El ex Presidente de Nicaragua y líder del PLC, doctor Arnoldo Alemán, asegura que él y su partido están prácticamente obligados a pactar con Daniel Ortega y el FSLN para poder elegir en la Asamblea Nacional a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Según Alemán, los culpables de que él tenga que pactar con los sandinistas son los diputados que reformaron la Constitución en 1995 y establecieron la regla de 56 votos para elegir a los magistrados. Como ningún partido tiene esa cantidad de diputados, sigue diciendo Alemán, el PLC debe pactar con el FSLN pues sólo así se puede nombrar a los magistrados y evitar que el Poder Judicial quede totalmente controlado por Daniel Ortega.
O sea que según Arnoldo Alemán, al pactar con Daniel Ortega y el FSLN para repartirse los magistrados de la Corte Suprema de Justicia le hace un favor a la democracia y al pueblo nicaragüense y más bien habría que agradecerle por eso, al mismo tiempo que maldecir a los diputados democráticos que reformaron la Constitución para establecer la votación calificada en la elección de los jueces del supremo tribunal. Al parecer el doctor Alemán no sólo se considera muy “vivo”, sino que también cree que todos los demás nicaragüenses son idiotas o ingenuos, que se tragan cualquier cuento de caminos que él hilvana para justificar sus pactos corruptos con Daniel Ortega y el FSLN.
En realidad, el argumento del doctor Alemán acerca de que los diputados que reformaron la Constitución en 1995, son los culpables de que él pacte con Daniel Ortega para repartirse los altos cargos públicos incluyendo a los magistrados, es como el viejo cuento poblano sobre el pillo que robó una vaca, y cuando fue detenido se justificó diciendo que él sólo había recogido un mecate que estaba tirado en el suelo, y que no era su culpa que en la otra punta de la soga estuviera amarrado el animal.
Pero aparte de cuentos de camino y pillerías políticas, la verdad es que el problema fundamental en el caso de la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia radica en que los caudillos, tanto Arnoldo Alemán del PLC como Daniel Ortega del FSLN, desprecian y pisotean el principio esencial republicano y democrático de la separación de poderes en la organización y el funcionamiento del Estado. Ciertamente, el quid de este asunto no es cuántos votos de diputados se necesitan para elegir a cada magistrado, sino a qué clase de personas escogen para ocupar esos cargos, que en todas partes del mundo son sitiales de honor, de dignidad, de independencia, de honradez, de vergüenza y de capacidad profesional, menos en Nicaragua y otros países como éste.
Arnoldo Alemán y los miembros de su cúpula partidista, lo mismo que Daniel Ortega, alegan que es imposible nombrar como magistrados a personas apolíticas y por lo tanto independientes, porque no existen abogados ni ciudadanos en general, que no sean políticos, que no formen parte de uno u otro partido o que no simpaticen con él y lo apoyen de cualquier manera. Pero esto es absolutamente falso. No es cierto que todas las personas y todos los abogados y juristas de Nicaragua, son iguales a los que se mueven a su alrededor a la caza de cualquier puesto público. La verdad es que hay muchos licenciados y doctores en Derecho experimentados y preparados, competentes y honestos, que jamás se han vinculado con ningún partido, que inclusive desprecian a los líderes políticos por considerarlos corruptos, que a lo sumo lo único que hacen es ejercer el derecho ciudadano de votar en las elecciones, y en algunos casos ni siquiera eso.
Sin embargo, aún cuando fuese inevitable nombrar como magistrados a individuos con filiación política y partidista, ya que son políticos por antonomasia los diputados que los eligen en la Asamblea Nacional, la verdad es que se puede encontrar y elegir a personas realmente idóneas. Al respecto el líder liberal democrático y antipactista, Eduardo Montealegre, está proponiendo a algunos profesionales del Derecho de mucho prestigio por su reconocida capacidad y honorabilidad. Pero Alemán habla de reelegir a magistrados desprestigiados que han causado mucho daño a la justicia, o de nombrar a individuos todavía más incondicionales a él.
Y lamentablemente para la democracia y para la justicia de Nicaragua, al parecer Alemán se va a quedar otra vez con el mecate y con la vaca.