El señor Miguel D´Escoto Brockmann, quien fuera Ministro del Exterior de Nicaragua durante la dictadura del FSLN de 1979 a 1990 y en la actualidad es asesor en política internacional del presidente Daniel Ortega, está propuesto para presidir la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en su 63º período de sesiones que tendrá lugar este año a partir del mes de septiembre.
De hecho el señor D´Escoto ya está asegurado para desempeñar dicho cargo — el cual tiene duración de un año—, pues cuenta con el apoyo del Grulac o sea el grupo de gobiernos de América Latina y el Caribe en la ONU, que es la región a la que corresponde este año presidir la Asamblea General de conformidad con el sistema de rotación que se aplica para escogerlo anualmente. Y como ningún otro gobierno latinoamericano y caribeño presentó candidato para dicho cargo, hay que dar por descontado que el sandinista D´Escoto Brockmann será el presidente de la 63ª Asamblea General de Naciones Unidas que debe celebrarse este año.
Es comprensible que Daniel Ortega quiera que su ex canciller de los años ochenta presida la Asamblea General de la ONU. Se trata de un viejo cuadro del FSLN y fiel servidor del presidente sandinista, Daniel Ortega Saavedra. Pero el hecho de que Miguel D` Escoto sea un buen cuadro del partido sandinista y hombre de confianza del gobierno orteguista, no significa que sea un digno representante del pueblo nicaragüense.
En realidad, D´Escoto presidirá este año la Asamblea General de la ONU, no en nombre de la nación de Nicaragua sino como representante de su presidente, Daniel Ortega, y de su partido, el FSLN, con la complacencia de los gobernantes de América Latina y el Caribe y el consentimiento de las otras regiones del mundo. La verdad es que si en las relaciones internacionales hubiese el debido decoro, los gobernantes del Grulac y de las otras regiones del mundo no escogerían ni aceptarían a una persona como Miguel D´Escoto Brockmann para presidente de la Asamblea General de la ONU. ¿Acaso puede tener méritos para desempeñar ese cargo quien fue canciller de un régimen totalitario que arrasó las libertades y los derechos humanos de los nicaragüenses, que exportó su revolución armada a los países vecinos y condujo a la nación a una sangrienta guerra civil, de la cual hasta hoy no se ha podido reponer, porque el mismo partido del señor D´Escoto no le permite recuperarse? ¿Acaso ignora la comunidad democrática internacional que en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), hay una grave acusación contra altos personeros del régimen sandinista del que el señor Miguel D`Escoto fue canciller, por los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en el año 1983 durante la llamada “Navidad Roja”, cuando según la denuncia fueron asesinados centenares de indígenas miskitos en la Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua?
El señor Miguel D´Escoto Brockmann ha sido y sigue siendo enemigo declarado de la democracia y la libertad, sobre todo de la libertad de expresión y de prensa que es la madre ycondición de todas las demás libertades. Apenas hace 10 meses, Miguel D´Escoto Brockmann se lamentó porque durante el régimen sandinista de los años ochenta, del cual él fue canciller, no había pena de muerte para aplicársela a los periodistas de LA PRENSA. En efecto, en una entrevista que fue transmitida por uno de los canales oficialistas de televisión, el 9 de junio del año pasado, D´Escoto dijo textualmente —tal como fue reportado en aquella ocasión por LA PRENSA y El Nuevo Diario—, que “si en Nicaragua existiera una tipificación del delito de alta traición a la patria, lo cual no existe y si en Nicaragua existiera además la pena de muerte, en Estados Unidos existe la tipificación del delito de alta traición y también existe la pena de muerte por inyecciones letales, sillas eléctricas o cámara de gas, si en Nicaragua hubiera eso, todos los de La Prensa se hubieran ido al otro mundo hace mucho tiempo”.
A esta persona que tiene semejante odio e impulsos totalitarios, los gobernantes de los países del Grulac la están proponiendo para presidir este año la Asamblea General de la ONU, propuesta que seguramente será aceptada por todos los demás miembros de este organismo mundial. Esto es algo que debería darles vergüenza, porque es una ofensa a la mayor parte de la población nicaragüense y a la memoria de las miles de víctimas del totalitarismo sandinista de los años ochenta.