Hace poco recibí una carta de un lector de la columna De Tres Puntos, la cual me hizo recordar algunas cosas que tienen que ver con la historia del basquetbol en Nicaragua. Muchos creen que este deporte comenzó en Nicaragua en la década del setenta.
En una ocasión, mientras jugaba basket en una cancha improvisada cerca de mi casa, una señora, amiga de mi madre, se detuvo para vernos jugar, después de un rato me pidió la pelota y me dijo que ella cuando era joven había jugado baloncesto. Fue a mediado de los años cuarenta, me dijo, un tanto nostálgica. Siempre me quedó grabado ese comentario, pues pienso que a diferencia de otros deportes, el de los aros y las canastas pareciera que se pierde en el tiempo y carece de memoria histórica.
Aquí se recuerda al general Anastasio Somoza García dirigiendo al equipo Cinco Estrellas de Beisbol, pero nadie recuerda la vez que llegó a ver un encuentro internacional de baloncesto de “señoritas”.
En realidad hay mucha historia en este deporte, que no se limitó sólo a una época, sino que todavía mucha gente comenta de los encuentros colegiales en los años cincuenta. Incluso alguien me habló, en una ocasión que estaba en San Francisco, Estados Unidos, sobre un gran jugador, de apellido Ortega (no recuerdo el nombre) que fue un gran canastero.
Además, el deporte estaba concentrado en los colegios, una iniciativa que ha venido desapareciendo con el tiempo, pero que puede ser reactivada pues allí es donde está el futuro del deporte.
En los setenta era difícil encontrar un colegio público que tuviera un equipo de baloncesto, ya que estaba concentrado en los colegios privados, más específicamente en el Colegio Centroamérica, el Bautista, el Colegio Calasanz y el Pedagógico, entre otros. Atrás quedó la historia del Ramírez Goyena, aunque llegó el Colegio Primero de Febrero.
Tengo que reconocer que no soy un gran conocedor de esta historia, ya que en esa época en el colegio que estudié no había equipo de baloncesto juvenil, sólo mayor, y tuve que jugar beisbol. Lo reconozco, era malo.
En realidad malísimo, pero me divertí con la aventura. Y no es mala idea recrear esta historia que para muchos ha quedado en el olvido. Hubiera sido una buena experiencia.
Creo que entre todos podemos hacer algo de historia. En una ocasión entrevisté al maestro Eugenio Leytón y es interesante pensar en este deporte en los años veinte o treinta. Incluso en la Costa Atlántica hay una historia bastante rica de este deporte que hay que destacar. Claro, no sólo de baloncesto, en la Costa Atlántica hay muchas historias mal contadas. Hay que recordar que de allí han provenido los mejores basquetbolistas del país y eso no es casual.
Es por eso que no sería mala idea que empecemos a reconstruir cómo ha sido el basquetbol nacional. Creo que todos podemos aportar algunos datos o anécdotas.
Por ejemplo, me parece interesante mencionar que una de las épocas de oro de este deporte se desarrolló en la Cancha de los Marañones en la Colonia Centroamérica, donde pasaron viejas glorias de este deporte y que además nos deslumbró en nuestra época de niños que empezábamos a conocer cómo se jugaba este deporte que se hizo muy popular en esa cancha.
La única que existía en ese momento con las condiciones necesarias.
No sé dónde se desarrollaban los topes internacionales en ese momento o si en esa cancha se realizaron. En realidad los primeros que yo pude ver en esa época (los setenta) fue en el recién construido Polideportivo España, en Managua.
Sería un buen ejercicio hacer memoria histórica para este popular deporte. Intentémoslo.
