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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Otra vez encadenados por Ortega

Por segunda vez en los 16 meses que lleva de su segundo mandato presidencial, Daniel Ortega ha obligado a las emisoras privadas de radio y televisión a encadenarse para transmitir su discurso. El presidente Ortega quiere volver a la situación que imperaba en Nicaragua durante los años oscuros de su primer gobierno, de 1979 a 1990, cuando por disposición gubernamental sólo funcionaban dos televisoras del Estado, las que a su vez formaban la Cadena Sandinista de Televisión; cuando la mayor parte de las emisoras de radio que habían sido confiscadas a sus legítimos propietarios estaban asociadas en una tal Corporación de Radiodifusión del Pueblo (Coradep) y las pocas radioemisoras privadas que pudieron sobrevivir a menudo eran obligadas a encadenarse para difundir los discursos de Daniel Ortega y de los otros ocho comandantes de la revolución, y cuanto evento oficial se le ocurría a los burócratas del aparato propagandístico del Estado sandinista, que se debía transmitir en cadena.

Ahora, en lo que va del nuevo gobierno de Daniel Ortega la primera vez que forzó a todas las emisoras privadas de radio y televisión a encadenarse, fue en enero de este mismo año, cuando regresó de Venezuela donde participó en la VI Cumbre de países del Alba. En aquella ocasión, el presidente venezolano Hugo Chávez anunció la creación de una fuerza armada conjunta de los países que forman parte del Alba, a fin de hacer la guerra contra Estados Unidos en cualquier parte de América Latina y el Caribe. Y al volver a Managua, Daniel Ortega ordenó encadenar a todas las radioemisoras y televisoras del país, para transmitir un discurso en el que habló sobre la propuesta guerrerista del dictador venezolano, el que según parece quiere convertirse en el Napoleón Bonaparte socialista de las Américas en el siglo XXI.

Es razonable que en circunstancias excepcionales un gobernante hable a la nación en cadena de radio y televisión de todos los medios de comunicación, tanto públicos como privados. Pero esto debería ser regulado por una ley y no determinado por el capricho de un gobernante autoritario y narcisista, como es el caso de Daniel Ortega. Por ejemplo, ante un desastre de grandes proporciones, o frente a una aguda crisis política, social o institucional, es posible y necesario que el gobernante se haga ver y oír por todos los habitantes del país, a través de los medios de comunicación social transmitiendo simultáneamente, para dar a conocer sus providencias y recomendaciones. Inclusive en un caso como el actual paro del transporte, que no sólo causa molestias al gobernante sino que también perjudica a las personas y provoca graves daños a la economía nacional, es aceptable que el Presidente hable por cadena de radio y televisión para anunciar a la nación las medidas que ha dispuesto para resolver el conflicto.

Pero lo que hizo Daniel Ortega, el miércoles de esta semana, fue imponer una cadena nacional de radio y televisión para decir disparates y para burlarse de los transportistas en paro y de toda la población. En realidad, no de otra manera puede considerarse lo dicho el miércoles por el presidente Daniel Ortega, acerca de que la solución del problema que ha llevado al paro a los transportistas es que los taxistas trabajen cada cuatro días; que los culpables del desmesurado precio del petróleo no son los gobernantes de los países petroleros como Hugo Chávez de Venezuela y Ahmadineyad de Irán, sino las compañías comercializadoras del combustible; y que si él no fuera Presidente de Nicaragua la situación estaría peor.

Desde que volvió a ejercer el Poder Ejecutivo de Nicaragua gracias al pacto con Arnoldo Alemán, hace 16 meses, Daniel Ortega ha hundido al país en un torbellino inflacionario, ha creado una gran inseguridad jurídica e incertidumbre empresarial, ha aumentado el desempleo, ha hecho más turbio el manejo gubernamental, ha evadido los controles institucionales sobre grandes negocios públicos como la comercialización del petróleo venezolano, etc., etc. Y a pesar de todo eso tiene la desfachatez de decir que Nicaragua estaría peor si él no estuviera en el poder.

Y mientras el paro del transporte sigue y la situación económica del país empeora, los disparatados argumentos del presidente Daniel Ortega por medio de la obligada cadena de radio y televisión, hacen evocar la imagen de Nerón tocando el arpa y mirando arder a Roma.

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