Adiós al maestro pintor Julio Vallejo

Deja como magisterio una pintura tratada con delicadeza y extraordinario manejo del color y la luz Pintor y maestro, Julio César Vallejo Ugarte (7 de diciembre de 1942- 22 de mayo del 2008), ha dejado su propia e imborrable huella en las artes plásticas de Nicaragua. Muchos, en los círculos artísticos y de enseñanza, lo […]

Julio Vallejo se caracterizó por pintar a las fritangueras y mujeres del mercado.LA PRENSA/CORTESÍA.

  • Deja como magisterio una pintura tratada con delicadeza y extraordinario manejo del color y la luz

Pintor y maestro, Julio César Vallejo Ugarte (7 de diciembre de 1942- 22 de mayo del 2008), ha dejado su propia e imborrable huella en las artes plásticas de Nicaragua. Muchos, en los círculos artísticos y de enseñanza, lo recordarán como el pintor de las gorditas luminosas, trabajadoras, semiabstractas; otros como un maestro que impartió sus conocimientos del dibujo, pintura y orientación de las artes.

Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1962-1965), cuando en ésta impartía sus conocimientos, el que fuera su maestro, Rodrigo Peñalba, uno de los pilares fundadores de la modernidad de la pintura nicaragüense. En 1982, es becado en la Escuela de Artes Plásticas de Cuba, donde recibe conocimientos sobre modelos docentes, elementales, medio y superior.

Desarrolló a la par de su exitosa carrera artística su vocación magisterial, quizás como nunca otro profesor de arte lo ha hecho a la fecha, dando su saber a niños, jóvenes y adultos de diversos estratos sociales. Así en 1968, inicia su noble magisterio, cuando sus primeros alumnos fueron pacientes del Hospital Siquiátrico. Luego continúa su labor en 1976 en el Instituto Pedagógico de Managua. De 1973 a 1979, da clases en la Escuela de Bellas Artes, ubicada en la Universidad Autónoma de Nicaragua, UNAN de León, y en Managua en el preescolar Wendy, en residencial Los Robles.

Después del triunfo de la revolución sandinista, producto de la inestabilidad política e ideológica del momento, se ve obligado a retirarse de la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde también dio clases, pero es reintegrado en 1980 como profesor de pintura, en lo que fueron los famosos Talleres de San Jacinto, donde para entonces era su director Sergio Dávila, y maestro el escultor Noel Flores, su amigo y vecino en el barrio de Villa Venezuela. Continúa en la Escuela de Bellas Artes, hasta 1985, dando talleres de pintura a decenas de alumnos. Precisamente de estas aulas salieron dos figuras nacionales de la pintura como son: Sergio Velásquez, el discípulo que mejor siguió sus pasos, con sus temas de las “gorditas”, vendedoras ambulantes, voluptuosas, de gran luminosidad, colores festivos, y Cecilia Rojas, quien llevó la paleta cromática y luminosa del maestro a sus máscaras femeninas, las que gozan de pureza plástica, misterio y fantasía.

Este incansable maestro, en 1980 fue instructor en el Programa de Retaguardia de la Cruzada Nacional de Alfabetización, con su taller de la Plástica Infantil, por lo que el padre Ernesto Cardenal, entonces Ministro de Cultura, le extendió un reconocimiento. Para 1999, a nivel superior, dio cursos de pintura y dibujo a estudiantes de la Universidad Americana (UAM); en el 2003, impartió un curso especial a niños, dicho programa fue auspiciado por Mifamilia. Y en estos últimos años ha impartido otros talleres de pintura en el Centro Cultural Mamá Delfina, en Los Robles.

Exposiciones y reconocimientos

Desde 1962 a la fecha, expuso sus obras, de temas primordialmente femeninos, en acrílico y óleo, en las tradicionales exposiciones colectivas de fin de año de la Escuela Nacional de Bellas Artes; en el Museo-Galería Josefina; Galería de Artes Visuales Añil; Galería Praxis, Códice, Epikentro, Contil, Génesis; y en el Primer Festival de las Artes, UAM, en 1999.

Logró traspasar fronteras en los años noventa, cuando fueron exhibidas sus pinturas, en 1993, en el Museo de Arte de Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington; y en 1996, en la muestra de Arte Contemporáneo Nicaragüense La Canción de la Selva Tropical, en Taipei, China; así como en otras muestras, en Guatemala, República Dominicana, Maryland, Chicago, San Francisco y Los Ángeles.

En el 2000 fue nombrado por el grupo financiero del Banco del Café y Grupo Fundemos, Ciudadano Notable de Managua, evento realizado en el Teatro Nacional Rubén Darío. Y en el 2004 la Asociación Cultural Julio Cortázar lo nombra Artista Benefactor.

Éste es su legado, tanto como artista y maestro por cuatro largas décadas en las artes plásticas. Su esposa y sus tres hijos, sus centenares de alumnos, sus exposiciones, y su última obra y bocetos inconclusos de sus gorditas son los mejores testimonios de su obra notable y vida sencilla, alejada del ego publicitario. Por lo que sólo nos resta decir nuestro adiós a un maestro: Julio Vallejo, que no vivió del arte, sino para el arte y la enseñanza del mismo.

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