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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

(LAPRENSA/J.MORALES)

“Los programas asistencialistasno sacan gente de la pobreza”

Afirma que la presión mundial por los alimentos es una gran oportunidad para Nicaragua. “No necesitamos avanzar en frontera agrícola, tenemos gran cantidad de tierras ociosas”, recuerda. Falta asistencia técnica, capacitación y organización en comercialización y mercadeo. Alfredo Alaniz, presidente de ASOMIF Mario José Moncada Alfredo Alaniz, presidente de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de […]

  • Afirma que la presión mundial por los alimentos es una gran oportunidad para Nicaragua. “No necesitamos avanzar en frontera agrícola, tenemos gran cantidad de tierras ociosas”, recuerda. Falta asistencia técnica, capacitación y organización en comercialización y mercadeo.

Alfredo Alaniz, presidente de ASOMIF

Mario José Moncada

Alfredo Alaniz, presidente de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), se suma a quienes están seguros de que la actual alza de los precios de los alimentos es una oportunidad para economías agrícolas como la de Nicaragua.

Advierte que para aprovechar este chance, no sólo se requiere de financiamiento, sino también de apoyo técnico del Gobierno para incentivar a los productores a producir más.

Propone que los recursos de los programas Hambre Cero y Usura Cero sean “mejor empleados en apoyar la producción en cuanto a capacitación y asistencia técnica, que en estar otorgando crédito, que creemos lo hacemos mejor nosotros y la banca privada”.

El 17.8 por ciento del Producto Interno Bruto de Nicaragua (PIB) es aportado por la actividad agropecuaria, el sector de mayor peso dentro de la economía nacional, seguido por la industria manufacturera (17.4 por ciento) y el comercio (14.4 por ciento), según un informe del Banco Central de Nicaragua (BCN).

Hablemos en principio del peso de Asomif dentro del sector del microcrédito.

Yo diría que el grupo Asomif representará tal vez el 50 por ciento del mercado microfinanciero. Entonces, nosotros, el grupo, somos sociedades sin fines de lucro, caracterizadas por una misión social y un propósito de contribuir realmente a aliviar la pobreza en el país. Porque a través de los años de experiencia nos hemos dado cuenta que el crédito no es suficiente, es una oportunidad que se le abre a la gente, para tener un ingreso permanente a través de una actividad económica y no depender de programas de alivio gubernamentales, que son temporales.

¿A qué programas se refiere?

Entre esos programas podemos decir que el Hambre Cero y el Usura Cero son programas temporales por cuanto durarán el tiempo que dure este Gobierno. Una vez que este Gobierno sea sustituido por otro, seguramente va a cerrar estos programas. Y pensamos que los van a cerrar porque no son programas manejados con criterios de eficiencia económica, más bien con criterio políticos. Nos damos cuenta que estos programas asistencialistas no tienen la eficacia, el propósito, de sacar a la gente de la pobreza.

Hablemos del futuro del sector. ¿Cuál es el panorama que ve y las perspectivas de financiamiento, en especial cuando se dice que el alza de los precios de los alimentos puede ser un estímulo para el productor?

Estimamos que la cartera agropecuaria, que actualmente está en unos 100 millones de dólares, podría subir en 20 millones de dólares más este año. Creemos que los buenos precios que se están dando en los alimentos y, dicho sea de paso, creo que Nicaragua no tiene problema de producción alimenticia, estamos produciendo y exportando.

Entonces ¿usted ve oportunidades, a diferencia de lo que muchas veces pregona el Gobierno?

No creemos que el tema de los precios altos sea por falta de producción, estamos en una economía abierta. Sin embargo, en el caso de los alimentos hay una presión mundial. Eso es una gran oportunidad para Nicaragua. No necesitamos avanzar en frontera agrícola, tenemos gran cantidad de tierras ociosas, pero para echarlas a andar a veces no es suficiente el crédito, hay que dar asistencia técnica, capacitación, organización en comercialización y mercadeo. Creemos que nuestra capacidad para eso es bastante limitada, nosotros somos especializados en el crédito, hemos hecho alianzas con organizaciones que brindan servicios de asistencia técnica y capacitación, pero esto requiere de un programa estatal de una magnitud grande.

Creemos, entonces, que los recursos de los programas Hambre Cero y Usura Cero serían mejor empleados en apoyar la producción en cuanto a capacitación y asistencia técnica, que en estar otorgando crédito, que creemos lo hacemos mejor nosotros y la banca privada.

¿Es decir que el Gobierno debe preocuparse más por brindar asistencia a los productores?

Sí, de tal manera que para los pequeños productores el Estado debería invertir mejor ese dinero en elevar los rendimientos de la producción, porque aquí los rendimientos son ridículos, son la mitad de lo que debería estar produciéndose por manzana. De tal manera que ahí hay mucho trabajo por hacer y una gran oportunidad para incrementar los ingresos del sector agropecuario. Como dicen los economistas a nivel mundial, se esperan los años de las vacas gordas (en el sector agropecuario), hay que saberlos aprovechar y estos ingresos hay que saberlos invertir en el mejoramiento de la infraestructura, la producción y los rendimientos para poder enfrentar los ciclos económicos cuando vengan los años de las vacas flacas. Aquí la diversificación también es importante para distribuir mejor el riesgo. Si bien el crecimiento se ha venido dando por el lado de la ganadería, ahora se abren oportunidades de crecer por la agricultura.

