LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Ciudadanos y masas, democracia y caudillismo

La escasa participación ciudadana en las protestas que se realizaron el miércoles de la semana pasada, en Bilwi y Managua, contra la arbitraria postergación de las elecciones en tres municipios de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), decepcionó y hasta deprimió a algunas personas que hacen opinión democrática en programas de radio y televisión, según lo expresaron ellas mismas. La decepción fue mayor en el caso del plantón que se hizo en Managua, frente a la sede del Consejo Supremo Electoral, convocado por el Movimiento por Nicaragua (MpN) y al cual se le acusó, a nuestro juicio de manera injusta, de inercia y falta de capacidad de convocatoria.

Pero también hay quienes se deprimen y se decepcionan porque la gente no se lanza masivamente a las calles a protestar por el encarecimiento del costo de la vida, por el aumento continuo del precio de los combustibles a pesar de la “ayuda” petrolera de Hugo Chávez, contra los despidos arbitrarios en el Estado, contra las sistemáticas violaciones del presidente Daniel Ortega a la legalidad, a los derechos constitucionales y a las reglas de la convivencia democrática y pacífica, etc., etc.

Se dice que por problemas mucho menos importantes que ésos, incluso sólo para sabotear a los gobiernos democráticos, las masas sandinistas abarrotaban las plazas, cerraban calles y carreteras, levantaban barricadas, asaltaban edificios públicos y se enfrentaban a la Policía muchas veces con alarde y exceso de violencia. Pero la gente democrática, que electoralmente y según las encuestas constituye la mayoría de la población nacional, permanece impasible ante las arbitrariedades y los problemas sociales y económicos, que son reales y cada vez más graves. Sólo unas cuantas personas se movilizan de vez en cuando y claman contra la arbitrariedad, en defensa de la libertad y la democracia, que están gravemente amenazadas por Daniel Ortega.

Lo que pasa es que no se aprende de la historia y al parecer no se entienden muy bien los mecanismos que regulan la mentalidad y la conducta democrática, que son completamente distintos a los que regulan el comportamiento totalitario. Eso es lo que explica que las mismas quejas y desilusiones que se escuchan ahora, por la nula o escasa participación de la gente en la lucha social y política democrática, las hubo durante casi todo el tiempo del somocismo, hasta que la gente agotó su paciencia y se alzó masivamente contra la dictadura y la derrumbó. Y lo mismo ocurrió durante la dictadura sandinista de 1979 a 1990.

En realidad, la democracia se basa en la adhesión de la mayoría de la población, pero no en el sentido de masas amorfas sino de ciudadanos conscientes, de personas individuales que actúan de manera racional, libre y voluntaria. Distinto es el caso del totalitarismo, que se mantiene en movilización permanente y se apoya en masas disciplinadas y organizadas de manera cuartelaria, ideológicamente fanatizadas y mentalmente embobadas por caudillos, comandantes o “compañeros” endiosados, cuya voluntad es ley y su palabra se acata de manera incondicional.

Se dice con toda razón, que la única rebelión que la democracia reconoce es la de las urnas, que sus armas son los derechos y libertades, que sus balas son los votos que depositan los ciudadanos en las urnas electorales y que sus manifestaciones de masas son las filas de ciudadanos que esperan turno para votar. Los militantes de los partidos democráticos se dedican a tiempo completo a la política, pero las personas demócratas carecen de tiempo para andar en manifestaciones callejeras y además no tienen ningún interés particular en eso. Incluso en tiempos electorales, es una parte minoritaria de los ciudadanos la que participa en las manifestaciones callejeras, convocadas por los partidos políticos para respaldar a sus candidatos. De manera que sólo en casos muy especiales es que fuera de las temporadas electorales la gente democrática se lanza a la calle.

Por eso mismo los dirigentes demócratas son diferentes a los caudillos populistas, autoritarios y totalitarios. El liderazgo democrático se forma a base de trabajo, organización, estrategia y proyectos de interés social. Pero sobre todo se forma con el buen ejemplo del líder democrático, de su dedicación al servicio público, su sentido de justicia, su respeto a la discrepancia y su tolerancia a las ideas de los demás, y de su defensa de los principios y valores de la libertad y la democracia. Valores y principios que, no hay que olvidarlo, son inherentes al individuo, a la dignidad humana y los derechos de cada persona en particular.

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