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La conexión con las FARC

Para amplios sectores de la población ha sido motivo de mucha preocupación las revelaciones de los nexos del gobierno de Daniel Ortega con las FARC de Colombia —que es catalogada como organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea—, debido a las graves consecuencias que esos vínculos le podrían acarrear a Nicaragua.

Ya en mayo pasado se había revelado el hallazgo de documentos en los que se mencionaba al gobernante sandinista de Nicaragua, en los computadores portátiles de alias “Raúl Reyes”, el segundo jefe supremo de las FARC que fue abatido el 1 de marzo de este año por fuerzas militares de Colombia, en un campamento ubicado en territorio del Ecuador, muy cerca de la frontera entre ambos países. Según se informó en aquella ocasión, dichos documentos revelaban que Daniel Ortega le había ofrecido a las FARC unas armas en desuso (“caucheras”, en la jerga sandinista-farcsista) que tenía en su poder el Gobierno de Nicaragua. Después, en la medida en que se han venido dando a conocer los innumerables documentos encontrados en los computadores de “Raúl Reyes”, se han descubierto otras informaciones aún más comprometedoras para el gobierno sandinista de Daniel Ortega, tal como se ha demostrado en las informaciones muy bien documentadas que fueron publicadas por LA PRENSA a fines de la semana recién pasada.

Por supuesto que el gobierno sandinista al menos extraoficialmente ha cuestionado la autenticidad y validez de los hallazgos en las computadoras de “Raúl Reyes”. El diputado del FSLN ante el Parlamento Centroamericano, Jacinto Suárez, quien fuera uno de los principales jefes de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) durante el régimen sandinista de los años ochenta, así como su embajador en la desaparecida Unión Soviética, calificó como “inventos” las informaciones al respecto. “Eso es como un sombrero de mago, todos los días sale algo diferente”, dijo Suárez, tratando en vano de descalificar los documentos encontrados en las computadoras del segundo jefe de las FARC, que se han convertido en una especie de Caja de Pandora para los gobernantes amigos de las FARC, como Hugo Chávez de Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua.

Pero la verdad es que aparte de que la Policía Internacional (Interpol) certificó en mayo pasado que los documentos encontrados en las tres computadoras de “Raúl Reyes” no han sido manipulados, sus datos se han venido verificando con hechos como la confiscación de casi medio millón de dólares de las FARC en Costa Rica; la localización en las afueras de Bogotá de un buzón conteniendo uranio no enriquecido; la confirmación de las reuniones clandestinas de altos funcionarios venezolanos y ecuatorianos con representantes de las FARC, etc. Además, en el caso de Nicaragua Daniel Ortega ni siquiera ha disimulado sus relaciones y afinidades con las FARC. Más bien las ha resaltado, como hizo al condecorar a Manuel Marulanda “Tirofijo” con la orden del FSLN Augusto C. Sandino, el 13 de enero de 1999; y como lo hizo también en las reiteradas ocasiones en las que calificó a Marulanda como su compañero y hermano, lo mismo que con las lamentaciones oficiales ante la muerte de “Raúl Reyes” y con el traslado desde Ecuador y asilo en Nicaragua a las mujeres sobrevivientes del ataque al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano.

Pero es evidente que a Daniel Ortega no le importa ni le preocupa que Nicaragua sea calificado como un país que favorece al terrorismo internacional. Más bien pareciera desearlo, seguramente que para radicalizar su enfrentamiento personal con Estados Unidos y justificar los atropellos a la legalidad y la institucionalidad democrática de Nicaragua, con miras a avanzar en su proyecto de imponer un régimen socialista autoritario en Nicaragua. Sin embargo, a la oposición democrática, a la sociedad civil y a toda la población nicaragüense sí le preocupa que el país sea asociado con las FARC.

Desde cualquier punto de vista racional que se vea el asunto, sería catastrófico para Nicaragua que la comunidad internacional lo calificara como un país vinculado directa o indirectamente al terrorismo internacional. En ese caso todos los nicaragüenses tendríamos que pagar los platos rotos por el aventurerismo y la irresponsabilidad de Daniel Ortega.

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