- Columna del miércoles 3 de abril de 2002
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Pues sí señor, parece que mi última columna le dio escozor a varias personas… porque hoy mi correo tiene varios mensajes donde puedo leer desde elogios a reclamos apasionados. Para no pecar de provinciana publicando las cartas donde los lectores y lectoras me felicitan, les voy acomentar mejor un mensaje de José Sánchez quien me reclama fuertemente al decirme:
“Puedo apreciar que los eventos deportivos no son privilegiados de su atencion, de otro modo no escribiria semejantes disparates. Usted no puede entender la enorme pasión que se enciende en cada uno de los aficionados del soccer, béisbol, basket y otros deportes cuando su equipo favorito esta en escena. Es un sentimiento indescriptible que nos induce a expresar nuestra emocion de forma dramatica. No se puede evitar mencionar plabras como “zapatazo” cuando la adrenalina invade nuestro ser. Ademas, cual es lo malo en todo esto, al fin y al cabo no podemos esconder nuestra emocion solo para quedar bien con otras personas, incluyendola a usted.
Si no entiende acerca de la pasión del deporte no escriba acerca de esta. Solo los fanaticos que viven esta pasión saben lo que es el deporte. Le aseguro que nadie que viva esta pasión tratara de evitar palabras distorcionadas para no alterar la lengua española. El idioma sencillamente pasa a segundo plano.”
(He mantenido los errores ortográficos del original para que saquen sus propias conclusiones)
Primero que todo deseo aclararle a José Sánchez que soy amante de los deportes y disfruto del béisbol, el fútbol y el boxeo, le hago saber que provengo de un hogar donde el deporte es pasión y alimento espiritual de todos, a tal punto que mi madre siempre prefería ver eventos deportivos que las nocivas telenovelas; yo incluso he practicado diferentes disciplinas… pero precisamente lo que nos diferencia a nosotros los seres humanos es poseer el pensamiento, la forma de la materia altamente organizada que nos permite el raciocinio, y nos distingue del resto de los animales.
Si fuéramos a justificar con esos argumentos las cosas indebidas creo que usted estaría de acuerdo con algunos sucesos lamentables que se han vivido como resultado del frenesí deportivo, tales como lo que sucedió una vez en el estadio de Masaya en un partido de béisbol, o para no ir más lejos cuando asesinaron a un deportista solo porque cometió un error en la cancha. No, no hay justificación para ninguna de esas acciones y tampoco las hay para destrozar nuestra lengua que es parte de nuestra identidad, de nuestra idiosincrasia.
Y claro que no es para complacerme a mí, simple y anónima columnista que pretende defender su lengua materna. La crónica deportiva está en la obligación de hablar y escribir bien, y yo admiro y felicito a quienes en Nicaragua lo realizan con profesionalismo, pero si critico e insto a que reflexionen sobre el tema para que no siga habiendo personas que piensen igual que usted… sino al cabo de unos años andaremos todos viviendo en una cueva, con un mazo en la mano y emitiendo sonidos guturales.