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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

(La Prensa/Bismarck Picado)

La revolución de las tarimas enfloradas

El mundo mágico con que la Primera Dama interpreta la realidad ha invadido toda la gestión de Estado. Los colores, las flores, sus santos y símbolos, están ahí para defenderlos de los demonios que los acosan [doap_box title=»Revelaciones de una amiga: “Los espíritus le dijeron que escribiera”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Hace más de 30 años, Esmeralda […]

  • El mundo mágico con que la Primera Dama interpreta la realidad ha invadido toda la gestión de Estado. Los colores, las flores, sus santos y símbolos, están ahí para defenderlos de los demonios que los acosan
[doap_box title=»Revelaciones de una amiga: “Los espíritus le dijeron que escribiera”» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Hace más de 30 años, Esmeralda Cardenal era free lancer en LA PRENSA y cada vez que llegaba Rosario Murillo le tenía lista su correspondencia. Porque antes de ser Primera Dama, Murillo fue la asistente de Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra.

Cardenal ahora tiene 73 años y está casada con un estadounidense, y conoce muy bien el lado espiritual de la política más poderosa del país.

— ¿Cómo era Rosario Murillo cuando la conoció?

—Era otra persona. Era muy amigable, servicial, trataba de ayudar a los poetas, pintores, tenía mucha influencia con Pablo Antonio, que la admiraba y Pedro Joaquín también. Fuimos muy buenas amigas y un día me dijo que estaba enamorada de un redactor de La Prensa y yo le conté que había una bruja muy buena que había estudiado en la India, y que vendía perfumes para enamorar a la gente. Me dijo que la llevara.

—¿Adónde fueron?

—A San Isidro de la Cruz Verde, había que bajar un hoyo en el fondo. Allí tenía su casa y una finquita. Fuimos, compró un perfume. No sabía quién era el redactor.

—¿Cómo supo usted de la bruja?

—Por una amiga que me había contado, que vendía perfumes para trabajos de brujería y espiritismo. No sé si era conocida, tenía amistades esta señora, llegaba un sacerdote de Masaya. A esta señora le pagaba un sueldo mensual Somoza Debayle para que le dijera si había una revolución contra él. Tachito siempre supo todo lo que pasaba contra él, porque los espíritus de esta señora se lo decían. Eso está pasando ahora. Fuimos, compró el perfume. A los meses me cuenta que se va casar con Anuar Hassan (legendario periodista de Sucesos), me invitó a su boda civil, también fue Pedro Joaquín y Pablo Antonio. Al año exactamente se le terminó el perfume, pero cuando se casó con Anuar se sacó la Lotería, tuvieron una casa en una residencial.

Cuando se le terminó el perfume, vino el terremoto. Se le cayó su casa. El niño que tuvo con Anuar se le murió. Perdió todo lo que el perfume le dio en un año. Se le acabó la magia y ella quedó desbalanceada por todo lo que le había pasado. Nunca recobró la cordura. Su mamá le veía a sus hijos, entonces como a los meses se murió el hijo, después se murió la mamá en un accidente.

—¿Cómo describiría su personalidad?

—Ella nunca volvió a ser la misma. Estuvo descontrolada. Se fue a vivir a un barrio y allí se hizo guerrillera, sandinista, y comenzó con amistades diferentes. Pero antes de esto, me había contado que la habían mandado a estudiar a Europa y de 15 años vino a pasar vacaciones en Nicaragua y salió embarazada de (Jorge) Narváez y ella no lo quería. No se quería casar con él, pero su mamá la obligó. Su mamá fue hablar con un sacerdote de la iglesia San Antonio y el padre le dijo “no los obligue si no se quieren”. La mamá insistió y la casó. De allí nace la Zoilamérica. No funciona y se separan. Pero la mamá insiste y los vuelve a juntar y nace el segundo. Pero tampoco funcionó, entonces desapareció tres días y cuando volvió le tiró las cosas por el balcón y fue a buscar trabajo en LA PRENSA. Mucha gente cree que es muy culta, si ella llegó al colegio cuando tenía 15 años.

—Varios amigos de ellas aseguran lo contrario…

—Puede ser que hable otros idiomas. Nunca la he oído hablar ni inglés ni francés, pero puede ser porque estaba en Suiza. Pero a la escuela llegó hasta 15 años. Después se quedó en Nicaragua y no volvió.

