- La jinotegana Leda Zúniga trabaja en dos hospitales de prestigio
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Basta conversar con ella unos minutos para conocer su buena vibra. Transmite alegría y optimismo y es un ejemplo de cómo se triunfa, cuando se quiere algo con el alma, aunque eso signifique renunciación.
Se trata de la doctora Leda Zúniga Trujillo, una jinotegana de 41 años de edad radicada desde hace 15 años en Brasil.
Se especializó en Cirugía Plástica y Reconstructiva en Brasil y tiene Postgrado en Cirugía Crano-máxilo Facial y Medicina Estética. Esta última especialidad es muy demandada en Brasil, pues es el segundo país del mundo donde más se realizan procedimientos estéticos.
Forma parte del cuerpo clínico de dos importantes hospitales y participa en el desarrollo de un proyecto científico.
Posee su propia clínica de cirugía estética y recién fue distinguida como la mejor profesional de Brasil.
El periódico Estado de Minas, de Minas Gerais, distinguió a la doctora Zúniga como la mejor profesional del país en cirugía plástica. “Todos los años seleccionan a los mejores profesionales por varios criterios, porque son profesionales dedicados, porque aportaron a la sociedad”, comentó Zúniga.
“Fue impresionante recibirlo (el reconocimiento)… Fue bonito, me sentí emocionada porque rememoré mucho de Nicaragua, todas las dificultades que uno pasa como extranjero, colocarte en una sociedad extremamente cerrada, son todas las limitaciones que uno supera y gracias a Dios uno se consigue posicionar bien con honestidad, dignidad y con trabajo pionero”, comentó emocionada.
DESEOS DE CRECER
Zúniga estudió medicina general en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en León. “Luego tenía el deseo de crecer, hacer una especialización, salí con la cara y el coraje para tratar de hacer residencia, pero antes tenía que hacer un examen de admisión”, relató.
“Los hospitales en Belo Horizonte, que es la capital de Minas Gerais, hacen una selección de las especializaciones, el cupo de cada año es de tres para entrar a la residencia; yo vine hace 15 años, en marzo de 1993, y las pruebas fueron en noviembre de ese año. Todo ese período pasé una fase de adaptación, pasé el examen gracias a Dios y cerré la prueba con 100, estaba convencida de que pasaba o pasaba, no tenía otra alternativa”, relató.
En esta historia también hubo momentos tristes y difíciles: “Vine dispuesta a crecer, pasé muchas dificultades como todos los extranjeros pasan, con relación a estudios, vivienda, el apoyo que mis padres me dieron fue grande, pero este no es un país donde existe apoyo a los extranjeros, te haces sola… Tenía dificultades para recibir dinero y a veces ni para comer tenía, no tenía parientes aquí, no conocía a nadie, no hablaba portugués”.
“Es una renuncia que tienes que hacer, renuncias a tu país, a tus padres, consigues hacerte parte de esta sociedad, pero tu otra parte queda en aquel lugar; yo siento la falta de mis padres, me preocupo mucho por ellos, desearía que la familia estuviera unida, pero por circunstancias terribles que pasaron en Nicaragua tuve que salir porque quería crecer, pero me continúo sintiendo nicaragüense, comemos tortilla, tenemos pinolillo”, dijo.
Al irse a Brasil, Zúniga tomó la difícil decisión de dejar a su hijo (Edgar) de dos años: “Lo dejé para estudiar, tuve que venirme con mi maletita y con 300 dólares, me tragué las lágrimas, tenía que ver adelante no para atrás”.
Ahora, Edgar vive con ella en Brasil, ya tiene 18 años. “Mi hijo es queridísimo, educadísimo es de los mejores alumnos, está estudiando Relaciones Internacionales, es un ejemplo, es un latino maravilloso, mi otro hijo, Juan, tiene tres años”, comentó Zúniga.
VENDRÁ A NICARAGUA para ayudar
Desde hace cinco años la doctora Zúniga no viene a Nicaragua. “Estoy pensando ir y hacer un trabajo de filantropía, tú llegas a una etapa en que tú creces y ya comienzas a sentir la necesidad de que también tiene que ser vivido con las personas que necesitan de ti”, explicó.
“En Belo Horizonte, por el hecho de ser cristiana, participo mucho de acciones en trabajos sociales, con las mujeres; tenemos la expectativa de hacer fundaciones infantiles, en Nicaragua, queremos pasar todo esto que en cierta forma existe aquí, hacer trabajo con mujeres… Proyectar todo ese conocimiento y aplicarlo allá también”, declaró.
“Nicaragua es un país maravilloso, desgraciadamente mal administrado pero vamos a esperar en el Señor, la semilla tiene que ser lanzada para germinar en suelo fértil y pienso que en algunos años eso va a cambiar, con la nueva generación”, concluyó.