¿Cómo ve la intervención del Estado en el control de los precios, incluso a meterse a exportar?

Puede ocurrir desestímulo a la producción, porque cada vez que el Estado se ha metido a controlar precios, lo que hace es estimular el mercado negro, que crea unas grandes distorsiones y afecta a los pobres. Creo que el papel de Enabas debería de ser papel de regulación, de productos de consumo básico, no imponiendo leyes ni precios, sino que cuando haya escasez debe sacar al mercado productos y estabilizar precios con las reglas del mercado que es la oferta y la demanda. Es decir, cuando haya abundancia Enabas debe comprar para evitar que el precio pagado a los productores se desplome y cuando haya escasez debe sacar al mercado para evitar el perjuicio de los consumidores, ser un estabilizador de precios, pero jugando con las leyes de mercado, no sacando decretos que impongan precios.

Entiendo que ustedes, por ser microfinancieras, no captan depósitos del público. Reciben fondos de bancos internacionales y otras instituciones. ¿Cómo ha influido el riesgo país en las tasas de interés, tanto en las que ustedes pagan por estos fondos que reciben, como en los que cobran a sus clientes?

Hemos venido experimentando un ligero incremento de las tasas promedio que pagamos a nuestros fondistas. Incluso con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), uno de los que más nos presta, antes andaba por el 5.5 por ciento (anual), ahora es del 8 por ciento, eso que es un banco de desarrollo. Ahora, cuando hablamos de los fondos privados que recibimos, hace un par de años la tasa que nos cobraban era del 8 por ciento, ahora es de entre 10.5 y 11 por ciento. Lógicamente hay fenómenos inflacionarios en el mundo entero, que están haciendo empujar las tasas, pero eso sumado al riesgo país que se ha elevado en Nicaragua, las tasas se han venido elevando. No creo que nuestras tasas puedan bajar, tal vez que no suban, siendo nosotros más eficientes.

Pero se dice que uno de los grandes problemas de las microfinancieras corresponde a las tasas de interés, que muchos dicen son altas.

Nosotros tenemos un costo financiero de los recursos que, como no captamos recursos del público, el costo del dinero nuestro anda alrededor del 10 por ciento. Si a eso le agregamos el costo operativo de 17 por ciento, de administrar la cartera, tenemos ahí un 27 por ciento. Tenemos además 2 por ciento de pérdida de cartera, le agregamos crecimiento de patrimonio, entonces la tasa de interés anda entre el 31 y 32 por ciento (promedio anual). Unas microfinancieras la hacen más eficiente (su administración de cartera) y prestan más barato que otras.

Estamos haciendo esfuerzos para, por lo menos, incidir en los costos operativos, eso depende del exterior y del riesgo país. Hay cierta incertidumbre entre nuestros acreedores, quienes nos están preguntando cómo está la situación de Nicaragua, pero le hemos dicho que no hay de qué preocuparse, porque las microfinancieras son muy estables, nuestros riesgos son bien distribuidos y que no vislumbramos problemas de recuperación. Siempre hay clientes morosos que tratan de politizar su situación, para ver qué ventaja obtienen.

Y si comparamos las tasas de interés de todo el sector financiero, ¿cómo están las cosas?

Vemos que un 80 por ciento de los recursos del sistema financiero, incluyendo a los bancos, se lo llevan más o menos del 15 al 20 por ciento del país, o sea los más grandes, eso siempre sucede. La base del microempresario recibe un menor volumen de crédito del país, que regularmente se canaliza a través nuestro. Las tasas de interés en economía van del 5 al 240 por ciento anual.

Las microfinancieras nos situamos entre 18 y un 48 al 50 por ciento. Normalmente las instituciones le cobran más tasas al comercio, porque con eso beneficiamos al sector agropecuario con tasas más bajas y con programas especiales. Tenemos las tarjetas de crédito que van del 45 al 60 por ciento. También tenemos a los usureros, que andan con tasas de 120 a 240 por ciento anual, generalmente el usurero atiende a la gente más pobre, con menos acceso al crédito. Nosotros no competimos con la banca, nuestro competidor es el usurero, el que cobra incluso una tasa de 10 por ciento mensual, versus el tres por ciento de nosotros.

¿Qué tanto ha crecido la cartera de crédito de Asomif, en especial en el sector productivo?

En el año 2000 teníamos 43.6 millones de dólares, en el 2007 llegamos a 218 millones de dólares. Y en el número de clientes pasamos de 100 mil clientes en el año 2000 a 341 mil clientes en el año 2007. Estudios que han realizado organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) han determinado que el microcrédito genera 1.4 empleos directos por cliente, o sea que si tenemos 341 mil clientes, habría que agregarle alrededor de 477 mil empleos o beneficiados, es decir de nuestro grupo están dependiendo cerca de 800 mil empleos en el país. A eso tendríamos que agregarle las otras instituciones de microfinanzas.

