La explicación más aceptable de la ausencia del presidente Daniel Ortega en la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, que se celebró ayer en Lima, Perú, no es la de que estaba muy atareado buscando la solución al paro del transporte, sino la de que los gobernantes europeos le están dando mucha importancia al compromiso con los principios y valores democráticos, a cambio de la ayuda al desarrollo.
Pero Ortega no comulga con esos principios y valores. De allí que no sólo se haya abstenido de participar en la Cumbre de Lima, sino que también envió un claro mensaje de menosprecio a la Unión Europea por la representación que nombró en su reemplazo: un Vicecanciller caracterizado precisamente por ser el menos hábil en el manejo del lenguaje y las relaciones diplomáticas, y un antiguo comandante sandinista venido a menos, que fue enviado a Perú para alejarlo del poder político de Nicaragua.
En general, para los políticos nicaragüenses y latinoamericanos, el interés en Europa es esencialmente obtener y aprovechar su ayuda económica. Son muy pocos los que ven a Europa no sólo como un banco financiero, sino también como una escuela de aprendizaje de que el trabajo duro, la vida en libertad y el gobierno democrático son indispensables para salir de la pobreza e impulsar el desarrollo. Entre esos pocos está el Presidente del Perú, Alan García, quien al inaugurar la Cumbre empresarial que se ha celebrado al mismo tiempo que la Cumbre gubernamental, expresó que “sólo con libertad política los pueblos pueden crecer económicamente, y que la ‘demagogia socialista’ era una buena receta para la inflación, desorden y retroceso”. Y se refirió el Presidente peruano, aunque sin mencionarlos, a países como Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba, al decir que: “Ningún pueblo de América Latina debe permanecer en el pasado. Esos países que todavía tienen sistemas atrasados en economía y en política, sólo tienen una forma de salir de ese retraso: elecciones libres, libertad de presos políticos y opositores, prensa libre absolutamente”.
El Presidente peruano es un hombre de izquierda, como él mismo lo reconoce. Pero también subraya que “ser de izquierda no es ser tonto. Hay que usar los mejores instrumentos para ser de izquierda”, dice Alan García, quien al igual que Daniel Ortega está gobernando a su país por segunda vez. Durante su primer gobierno, Alan García lo mismo que Ortega causó un desastre nacional con sus políticas populistas, demagógicas y excluyentes. Pero después reconoció sinceramente sus errores y culpas, humildemente le pidió perdón al pueblo peruano y una nueva oportunidad de gobernar, para hacerlo de manera inteligente, responsable, democrática y honesta como en efecto lo está haciendo.
Daniel Ortega, en cambio, jamás se arrepintió del daño que le hizo a Nicaragua. Más bien volvió a engañar a muchos nicaragüenses con sus falsas promesas y se coludió con políticos liberales súper corruptos, como Arnoldo Alemán, para recuperar el gobierno. Y ahora que está gobernando de nuevo, en vez de aprovechar la segunda oportunidad para hacer bien las cosas y aprovechar la mesa servida que le dejó el anterior gobierno democrático, otra vez está hundiendo a Nicaragua en la crisis económica y la insolvencia financiera, en el autoritarismo gubernamental y el atropello a las libertades y derechos democráticos, en primer lugar a la libertad de prensa.
Algunas personas no logran comprender cómo es posible que Daniel Ortega menosprecie a la Europa democrática, que no quiera aprender nada bueno de ésta y que en cambio se asocie con satrapías de América, África y Asia. Y no entienden por qué Ortega pone en riesgo la cooperación europea que es tan importante y necesaria para Nicaragua. Pero no lo comprenden porque lo juzgan como si fuese una persona normal que trata de gobernar un país con responsabilidad. Y no es así. A Daniel Ortega no le preocupa el bienestar del pueblo de Nicaragua. A él sólo le interesa el poder por el poder, asociarse con aventureros internacionales como Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadineyad y aprovechar sus dádivas para enriquecerse, junto con la cúpula de su partido. Y mientras tanto Nicaragua naufraga y se hunde de manera irremediable.