El resultado de la primera encuesta de la firma M&R Consultores, sobre la intención de voto en la elección municipal de Managua del próximo noviembre, ha confirmado las previsiones de los principales comentaristas políticos del país. Es decir, que sólo las fuerzas liberales unidas pueden derrotar al Frente Sandinista.
En realidad, son muy significativos los datos de la primera encuesta sobre intención de voto, que fue realizada entre el 25 y el 29 de marzo recién pasado y cuyos resultados fueron publicados en la edición de ayer de LA PRENSA. Cuando faltan más de cinco meses para que comience oficialmente la campaña electoral municipal —que arranca el 18 de septiembre próximo—, hay 31.1 por ciento de intención de voto para el candidato liberal, Eduardo Montealegre; el mismo 31.1 por ciento para el candidato del Frente Sandinista, Alexis Argüello; 30.1 por ciento de voto indefinido u oculto; y 5.7 por ciento distribuido entre los otros cuatro candidatos.
Como siempre ocurre en estos casos, el voto oculto se irá definiendo a medida que avance la campaña electoral, sobre todo en la recta final y en el momento de las votaciones. Pero según el gerente de M&R Consultores, Raúl Obregón, este voto oculto “tiende a identificarse con los candidatos que no son del FSLN, por lo que este porcentaje inclinaría la balanza hacia uno u otro de los candidatos, con más oportunidad para Montealegre, debido a que difícilmente también el voto (ahora oculto) se inclinaría hacia los candidatos de derecha que no figuran con fuerza en este arranque”.
Ciertamente, el resultado de esta primera encuesta de M&R sobre intención de voto demuestra dos cuestiones fundamentales: primero, que persiste la vocación bipartidista de la sociedad nicaragüense; y segundo, que hay conciencia en la mayor parte de los ciudadanos, del grave peligro de restauración de la dictadura de Daniel Ortega y el FSLN y de que la única manera de impedirlo es unir el voto para derrotar al orteguismo en las urnas electorales.
A nuestro juicio, dos de las cuatro propuestas electorales minoritarias, aparte de sus promesas particulares para resolver los diversos problemas de la comuna capitalina, tienen un claro y sano interés en salvaguardar la democracia. Ellos saben que si los Ortega-Murillo ganaran las elecciones municipales de noviembre en Managua, y si el FSLN triunfara en la mayoría de los municipios del país, el proyecto orteguista de restaurar la dictadura se fortalecería y relanzaría con mayor ímpetu. Además, es justo el rechazo al pactismo y la corrupción que el MRS y el Partido Conservador le dan como sentido fundamental a su propuesta política. Pero el deseo de salvaguardar la democracia y derrotar al orteguismo no es suficiente para lograr ese objetivo. Para alcanzarlo hace falta una buena estrategia, una extendida y eficaz organización y una gran fuerza material y social.
En las muchas definiciones muy conocidas y correctas de la política, como la de que es arte de lo posible, la ciencia y arte de gobernar, conducta coherente en torno a un asunto determinado, participación consciente en la vida pública, etc., —la política— es también y ante todo un problema de fuerza y combinación de recursos y habilidades . Dicho con otras palabras, no basta con tener claridad de objetivos y buenos propósitos. También hay que contar con suficientes recursos materiales, una buena maquinaria política y una gran fuerza social que permitan derrotar al adversario y obtener la victoria.
Al pactismo y la corrupción se les debe combatir y se les puede derrotar, enfrentándolos desde fuera y desde dentro, y lo mejor sería combinar ambos esfuerzos, es decir los internos y los externos. Aun dentro del PLC hay un movimiento antipacto, que lidera el diputado Enrique Quiñónez, candidato a la Vicealcaldía de Managua por ese partido. Además, la presencia del movimiento liberal Vamos con Eduardo en la alianza con el PLC, encabezando la principal candidatura de todas las elecciones municipales como es la de Managua, permite juntar dos fuerzas liberales que tienen mucha más posibilidad de neutralizar y derrotar el pactismo compulsivo de Arnoldo Alemán, que las pequeñas agrupaciones que lo atacan desde fuera. En todo caso, el enemigo principal es el orteguismo, cuya pretensión de restaurar la dictadura que podría lograr más fácilmente si lograra imponerse en las elecciones de noviembre. De manera que es contra el orteguismo que se debe concentrar todas las fuerzas.