En nuestro editorial de ayer, “Mal paga el diablo a quien bien le sirvió”, nos referimos expresamente al caso de la ingratitud del FSLN y del presidente Daniel Ortega, que quieren confiscarle sus canciones revolucionarias al cantautor sandinista Carlos Mejía Godoy. Pero la ingratitud de Ortega y compañía no sólo es con Carlos Mejía, su ex compañero de lucha y de partido, que con el poderoso magnetismo de su arte movilizó a las multitudes a favor de la causa sandinista, e hizo más que los millones de dólares y las armas que el FSLN recibió de países extranjeros, para el triunfo de la revolución y la entronización en el poder del mismo Ortega. Son muchas las personas, nicaragüenses y extranjeras, que han sido traicionadas de una u otra manera por el antiguo líder revolucionario devenido en caudillo fascistoide.
Acerca de que mal paga el diablo a quien bien le sirve, una lectora nos hizo llegar un recorte de LA PRENSA, del 8 de diciembre de 1972, en el cual se muestra un recuadro titulado “Campaña Navidad 72 sin presos políticos”. Ese recuadro, en el que aparecen las fotografías de los entonces jóvenes Daniel Ortega Saavedra y Emmet Lang Salmerón, actual magistrado sandinista del Consejo Supremo Electoral, fue una publicación de LA PRENSA en apoyo a una campaña por la libertad de los presos políticos. Y como pie de la foto de Daniel Ortega se pusieron las siguientes palabras de su madre, doña Lidia Saavedra de Ortega (q.e.p.d.): “Cinco años de prisión han mantenido a mi hijo junto conmigo y mi esposo en una deprimente agonía. Siempre he creído que hay gentes que como yo queremos su libertad, porque todavía creemos en la esperanza y la justicia. Por eso pido ahora a esos que han estado conmigo que gritemos exigiendo la libertad de mi hijo”. Y vean ahora cómo Daniel Ortega le paga a LA PRENSA, nos dice la lectora que envió el recorte, refiriéndose al reciente juicio y condena contra el director y el jefe de redacción de este Diario, y a la inmunda campaña de calumnias y difamación contra don Jaime Chamorro Cardenal en los medios de comunicación oficialistas y sus asociados.
En realidad, la voz de LA PRENSA, respetada y creída por el pueblo pero vilipendiada por la dictadura somocista, igual que después por la dictadura sandinista y ahora por el nuevo régimen de Daniel Ortega, fue parte fundamental de aquel grito de apoyo que pidió doña Lidia para exigir la libertad de su hijo. A LA PRENSA y personalmente a su director, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, no les importaba la filiación política ni la ideología totalitaria de Daniel Ortega. Lo importante era que se trataba de un ser humano y prisionero de la dictadura. Por lo tanto era justo y necesario apoyar a doña Lidia en la exigencia de libertad para su hijo.
En aquella época nadie se podía imaginar que siete años después, Daniel Ortega subiría al poder en la cresta de una ola revolucionaria que propiciaría precisamente el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, con el holocausto de su asesinato. Como tampoco nadie podía pensar que estando en el poder Daniel Ortega sería un dictador y enemigo de LA PRENSA peor que los Somoza. Pero aunque el doctor Chamorro Cardenal lo hubiera sabido, igual habría sido solidario con doña Lidia en la lucha por la libertad de su hijo, porque, repetimos, se trataba de un ser humano y además un luchador contra la dictadura, independientemente de su ideología, su filiación política y sus métodos de lucha.
El doctor Chamorro Cardenal escribió un día: “Debo decir que en mi condición de periodista, de ciudadano y de hombre respetuoso de la dignidad humana, seguiré publicando, mientras Dios me dé fuerzas, toda clase de abusos incalificables, sea que se cometan contra un liberal, un conservador, un socialcristiano, un agüerista, un somocista, un sindicalista, un fascista o un comunista”. Y de esa manera actuó siempre el doctor Chamorro, porque así son las personas de bien: lo hacen sin mirar a quien, sin esperar retribución, aunque no se los agradezcan y a pesar de que los malagradecidos muerdan la mano que se extendió en su ayuda.