—¿Qué le parece que está ocurriendo en Nicaragua a la luz de este personaje?

—Tiene 30 años de estar jugando en el ocultismo y espiritismo. No sé si ha continuado visitando brujas. Esta señora, la que te hablé, ya se murió. Me fui de Nicaragua en 1979 y no volví a saber de ella. Además se terminaron mis dos trabajos de periodistas en Canal 6 y LA PRENSA, y entonces ya no volví a verla. Pero andar en el ocultismo es peligroso, porque esos espíritus son demonios y se posesionan de la gente. Por eso en la Biblia está prohibido jugar con el espiritismo. Bien podría ser que está poseída. Podría ser. No lo sé, y ya no soy amiga de ella.

“Los Ceausesco”

Al psiquiatra que accedió describir la personalidad de estos gobernantes, lo que más le llama la atención es el ansia de poder, de controlar todo, un caso que se asemeja únicamente a los Ceausesco, la pareja que gobernó Rumania con mano de hierro hasta 1989 cuando, tras la caída del muro de Berlín, fueron capturados por el Ejército y ejecutados en juicio sumario, todo transmitido por TV.

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Para él, los Ortega Murillo tienen plena conciencia de lo que hacen. No se les puede exculpar, ni ellos tampoco escudarse en la supuesta esquizofrenia que se les atribuye.

“Ellos no están paranoicos, fingen que los persiguen porque conocieron el poder en los ochenta, y buscan cómo amedrentar, acusando, instigando, pero ¿en qué momento esto se puede volver una convicción? Todos corren un riesgo y esto debe analizarse”, advierte el experto.

La Primera Dama enfrenta sus miedos con símbolos. Esta noche Rosario Murillo luce 14 anillos en cada mano, siete collares y seis brazaletes. Todos de turquesa. No es casualidad, ni moda ni siquiera coquetería femenina. Todos esos “chilindrajos”, como le llama la población, son parte del arsenal con que Murillo ha decidido enfrentar los demonios. Y no sólo los propios, sino los que desde sus creencias se oponen a la misión que ella y su esposo, el presidente Daniel Ortega, tienen en el mundo.

Acaba de llegar junto al Lago de Managua, acompañando a Ortega, su marido, que entró pasada las seis de la tarde del 27 de junio de 2008 como una estrella de rock —reflectores iluminándolo y todos los ojos puestos en él— mientras se pasa de un total aburrimiento a una forzada atención, ahora que se inaugura un puerto en el Malecón de Managua.

Ortega avanza rápido, seguido de una decena de escoltas y de “Ella”, una mujer delgada, vestida de sobrio traje crema con tirantes, cabello algo rizado, dos bufandas del lado izquierdo del cuerpo, una rosada y otra roja.

Los parlantes retumban. Ortega y Murillo casi llegan a las tarimas y los camarógrafos de Canal 4, propiedad de la familia presidencial, se atropellan por filmarlos. Murillo sigue al Presidente como su guardiana, mientras dirige todo el espectáculo desde la tarima colmada de las flores y colores, que tampoco están ahí por casualidad, que tampoco son una moda y que tampoco buscan solamente adornar. Son también armas que empuña esta mujer en su batalla épica contra los monstruos de su imaginación.

Otra cosa es ver las hermosas y alegres yerberas, margaritas, aves del paraíso y los lirios colocados alrededor de la mesa para 12 personas, donde suelen sentarse Ortega y su esposa. Son otra barrera para evitar que los dañen, un baúl de creencias que empezó a bullir en ella gracias a su madre, Zoilamérica Zambrana, que jugaba a las cartas y era adivina.

Se acerca a “Ella” un hombre menudo, moreno, de unos cincuenta años, que viste camisa amarillo “pollito” y asiente repetidas veces con docilidad china, mientras recibe instrucciones. Se llama Carlos Mejicano y es un hombre clave en la organización de las tarimas, que en este gobierno “revolucionario” ha colocado como una de sus prioridades en los asuntos de Estado.

Según una fuente cercana al mandatario, enflorar las tarimas y garantizar la transmisión televisiva le cuestan al erario alrededor de un millón de córdobas por acto, sin que muchas veces se logre distinguir si son actividades del partido Frente Sandinista o del Gobierno. En lo que va del año se han producido al menos 82 de estos eventos, bautizados con el nombre de “pueblo presidente”.

