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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Los nuevos negocios inverosímiles

El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal calificó como “inverosímiles” —por lo absurdos y descarados que eran— , los negocios corruptos públicos y privados al amparo del poder político, que se hacían en el gobierno del general Anastasio Somoza Debayle, después del terremoto de 1972, cuando se perdió por completo el decoro oficial y la dictadura somocista sumió al país en una gran inseguridad jurídica y en un sórdido ambiente de corrupción institucional.

Algunos de aquellos negocios inverosímiles fueron, por ejemplo, el tráfico de tierras para construir repartos destinados a la construcción de viviendas para los damnificados por el terremoto del 23 de diciembre de 1972, el “Paquete España” —como se le llamó a la adquisición irregular de un equipo de camiones españoles para las supuestas obras de reconstrucción de Managua—, la construcción de un aeropuerto en la hacienda Montelimar que era propiedad particular de los Somoza, el comercio con las libres introducciones de vehículos de lujo, el oprobioso tráfico con sangre humana por medio de la empresa Plasmaféresis, etc., etc.

El eco de aquellos negocios inverosímiles del somocismo se escucha hora en el nuevo gobierno sandinista de Daniel Ortega, que se supone debería ser la antítesis de Somoza y el somocismo pero es en realidad la otra cara de la misma moneda, es decir, de un sistema de gobierno autoritario, caudillista y corrupto, con la única diferencia de que aquél era de derecha y éste es de izquierda.

Nos referimos a los turbios y escandalosos negocios particulares y gubernamentales que ocupan a diario los espacios principales en los medios de comunicación, como la extorsión en el negocio de las tierras costeras de Tola, la frustrada —por irregular— negociación Kamuzi para la adquisición de energía eléctrica a precio mucho más alto que los del mercado, el opaco manejo de la cooperación venezolana que ni siquiera la mayoría opositora de la Asamblea Nacional ha podido o no ha querido conocer y controlar, la supuesta línea aérea de “bandera nacional” que misteriosos inversionistas nicaragüenses están estableciendo en asociación con una incierta empresa española, o la inexplicable solicitud de adquisición directa de repuestos para las plantas eléctricas donadas por Hugo Chávez.

El ideal de redención social, la mística revolucionaria y el espíritu de solidaridad que inspiraron y alzaron a la lucha a los fundadores y a muchos antiguos combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), quienes dieron su vida por esa causa, se han estrellado contra la codicia, la falta de escrúpulos y el materialismo vulgar de posteriores dirigentes y militantes sandinistas, que se quitaron la careta de antagonistas irreconciliables del somocismo y mostraron que tan sólo eran su “otro yo”. Al parecer, el verdadero “principio” de estos antiguos revolucionarios era el de “quítate tú para ponerme yo en tu lugar y hacer lo mismo”. Y en consecuencia devinieron en una nueva clase rica y privilegiada, en la codiciosa sandiburguesía o sandioligarquía que manda ahora en Nicaragua.

Pero esto no es nuevo, por supuesto. Lo cierto es que esa desviación se incubó desde la toma del poder en julio de 1979 y se desarrolló desenfrenadamente cuando tuvieron que entregarlo —en parte— en 1990. Por eso fue que el poeta Pablo Antonio Cuadra Cardenal escribió, en su columna de LA PRENSA Escrito a Máquina, el martes 9 de septiembre de 1997, que: “Ese partido (el FSLN), que no cesa de llamarse revolucionario, culminó su redención del pobre con una piñata de millonarios”.

Y tampoco se crea que esa penosa transformación del FSLN, de una asociación de jóvenes idealistas que luchaban por una sociedad en la que imperaran la justicia y la igualdad social, a un grupo de individuos más codiciosos y desalmados que los antiguos capitalistas del sistema que el Papa León XIII calificó como capitalismo salvaje, es un caso estrictamente nicaragüense. En realidad esa transformación del combatiente revolucionario en lobo codicioso y corrupto es un fenómeno mundial. Como dijera el insigne luchador contra el comunismo polaco y ex presidente democrático de Polonia, Lech Walesa: “Conocemos de muchas revoluciones, grandes revoluciones hechas por gente magnífica, quienes, una vez tomado el poder, produjeron sistemas peores que los que ellos destruyeron”.

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