LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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“La espada y el escudo”

Los reportajes de LA PRENSA y su revista quincenal Magazine, sobre la participación de la Stasi —o sea la policía política de la extinta Alemania Oriental comunista— en la creación y supervisión de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) de la dictadura sandinista de los años ochenta, ofrecen valiosa información sobre lo que representa el aspecto más sórdido y criminal de las revoluciones y los Estados totalitarios, o sea las operaciones secretas de sus aparatos de espionaje y represión.

Esos reportajes han sido documentados en los archivos de la Stasi (abreviatura en idioma alemán de Ministerio para la Seguridad del Estado), de manera que reflejan únicamente información y opiniones de los jerarcas de seguridad de la dictadura comunista de Alemania Oriental y de la dictadura sandinista de Nicaragua. Y por lo tanto la información se limita fundamentalmente a las conspiraciones —reales o supuestas— de los enemigos exteriores y particularmente de Estados Unidos contra el régimen sandinista de los años ochenta.

Pero la razón de ser de la Stasi y la DGSE, como la de todas las policías políticas de los países totalitarios, comunistas y revolucionarios, no era sólo la lucha contra sus enemigos exteriores. También y sobre todo fueron creadas para la represión interna, para perseguir e incluso exterminar a los inconformes, disidentes y opositores, a todos los que se resistieran activamente a un sistema opresivo que prometía la igualdad social y la felicidad, pero lo que hizo en realidad fue hundir al pueblo en la miseria y suprimir todas las libertades y derechos individuales de la persona humana. De manera que hace falta conocer también información sobre las operaciones represivas internas que realizó la DGSE sandinista, testimonios de sus víctimas que no fueron sólo los sospechosos de colaborar con la Contrarrevolución sino también personas que pensaban de manera democrática e independiente, incluso sacerdotes a los que ultrajaban físicamente, los desnudaban en la calle ante la vista pública y los expulsaban del país.

La Stasi alemana tenía, merecidamente, la mala reputación de ser la más eficaz y despiadada de todas las policías políticas de los Estados comunistas que por fortuna ya desaparecieron, peor incluso que la KGB soviética y el G2 cubano. Seguramente por eso, es decir, porque era la mejor organizada y la más cruel de todas las organizaciones policiales totalitarias, fue que se le encargó la tarea de organizar y entrenar a la policía política de la dictadura sandinista de Nicaragua.

Sin embargo, el modelo de los cuerpos policiales para la represión política en el Estado totalitario comunista o revolucionario, fue creado por Félix Dzerhinsky (1877-1926), un comunista bolchevique ruso de origen polaco. Dzerhinsky, cumpliendo instrucciones personales de Vladímir Ilich Lenin organizó en diciembre de 1917, apenas dos meses después del triunfo de la revolución de octubre, la tristemente célebre Cheka, abreviatura en idioma ruso de Comisión Extraordinaria de todas las Rusias para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje, como se llamó la primera policía política soviética. La Checa, según Lenin, era “la espada y el escudo” de la revolución comunista, “una devastadora arma contra las incontables conspiraciones y golpes al poder Soviético… “En realidad, la policía política o cuerpo de seguridad del Estado fue concebida como una espada para reprimir a la contrarrevolución interna y a todos los opositores, disidentes e inconformes dentro del país, y al mismo tiempo como un escudo para proteger a la revolución comunista de las agresiones y amenazas, reales o supuestas, de los enemigos del mundo exterior.

Los crímenes de la Checa soviética, de la Stasi alemana, de la Securitae rumana, la AVH húngara, la StB de la antigua Checoslovaquia comunista, el Servicio Nacional de Seguridad de Bulgaria, el G2 de Cuba, la DGSE sandinista, etc., fueron incontables y la mayor parte de ellos permanece todavía en el secreto de los archivos clasificados, desaparecidos o destruidos. Es que la revolución, el socialismo autoritario, el comunismo, lo mismo que el fascismo que es su primo hermano, sólo pueden mantenerse en el poder a base del espionaje y la represión de sus cuerpos de seguridad. Algo que conviene no olvidarlo en Nicaragua, ahora que Daniel Ortega ha vuelto al poder y pretende restaurar la dictadura, ajustada a las nuevas condiciones históricas, pero dictadura de todas maneras.

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