- Productores en contra de política fiscal del Gobierno
Centenares de cortes de ruta en Argentina mostraban ayer miércoles un recrudecimiento en la huelga de agricultores que entró en su séptimo día y planea extenderse otra semana en desafío a la política fiscal del Gobierno, según los huelguistas.
La protesta puede provocar un desabastecimiento de carne, dijo Ulises Forte, dirigente de la Federación Agraria Argentina (FAA), que nuclea a unos 100,000 pequeños agricultores.
“Sin el campo no hay futuro”, rezaba una bandera que colgaba de una moderna cosechadora al frente de una caravana de unos cuatro kilómetros de tractores y camionetas de agricultores en huelga contra el aumento de impuestos, que bloquearon una estratégica ruta de la pampa húmeda argentina.
Centenares de hombres y mujeres de campo, en su mayoría pequeños y medianos productores, cortaron la carretera 9, a unos 150 km al noroeste de Buenos Aires, cerca de la localidad de San Pedro, donde se realizó la mayor manifestación de la jornada.
Los agricultores prendieron fuego a un tractor y extendieron sus carteles de protesta en esta zona de plantaciones de soya, el cultivo estrella en Argentina, sobre el cual el Gobierno elevó el tributo a las exportaciones del 35 al 44 por ciento del valor del grano.
El aumento impositivo caldeó los ánimos de los agricultores, que cumplían ayer miércoles una semana de huelga nacional sin comercializar granos ni carnes en el mercado mayorista, con amenaza de desabastecimiento en la víspera de los feriados de Semana Santa.
“Están matando a la gallina de los huevos de oro. Vamos a seguir la huelga hasta las últimas consecuencias”, dijo a la AFP Marisa Idróggino, una mujer de 37 años que junto a su marido cultiva soja, maíz y trigo en un campo de 90 hectáreas, que heredó de su suegro.
Idróggino llegó al acto de protesta junto a una decena de mujeres de Pérez Millán, una localidad cercana, en la que el aumento de impuestos a las ventas externas de granos anunciado por el Gobierno de Cristina Kirchner, cayó como una bomba en el tranquilo vecindario de pequeñas haciendas.
“Es la primera vez que participo de una protesta del campo y estoy orgullosa y emocionada. La presidenta Kirchner no nos da ‘bolilla’ (no escucha)”, afirmaba Sandra Ribas, enfundada en unos pantalones ‘gauchos’, sin dejar de hacer cálculos de los efectos del alza impositiva sobre sus ganancias.
Ribas, de 43 años, produce soja en las 320 hectáreas que alquila en el noroeste de Buenos Aires, pero paga al dueño de la tierra con la mitad de lo que produce y el resto “alcanza para comprar insumos, fertilizantes y pagar salarios”.
“Con el aumento de impuestos no nos queda resto (de ganancia)”, afirma Ribas indignada.
A bordo de uno de los tractores que desfilaban en la protesta, Carlos Cuenca, con boina y ropa gastada por el trabajo en el campo dice que se sumó a la protesta “para dar una mano a los productores rurales”.
“Vivo en el campo desde que nací, y trabajo aquí. La huelga me parece bien, los productores tienen que resistir”, afirmó Cuenca, un obrero rural de 31 años, con un salario que ronda los 1,500 pesos mensuales (471 dólares).
