribe en la llamada novela de género, porque ofrece una visión de la mujer frente al mundo, con la problemática propia de la mujer. La historia de la novela se sintetiza como la de una muchacha (Cecilia) que viaja a Nueva York para vivir el llamado sueño americano, pero poco después de la fiesta de fin de año comienza a manifestar malestares que, después de realizarse las pruebas, revelan la presencia de sida. Lo demás será la angustia de esta joven mujer que ve ante sus ojos la inminencia de la muerte. Dos veces intenta suicidarse, primero se toma unos somníferos y en otra oportunidad intenta ahogarse en el lago. Finalmente saca la fuerza necesaria y decide someterse a un tratamiento experimental.
Uno de los aciertos de la narrativa de Rosario Aguilar es su capacidad para profundizar en la psicología de los personajes femeninos. La voz de Cecilia aparece a lo largo del relato, atormentada por la certidumbre de estar infectada por un virus mortal: ¿Cómo fue que nadie me previno de esta terrible epidemia? ¿Por qué nadie me previno? (Aguilar, 2001: 109), o dolida por la arbitrariedad del padre de separarla de Dagoberto, medida que reafirma el rol tradicional del padre que toma las decisiones por su hija: ¿Por qué me lo quitaste papá? ¿Por qué te inmiscuiste entre él y yo? ¿Por qué no me dejaste vivir mi propia historia de amor? ( Aguilar: 2001: 127).
Milagros Palma, antropóloga, filóloga, es una mujer que plasma sus experiencias investigativas en formatos narrativos que ponen en evidencia los roles de la mujer, marcados por la visión androcéntrica de nuestras sociedades. Después de publicar una serie de valiosos ensayos sobre los mitos en las mujeres, incursiona en la novela donde inserta sus estudios antropológicos, con creatividad y formas modernas. Por ejemplo Bodas de ceniza, (1992) hace de su personaje femenino el símbolo de las mujeres ultrajadas de nuestro medio. Las mujeres se casan jóvenes buscando un escape a esa situación y rápidamente se encuentran en una situación similar o peor. Don Chicho, el protagonista o antihéroes, es el prototipo del macho latino, preocupado por demostrar su virilidad por medio de la fuerza, de la violencia, así como por la cantidad de vástagos que es capaz de engendrar. Para garantizar su fecundidad, se alimenta con vísceras y otros afrodisíacos. Su ego se fortalece con cada hija o hijo que nace, mientras su esposa Felizia se deteriora por los efectos de una maternidad continua.
Don Chicho es furibundamente antifeminista, afirmaba que el deber de la mujer es parir y si muere en el parto no hace más que cumplir con su deber. Este pensamiento de la mujer como objeto de reproducción ha sido ampliamente desarrollada por Milagros Palma en sus trabajos: La mujer es puro cuento, El gusano y la fruta y El cóndor, dimensión mítica del Ave Sagrada. En estas obras la autora demuestra que este planteamiento es tan antiguo como las sociedades primigenias y ha sido transmitido y sustentado a través de los mitos de los pueblos.
La autora resalta el papel que la sociedad patriarcal le ha asignado a la mujer sacrificada, abnegada, servicial, dependiente del hombre y dedicada a parir y criar a sus hijos. Bodas de ceniza es un relato crudo que refleja la realidad tal como la viven nuestros pueblos. Palma deja a un lado el lenguaje florido para expresarnos de una forma directa hechos cotidianos con el lenguaje cotidiano del pueblo, porque su intención no es recrear estéticamente, sino golpear para despertar, golpear para propiciar un cambio de actitud. Es por eso que la idea de la violencia aparece repetitiva y machacona. Y es que la violencia hacia la mujer y los hijos es repetitiva, constante y antigua. Se remonta a la infancia de los juegos y es lo que Milagros Palma demuestra con el análisis del pensamiento mítico de las sociedades indígenas. Otras novelas de esta autora radicada en París son El pacto, 1996 y El obispo, 1998.
Otra narradora que publica en los noventa es Mercedes Gordillo autora, El cometa del fin del mundo, Premio Nacional Rubén Darío, 1993. Queremos ocuparnos de Una perfecta desconocida, (2002) entre otros libros de cuentos, refleja un abordaje más profundo de los personajes femeninos, la mayoría de clase media alta, que viven un mundo lleno de conflictos sicológicos. Tal es el caso de Delfina, muchacha por demás extraña, que desarrolla una relación patológica con su mascota: un gallo del que no se separa ni para dormir. Es un cuento que permite incursionar desde una perspectiva nueva y con el auxilio de la psicología moderna, obtener una lectura interesante de este extraño personaje, a quien la autora castiga con la muerte. El retrato de Adrián es otro de los cuentos de este libro, que describe a una viuda, que se entierra en vida, tras la muerte de su esposo. Una figura patética que vive en el pasado, enamorada de las fotografías del marido. Los personajes de Gordillo no transgreden los esquemas patriarcales, más bien los repiten y permanecen muy cómodas en sus espacios tradicionales.
La novela de género da respuesta a la necesidad de las mujeres de contar sus propias historias con voces femeninas. Según Julio Valle Castillo, los narradores carecen de capacidad de adentrarse en la psiquis femenina, de la forma como pueden hacerlo las mujeres. Por eso ellas alzan su voz, denuncian, reescriben, ofrecen nuevos rostros antes invisibilizados y nuevas miradas, ante la cual la mujer se yergue al lado del hombre, sin desafíos radicales, pero dispuestas a salir de sus encierros y ocupar los espacios que históricamente les fueron negados.
A la narrativa de género aún le falta más desarrollo y quizás las narradoras jóvenes ofrezcan nuevas propuestas que permitan visualizar la problemática de la mujer con una mirada más fresca, temas que aborden desde esa perspectiva la invisibilización que ha vivido la mujer nicaragüense y centroamericana.