Murillo y Ortega están en la tarima, bajo un rótulo enorme en que Ortega saluda con el puño en alto, masculino y viril, con un fondo fucsia muy fino para su impronta, el color favorito de la Primera Dama, que, en estos días, también adorna el Escudo Nacional rediseñado por ella y en las paredes de su hogar de la secretaría del Frente Sandinista que ahora es la Casa Presidencial.

Hay allá cerca del lago de la capital, a unos metros de distancia de la tarima principal, una silueta metálica de Sandino, similar a la diseñada por el poeta Ernesto Cardenal y colocada en abril de 1990 en la Loma de Tiscapa. Tampoco el Sandino es casualidad ni tiene sólo un significado revolucionario. Murillo, se dice descendiente de Sandino y sus amistades cercanas aseguran que “Ella” habla con el espíritu del héroe revolucionario.

La Primera Dama tiene 57 años e incursionó en múltiples religiones después que su marido perdió el poder en las elecciones de 1990. Esa mañana en que los sandinistas se levantaron y vieron desmoronarse su primer gobierno, a ella no la tomó por sorpresa porque los espíritus de su familia ya se lo habían advertido.

Hubo un golpe duro sin embargo a su psiquis y a sus creencias religiosas. Según un familiar, la derrota la interpretó como que le había fallado a sus ancestros y tras varias incursiones religiosas escribió en el 2004 lo que nombró el primer manifiesto del amor, llamando a los nicaragüenses a integrar este sentimiento a sus vidas desde una “convicción revolucionaria”. Murillo se hizo devota del gurú hindú Sai Baba y lo incorporó a su gran océano de creencias que luego fundiría con su concepción de poder.

La socióloga Sofía Montenegro, elegante e inteligente, tiene cuatro palabras para definir al actual gobierno: “Es el reino de Merlín”, asegura mientras una risotada alivia una tarde húmeda y caliente.

Las ciencias ocultas han invadido de tal forma el comportamiento gubernamental que el Movimiento de Mujeres, que hace filas en la oposición, ha discutido la posibilidad de enfrentar a Murillo en el terreno que ella más teme: el esoterismo. “Como no entiende de razón política, ni de ética, tal vez haciendo algunas ‘contras’, porque a eso ella le tiene miedo”, advierte Montenegro en su oficina, fumando un cigarrillo, mientras abre una carpeta de centenares de fotos de la pareja presidencial que guarda celosamente en su computadora.

En una de esas imágenes, que se encuentran en la página de la Presidencia, se puede ver a Murillo usando las piedras turquesas de los anillos y los brazaletes que la resguardan contra los demonios.

“Me parece llamativo que use esas piedras celestes. Como dice el dicho ‘si quieres combatir la pobreza usa un anillo de turquesa’. Le tiene miedo a ser pobre o cree que así con este rollo del pueblo presidente, si ellos son ricos entonces automáticamente el pueblo dejará de ser pobre. Eso es lo que en el pensamiento mágico se llama pensamiento por contagio”, explica la socióloga, otrora periodista de Barricada, el órgano oficial del Frente Sandinista, donde ya habían conocido a una Murillo agresiva contra los medios de comunicación.

La otra foto sí impacta: una mano a las espaldas de la pareja presidencial. Es enorme y tiene un ojo, está en el centro dentro de un círculo de colores pintado en el salón principal de la Secretaría del Frente Sandinista.

Es el símbolo Jamsa, usado tradicionalmente en el mundo árabe para protegerse de la desgracia en general y el mal de ojo. La enciclopedia Wikipedia explica más sobre el tema: “La llaman la mano de Fátima en alusión a Fátima az-Zahra hija de Mahoma y a veces ojo de Fátima, debido a que algunas versiones del símbolo incluyen un ojo. Los judíos, por su parte, con frecuencia lo llaman mano de Miriam (hermana de Moisés y Aarón) o mano cinco. La forma más extendida del símbolo es la de una mano simétrica: el dedo corazón en el centro, a sus lados el anular y el índice, un poco más cortos que el corazón e iguales entre sí y en los extremos dos pulgares, también del mismo tamaño y algo curvados hacia afuera”.

