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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Los errores de ¿cómo dice que dijo?

Columna del miércoles 5 de junio de 2002 Después de varias semanas ausentes, debido al fallecimiento de mi madre regreso a conversar con todas las personas que aman y defienden el idioma español. Debido a circunstancias familiares tuve que viajar a Cuba y allí pude leer una pequeña sección idiomática que sale diariamente en el […]

  • Columna del miércoles 5 de junio de 2002

Después de varias semanas ausentes, debido al fallecimiento de mi madre regreso a conversar con todas las personas que aman y defienden el idioma español.

Debido a circunstancias familiares tuve que viajar a Cuba y allí pude leer una pequeña sección idiomática que sale diariamente en el periódico Granma donde una especialista aclara usos inadecuados, critica y señala errores, etc. Labor que me parece muy encomiable dado que en Cuba hay también muchas personas que pisotean nuestra lengua materna.

De ahí, que pese a mi estado de tristeza ante la experiencia vivida en este Mes de las Madres, retorno a la liza con mi adarga al brazo y vuelvo a cabalgar por La Mancha.

Quiero hacer un comentario breve sobre el libro de Onofre Guevara, quien también es un adalid en esta batalla contra los gazapos, sin embargo, qué lástima y la culpa se la atribuyo a quien le editó el texto y no tuvo el cuidado suficiente para evitar la cantidad de errores que aparecen en el libro que critica eso mismo.

Mi compañera de labores sólo por hobby, una tarde estuvo haciendo marcas a los dislates y obtuvo un buen récord. Con esto quiero decir que el trabajo de corrección y edición de textos es una labor delicada y las personas que deseen realizarla no sólo deben poseer una buena ortografía y redacción, sino saber detectar esos pequeños detalles que le destruyen el prestigio a cualquiera.

Yo también he vivido esas experiencias, una vez corregimos a cuatro manos un manual de estilo, y primero una correctora revisó todo y atrás vino la otra y corrigió lo hecho, más tarde un editor y otros ojos más revisaron al derecho y al revés el famoso libro y al final de tantos desvelos, nos salió una errata en la página de los créditos.

¡Qué vergüenza! Pero la labor de crear un libro requiere paciencia y talento. Para terminar les hablaré de dos palabras que he escuchado mal empleadas la semana pasada. Me refiero a enervar que significa debilitar, quitar las fuerzas, por lo tanto es incorrecto emplearlo con el significado de irritar, alterar o poner nervioso. Por ello no digan que “el tiroteo enervó a los pobladores” porque en realidad no creo que eso suceda.

El otro caso es ostentar, que quiere decir mostrar o hacer patente una cosa o hacer gala de algo, alardear. Por ello se debe decir que alguien desempeña la presidencia del partido, si alude a la función que realiza, aunque en todo caso este verbo muy bien podría atribuírsele a muchos que han tenido cargos en la historia de la humanidad para alardear de ello y no para servir al pueblo. ¿No les parece muy cercana esta afirmación?

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