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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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El país está peor y sigue empeorando

Los dos principales índices que permiten determinar y apreciar la situación económica y social en que se encuentran el país y su población, así como el grado de responsabilidad, capacidad y eficiencia del Gobierno, son los de inflación y ejecución presupuestaria. Y éstos en la actualidad no podrían ser más sombríos, negativos y desalentadores.

Según datos del Banco Central de Nicaragua que fueron reportados internacionalmente por la agencia de noticias ACAN/EFE, y reproducidos por LA PRENSA en su edición del 15 de abril corriente, el país “cerró el primer trimestre del año con una inflación acumulada de 5.01 por ciento, casi tres veces superior al 1.79 que se registró en el mismo período del 2007”. O sea que en materia de carestía de la vida y estancamiento salarial, que es el peor flagelo que sufre la población del país, la situación está ahora peor que el año pasado, que a su vez también había empeorado con relación a todos los años anteriores, los años de los gobiernos democráticos que son tan vilipendiados por el discurso oficial sandinista.

Realmente, para darse cuenta de que la situación en que se encuentra la gran mayoría de los nicaragüenses es ahora peor que el año pasado y todos los 16 ó 17 años anteriores, sólo hay que hacer cálculos de los ingresos y gastos quincenales o mensuales de cada quien, y basta con preguntarle a cualquier persona que no pertenezca a la nueva clase gobernante, a la alta burocracia gubernamental y al liderazgo de los CPC: Y usted, ¿en qué situación se encuentra ahora?, ¿está mejor o peor que antes?

Del aumento de la inflación se culpa al alto precio internacional del petróleo, al encarecimiento de los alimentos por la generación de energía alternativa; a la recesión económica que hay en Estados Unidos por la guerra en Irak y la crisis de las hipotecas; etc. Pero cualquiera que sea la explicación que se dé al aumento de la inflación, el hecho inobjetable es que la gente está peor y sigue empeorando.

Sin duda que los factores internacionales influyen tanto de manera negativa como positiva en la situación económica y social de todos los países, sobre todo de los dependientes como Nicaragua. Pero lo determinante en todo caso es el tipo de gobierno de cada país, su orientación acertada o errónea, sus políticas sensatas o aventureras, su transparencia o corrupción, su eficiencia o su incapacidad administrativa.

Esto último se mide por el índice de ejecución presupuestaria del Gobierno. Al respecto, en la edición del domingo 20 de abril de este Diario se publicó un reportaje titulado Inversión oficial no arranca, en el cual se dio a conocer que en el primer trimestre de este año el Gobierno apenas ejecutó 12.98 por ciento de gastos de capital del Presupuesto General de la República, pero a estas alturas la ejecución debería ser del 25 por ciento. La ejecución presupuestaria general, o sea sumando el gasto de capital con el corriente, es de 21.62 por ciento, inferior a la del mismo período durante el año pasado cuando se había ejecutado el 22.83 por ciento del Presupuesto. Sin embargo, en esta suma de ejecución presupuestaria se incluye el gasto corriente, es decir, el pago de salarios y toda la parafernalia burocrática del Gobierno, incluyendo los derroches de flores y fantasías en la casa de la Presidencia de la República que al mismo tiempo es la sede del FSLN y residencia del presidente Daniel Ortega.

De manera que el índice de ejecución presupuestaria en el primer trimestre de 2008, deja a la vista la ineptitud administrativa y operativa de este Gobierno, el cual vino a poner fin a la expansión económica que de manera lenta pero segura se venía logrando en el país y favoreciendo a la población en general. Cabe señalar que la ayuda petrolera de Venezuela al menos debió neutralizar el impacto negativo del aumento en el precio internacional del petróleo en la economía nacional y la situación de los nicaragüenses, pero no ha sido así porque los recursos derivados de esa ayuda sólo han servido para aumentar el enriquecimiento de la nueva burguesía sandinista que está desgobernando el país.

Lo único que hace bien este Gobierno es el mal. En ese sentido es impresionante su vocación de ejercer el poder a base de cultivar antagonismos y pelear con enemigos internos y exteriores prefabricados e inventados. En gran medida a eso se debe la mala situación de Nicaragua y todo indica que peor será en los próximos cuatro años, o más si acaso Daniel Ortega lograra quedarse por tiempo indefinido en el poder.

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