¿Qué hace una imagen como ésta detrás de “Ella”? Montenegro asegura que ese símbolo que se observa justo a la espalda del presidente Ortega cuando despacha en esa oficina, está destinado a protegerlos contra “la envidia”; la misma misión que tienen las flores y colores que se observan en las tarimas.

Montenegro, con un símbolo Jamsa original en la mano, hace notar que en la versión de Murillo las serpientes que rodean la mano con ojo han sido disimuladas con los colores de tal forma que es difícil apreciarlas. “Supongo que es para evitar la asociación con lo maligno que tienen las serpientes”, interpreta Montenegro.

No sólo los símbolos ocultan tras cada acto. Seguirle la pista a la gente que arma la infraestructura de cada evento en los barrios o en los departamentos es complicado. No hay acceso a los sitios más cercanos hasta que el show termina y decenas de policías revisan palmo a palmo el sitio, conducen a los periodistas hasta una tarima y, de allí, ya nadie puede bajar.

Eso pasa hoy 27 de junio, con la diferencia que varias lanchas se pasean en el lago de Managua detrás de donde está el gobernante lanzando vivas a Salvador Allende. Esta noche inauguran un puerto con el nombre del presidente chileno, derrocado del poder en 1973.

Al menos 50 hombres cargan el Sandino metálico, arman las tarimas y ponen las luces, indispensables porque el acto parece que empezará después de las seis de la tarde, cuando hará su entrada la estrella de rock.

Cincuenta personas como mínimo participan montando todo, más el personal de Canal 4. Arman la tarima y colocan al frente una mesa como para 12 personas, adornadas de flores. “Esto rompe con el protocolo donde las mesas de presidir son impares y máximo de siete”, explica una especialista en eventos que ha participado en la instalación de toda la parafernalia.

Atrás de la tarima se ha colocado un termo lleno de jugos naturales y botellas con agua Perrier, traídas desde un manantial de Vergèze, Francia, famoso por sus aguas con contenido natural del gas de carbón. Al agua Perrier que consume “Ella” y su esposo, le llaman “el champagne de las aguas” y está reservado para personas con alto poder adquisitivo.

También se han colocado un baño portátil, aunque generalmente son dos o más, aseguran los cercanos, y uno de ellos está destinado para ser usado sólo por “Ella”.

Quien arregla y se asegura de que todo esté como “Ella” quiere es el siempre dispuesto Carlos Mejicano. Mejicano es un antiguo trabajador de Canal 6 y Canal 4, originario de San Jorge, Rivas, que estudió en Cuba y es asistente también de Orlando Castillo en la presidencia ejecutiva del Instituto de Telecomunicaciones (Telcor), de donde supuestamente sale el dinero con que se pagan los eventos. Mejicano es un viejo conocido de Castillo, antiguo gerente de Canal 4.

Pero hoy es la sombra de Murillo. Cada instante se acerca donde “Ella”. La Primera Dama levanta una mano y allí está él. No falla. Quiere un celular y allí está Mejicano con uno en la mano.

Carlos Mejicano es muy conocido en el Mercado Roberto Huembes, de la capital, adonde varias diputadas llegaban a comprar flores, a nombre de la Primera Dama cuando ella aún no estaba en el poder.

Los arreglos de la Presidencia los maneja ahora la floristería Monalisa, en Los Robles, ubicada en una casa sencilla, color crema, donde de la puerta se pasa a un escritorio y se llega a la administradora, una mujer de más de 60 años, pequeña y morena.

Quien se entiende con ella es Mejicano, dicen las floristas del Huembes, pero ella se niega a hablar cuando un equipo de Domingo la visita en su oficina. Tiene hijos, una madre anciana. “No me está permitido hablar”, dice. La dueña de la floristería es Gloria Álvarez, amiga de Murillo desde hace años.

El mecanismo de funcionamiento del negocio lo maneja bien Ivania Estrada, dueña de la floristería Aster en el Huembes. Monalisa provee de flores a la Primera Dama, la mayoría nacional como margaritas, yerbera, aves del paraíso y claveles, pero algunas veces se deben traer lirios, porque hay algunas variedades que sólo se pueden conseguir en Costa Rica.

