LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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La diputación de don Enrique

El diputado por el PLC, Wilfredo Navarro, quien adicionalmente desempeña la función de Primer Secretario de la Asamblea Nacional, declaró que el ex presidente Enrique Bolaños “ya perdió su escaño por no integrarse al trabajo parlamentario en los últimos quince meses”. A lo cual Bolaños replicó “que no ha ocupado su escaño parlamentario en cumplimiento al juramento que se hizo a sí mismo y a Nicaragua, cuando entregó la banda presidencial a su sucesor, de no participar más en política”, tal como informó en su edición de ayer el Diario LA PRENSA.

El ex presidente Bolaños opinó que “lo más sano para el país es que los ex presidentes se vayan a sus casas. Doña Violeta (de Chamorro) se fue a su casa y la dejan tranquila, en paz; yo prometí eso por Nicaragua, algún día van a reconocer que hice lo correcto”, dijo don Enrique, y agregó: “Nicaragua estaría mejor si cada uno de los ex presidentes que ya concluyeron sus mandatos, como es el caso de Daniel Ortega, quien fue reelegido en el 2006, o su antecesor Arnoldo Alemán, se retirasen de la política”. Y concluyó expresando que eso es por “el afán de estar encajados en el poder, a la orilla del poder, a la orilla del mando, toda la vida”.

Tiene razón don Enrique. Él no tiene por qué ocupar un cargo de representación popular para el cual no ha sido elegido por el voto popular directo. Además, la asignación del escaño parlamentario a la persona que fue Presidente de Nicaragua en el período anterior, fue una zanganada de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, quienes pactaron eso para encubrir sus objetivos de seguir “encajados en el poder, a la orilla del poder… toda la vida”, como dice don Enrique.

La Constitución de Nicaragua establece en su artículo 133, que aparte de los 90 diputados elegidos directamente por los ciudadanos mediante votación popular: “También forman parte de la Asamblea Nacional como diputados, Propietario y Suplente respectivamente, el Ex Presidente de la República y Ex Vicepresidente electos por el voto popular directo en el período inmediato anterior, y, como diputados, Propietario y Suplente los candidatos a Presidente y Vicepresidente de la República que participaron en la elección correspondiente, y hubiesen obtenido el segundo lugar”. Al respecto cabe recordar que la “diputación regalada” para los candidatos a Presidente y Vicepresidente que quedaron en segundo lugar de la elección correspondiente, fue establecida en la Constitución sandinista de 1987. Y la “diputación regalada” de propietario y suplente para el ex Presidente y el ex Vicepresidente de la República, se incluyó en la reforma constitucional del año 2000 que pactaron Arnoldo Alemán y Daniel Ortega con el propósito de permanecer aferrados al poder político, lucrándose del erario nicaragüense.

Arnoldo Alemán quería seguir en el poder cuando dejara de ser Presidente de Nicaragua, pero no podía aspirar a la reelección inmediata porque la Constitución la prohibía y la prohíbe hasta ahora. Por su parte, Daniel Ortega quería volver a ser Presidente y para eso necesitaba que se bajara el porcentaje de votos que es necesario para ganar la elección presidencial, al 35 por ciento, puesto que el 45 por ciento que estaba establecido anteriormente nunca lo podría remontar. Ese fue el aspecto medular del pacto libero-sandinista de 1999: por un lado la diputación regalada para Arnoldo Alemán, a fin de que éste pudiera asumir la presidencia de la Asamblea Nacional y desde allí seguir gobernando, pues pensaba que podría convertir al presidente Enrique Bolaños en su monigote; y por otra parte, bajar hasta el 35 por ciento el porcentaje de votos necesarios para ser elegido Presidente de Nicaragua, a fin de que Daniel Ortega pudiera ganar la elección presidencial.

Fue un pacto tan espurio como corrupto y perverso. De manera que el escaño de diputado que se creó por medio de aquel aborto de la democracia y de la decencia política, no podría ser ocupado por una persona digna, que se respeta a sí misma y respeta a los demás, aunque a veces, como ocurrió hace dos semanas, se necesite imperiosamente un solo voto para aprobar un proyecto o tema democrático. La población democrática de Nicaragua eligió a suficientes diputados (53) para tener la mayoría parlamentaria. De manera que don Enrique no tiene por qué ir a llenar el vacío que dejan algunos diputados “democráticos” que traicionan su mandato popular, se venden al mejor postor, o simplemente por irresponsabilidad personal no cumplen con sus deberes elementales de funcionarios públicos.

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