Desde su época de campeón sudamericano de windsurf, a comienzos de los ochenta, el chileno Alfredo Irarrázaval sabe identificar los cambios en los vientos. Incluso en los negocios. Así lo demostró cuando, después de varios años trabajando en la fábrica de bicicletas Bianchi, tuvo que reinventarse al perder su cargo tras la venta de la empresa. “Me vi con una mano por delante y otra por detrás”, cuenta.
Y resolvió buscar oportunidades en promoción y marketing, creando muebles para locales comerciales, exhibidores y corners. “Como desde el principio nos basamos en el presupuesto y necesidades del cliente, los pedidos fueron aumentando y el trabajo de un solo carpintero en un espacio de 3 m x 3 m se quedó corto”, dice.
Hoy, con 40 funcionarios y ventas anuales de 2 millones de dólares, los muebles de Dot están en las principales tiendas por departamentos de Chile y otros países de la región y del mundo, exponiendo productos de marcas como Swatch, L’Oréal, Estée Lauder y Giorgio Armani.
“Para trabajar aquí no te puede gustar la monotonía”, dice Irarrázaval. Esta apuesta alejó a Dot de las soluciones prefabricadas y la hace estar siempre abierta a nuevos nichos, como el de museografía, donde ha hecho trabajos como la remodelación del Museo Histórico Nacional de Chile.
Aunque Chile ofrece buena mano de obra y es uno de los mayores fabricantes mundiales de tableros de madera, Irarrázaval espera conseguir crédito para abrir una filial fuera del país.
“Este año, el mercado interno está suficientemente activo”, dice. “Pero si en 2009 no salimos del país, tenemos un mercado limitado”, señala.