“Nosotros le trabajábamos a ella —explica con tristeza esta mujer—. No me gustaría mencionar a la diputada. Antes que treparan a la Presidencia y si tenían muertos en la Asamblea, le mandábamos las coronas. Aquí venían diputadas a nombre de doña Rosario. Algunas veces nos pagaban ellas o en la Asamblea Nacional, pero eso era antes. La última vez, fue hace como dos o tres años, le adornábamos la tarima del Repliegue en el mercado. Dejamos de trabajarle. Era otro nivel y ellos tenían su propia gente que le organiza los eventos, tienen una persona encargada, no va ella, sino a través de él, miran el tipo de arreglos que se va usar. Le dicen el Mejicano”.

¿Cómo pagan ahora los arreglos? Una fuente muy cercana a la familia presidencial asegura que la clave es una empresa, registrada en grandes contribuyentes del Estado, cuyo número RUC es el 1204059485.

Publicidad y Promoción Digital es propiedad de… vaya casualidad… de Mejicano, el asesor de Murillo, pero también están allí la periodista Milagros Hernández (cuñada del asistente) y Julio Largaespada, ex contador de Canal 4.

¿De dónde sale el dinero? “Es un hecho que no sale de la Presidencia —dice la fuente—, sino de Telcor donde está el antiguo gerente de Canal 4 (Orlando Castillo) y un hombre de confianza de Murillo y amigo de Carlos Mejicano. Eso lo manejan directamente ellos, ese trato no lo maneja nadie más”.

Cuando se le pregunta, Mejicano lo niega. Dice que no le trabaja a Telcor, aunque en febrero del año pasado apareció de asistente de la presidencia de Castillo entregando al menos 56 cartas de despido a los trabajadores.

“No veo nada malo que uno tenga un negocio natural”, dice por teléfono Mejicano que el 27 de junio atendía en todo a su jefa, junto al frecuentemente apestoso Malecón de Managua. El director de la portuaria, Virgilio Silva, lee un informe. Tras el discurso, Mejicano desaparece, no se le ve en la cámara. Allí están los protagonistas: Ortega, Murillo, algunos miembros del gabinete y la Embajadora de Chile, Natasha García. Atrás, se ve al policía chapa número 10812, un moreno de contextura media, al que los periodistas reconocen como el oficial que carga tazas, servilletas y botellas de agua Perrier, que fueron cubiertas frente a las cámaras con servilletas de colores, tal vez porque los medios de comunicación y la oposición han comenzado a criticar la vida de sibarita que se dan estos representantes de “los pobres del mundo”.

Retumban otra vez los parlantes, la mirada de Ortega y su esposa se topa con la lejanía. Pose beatífica desde las dos pantallas colocadas en el parqueo mientras transmite Canal 4.

Vuelve a sonar: “Dame una F… F, de Fuerza Insobornable”, y la gente la canta en esta tarde, pese a la oposición de Carlos Mejía Godoy al que le confiscaron La Consigna.

La única diferencia esta tarde es un olor marcado a incienso en este lugar de eterna podredumbre porque allí van a parar los excrementos de los capitalinos.

Los simpatizantes alzan el puño y suben la voz al escuchar el arreglo de Raúl Martínez, de la Camerata Bach, pero de pronto… los chayules fastidian a los presentes. Ortega acelera su discurso. Se compara con Allende, también perseguido por la derecha. Acusa a Estados Unidos, pero acaba contradiciendo sus propias acciones porque él se acaba de reunir y pasear por las isletas de Granada con el secretario de salud pública de “los enemigos de la humanidad”, como ha llamado siempre a los estadounidenses.

Cita unas palabras de Allende, se queda pegado. A la duda le pregunta a la embajadora chilena: ¿Es así? Y ella aprueba. Vendrán los aplausos y la rutina vuelva a empezar para los trabajadores de la pareja presidencial que, escuchaban el discurso, y ahora deben desarmar las tarimas, cargar los termos y empezar a desmontar el andamiaje.

Mejicano dice que son apenas ocho y posiblemente Domingo confundió a los 50 trabajadores, que rodean la plaza desde antes de comenzar la actividad, “con simpatizantes del partido”, según él. La noche del 27 de junio, el puerto junto al lago se vacía rápidamente. Unas mujeres sin embargo se toman un tiempo para arrancar algunas margaritas de la tarima para llevarlas a sus casas. Lejos de su jefa, el asistente de Rosario Murillo volverá a su vida. Al fin y al cabo, tiene derecho a una.

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