¿Pero cómo se ha distribuido el pastel de ese crédito?

Por ejemplo, hemos visto cómo el sector agropecuario ha pasado de 27 millones de dólares en el 2003, a 103 millones en el 2007. El crédito comercial ha decrecido al pasar de 30 millones a 59 millones y el destinado a los servicios ha pasado de 6.6 millones a 4 millones. En la industria ha crecido algo, de 2.8 millones a 8.1 millones. Aquí hay problemas graves de la pequeña industria, que es la falta de financiamiento a largo plazo, que le permita modernizarse. Nosotros trabajamos con líneas de crédito de corto plazo, máximo de tres años, y eso no nos permite financiamiento de cinco a siete años que requiere la pequeña industria.

El sector vivienda ha crecido de 6 millones a 24 millones, pero aquí hablamos no de viviendas nuevas, sino de ampliaciones y reparaciones, y sobre todo cuando el negocio va creciendo, la familia va ocupando el frente de la vivienda, entonces la familia se va replegando hacia atrás. Hemos visto que es una gran necesidad social la vivienda y por eso hemos ido destinando sumas crecientes. Pero aquí también nos encontramos con el problema de largo plazo, porque nuestros créditos son de dos a tres años, construir viviendas populares requieren plazos de 10 a 15 años.

Vemos que el crédito al sector agropecuario tiene el mayor peso.

La cartera agropecuaria es producción, ahí no están incluidos ni créditos de acopio y comerciales del sector, si agregamos eso la cartera de sector rural podría andar por el orden del 55 al 60 por ciento de la cartera total del grupo de Asomif. Pero sólo la carteta agropecuaria productiva pasa de 33 por ciento (en el 2005) a 47 por ciento (en el 2007). Por ejemplo, del total de la cartera actual 70 millones están en la ganadería y 30 millones en la agricultura, porque la ganadería ha sido el rubro más dinámico del sector agropecuario. Hemos dado más énfasis a la cartera agropecuaria, ahí hemos hecho un mayor esfuerzo, aquí la pobreza rural es crítica y nuestra misión de alivio a la pobreza ha orientado las actividades hacia el sector agropecuario, donde vemos que las oportunidades de crecer son cada vez mayores.

Reorientan crédito hacia municipios pobres

El sector de las microfinanzas tomó empuje especialmente en la década de los noventa, afirma Alfredo Alaniz, presidente de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), cuando se dió una reducción del Estado como consecuencia de los llamados ajustes estructurales económicos.

“Estos ajustes afectaron al sector social, elevaron el número de personas desempleadas que buscaron dos caminos: o se fueron al exterior o se fueron a engrosar el sector informal de la economía, que son los pequeños empresarios informales”, explicó Alaniz.

A ello se le sumó el “cierre de la banca estatal y el poco interés de la banca privada, con el elevado riesgo que implica el pequeño crédito y el costo de administración”.

Entonces, la demanda del microcrédito que se estaba generando tuvo que ser satisfecha por aquellas organizaciones sociales que venían trabajando con el sector agrícola, y productores en general.

Alaniz cuenta que el apoyo de la cooperación externa fue determinante para el fomento de las microfinancieras, pues los cooperantes aportaron un capital semilla para el desarrollo de las instituciones de microfinanzas, las cuales ahora obtienen el 95 por ciento de sus fondos que luego colocan en crédito, de instituciones financieras internacionales como bancos, fondos de inversión y organismos de desarrollo. “Eso tiene un impacto en el costo del dinero”, dijo.

Aseguró en el año 2005 Asomif tenía 11 millones de dólares en crédito en municipios con pobreza severa, pero la suma subió a 57 millones de dólares en el 2007. Entretanto, en los municipios con pobreza alta la cartera de crédito ha pasado de 24 millones a 45 millones de dólares entre el 2005 y el 2007.

“Si los vemos por cliente, pasamos de atender 12 mil clientes en municipios con pobreza severa, a 35 mil clientes en el período citado; mientras que el número de clientes en los municipios con pobreza alta se elevó de 28 mil a 53 mil. Con éste podemos demostrarle al Gobierno el impacto que esto está teniendo”, dijo Alaniz.

“Eso concuerda con la misión de estas instituciones, estamos demostrando que estamos invirtiendo en la pobreza. No podemos asegurar que le estemos prestando a los más pobres de los municipios más pobres, pero sí estamos teniendo un impacto en el municipio, porque estamos inyectando dinero que de alguna manera estimula y multiplica la actividad económica en la zona”, añadió Alaniz.

“Si comparamos esto con programas como Usura Cero y Hambre Cero, lo que estamos haciendo nosotros es muchísimo mayor en términos de esfuerzo. Estamos hablando de 341 mil clientes y 218 millones de dólares al cierre del 2007”, reiteró el presidente de Asomif.

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