- Columna del viernes 16 de octubre de 2001
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Ya pasaron las elecciones y sólo quedan vestigios de las innumerables propagandas que inundaron campos y ciudades en un arcoiris donde predominaban colores de todo tipo, pero con más bríos los rojos y el rosa chicha que llegaron hasta a maltratar algunos escuálidos árboles de la capital.
Como en toda lid electoral hubo ganadores y perdedores y por ende rostros tristes, en contraste con la alegría de otros. Lo mejor de todo fue que se está avanzando en madurez política y los que perdieron aceptaron con mucha hidalguía su derrota. Son buenos augurios.
Por su parte, los que ganaron empiezan a mostrarse más magnánimos que sus antecesores, en realidad dicen que “escobita nueva, barre bien”.
Y es a propósito de las elecciones que hoy les hablaré sobre la historia de la palabra “ganar” que según se registra en el diccionario etimológico de corominas, este vocablo procede probablemente del verbo “gót” que significa “codiciar” y es familia del escandinavo antiguo “gana” que quiere decir “abrirse la boca, desear con avidez, mirar con ansia”. De ahí entonces procede el castellano “gana”, pero lo que sucede es que el significado de este verbo evolucionó bajo el influjo de otro verbo romance “gardagnare” (procedente del germano “waidanjan” que quiere decir “cosechar”, “ganar”) de donde resultó por cruce con el portugués moderno “ghanar”, que es lo más cercano a nuestra palabra actual.
Y fíjense que de esta palabra se derivan otras que ustedes ni se imaginan, como es ganado “conjunto de bestias mansas que sea apacientan” y que primitivamente era “ganancia, bienes” donde se especializó el significado castellano por la importancia de la riqueza pecuaria en la economía primitiva. De ahí también surgieron después vocablos como ganadero, ganadería y ganancia y otros como ganapán.
Esta es en pocas palabras la historia del verbo ganar y que en sus más remotos orígenes tiene mucho que ver con codiciar, desear algo con mucha vehemencia.