Cada vez más las familias pequeñas ganan espacio en Nicaragua. Están formadas por padre, madre, uno o dos hijos, aunque por supuesto hay hogares que tienen tres y más vástagos.
Atrás han quedado las extensas familias urbanas y rurales de hasta 10 y 12 hijos que eran premiadas en la década de los años cincuenta y sesenta, cuando nuestras abuelas se dedicaban a las labores de las casas y la crianza de los hijos.
El censo del 2005 que realizó el Instituto Nicaragüense de Estadísticas y Censos (ahora Instituto Nacional de Información de Desarrollo Inide) señala que existen 1,045,292 hogares de ellos los compuestos por cuatro personas representan 204,714 y los compuestos por nueve personas son 34,287 y los de 10 y más personas son 54,871.
En tantos datos de la Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud (Endesa) 2006-07 refleja que en el país existe una Tasa Global de Fecundidad de 2.7 hijos en promedio por mujer.
Sin duda alguna este contexto social permite a las mujeres asumir otras funciones distintas de la maternidad, sin abandonar esta última.
Las causas
Ligia Arana García, Máster en Género y Desarrollo y directora del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género (PIEG) de la Universidad Centroamericana (UCA), precisa que en términos generales este fenómeno atiende a modelos específicos de desarrollo que se han ensayado en América Latina desde la década de los años sesenta, para que los países puedan satisfacer las necesidades cada vez más creciente de las poblaciones . Son modelos de desarrollo que han tenido un énfasis en lo económico a nivel mundial.
Arana García indica que el modelo antipobreza y otros modelos hacen énfasis en la reducción de la tasa de natalidad, porque según este modelo el crecimiento demográfico era proporcional a la pobreza. Hubo un momento en que a las mujeres se les vio como las culpables de la pobreza por ser las que tienen la capacidad de producir vida a través de su propio cuerpo, pero el meollo del asunto está en la pésima distribución de la pobreza en el mundo, sólo recordemos que los países latinoamericanos han sido ricos en recursos naturales.
Es a partir de los años sesenta que se introduce en el imaginario social y en la mentalidad de las personas la necesidad de reducir el número de hijos por familia.
Esto es una lógica demográfica que señala que tener una familia con menos miembros es mejor en términos de sobrevivencia, pero la verdad es que no ataca las raíces de la pobreza, porque ese modelo económico no coloca al ser humano en el centro del asunto, comenta Arana García.
Para la especialista del PIEG, estos modelos ven a la mujer como un instrumento de desarrollo y no como sujeto de desarrollo y choca con prácticas socioculturales muy influenciadas por la Iglesia, que no acepta las medidas anticonceptivas que eviten los embarazos.
Espacio laboral
Las mujeres en Nicaragua trabajan, independientemente que sean profesionales o no, ellas producen riquezas desde todos los ángulos, y al tener menos hijos tienen más facilidad para insertarse en el campo laboral, precisa Arana García.
Según la encuesta de medición del nivel de vida del 2005 presentado por el Inide indica que un 40 por ciento de las mujeres son jefas de hogar; eso significa que están en el ámbito público resolviendo la sobrevivencia de la familia tanto en el trabajo para cubrir las necesidades básicas, pero en el ámbito privado realizan otra jornada laboral que tiene que ver con la crianza y el hogar. Es por eso que al tener más información optan por tener menos hijos.
Para la estudiosa, en el caso de la mujer profesional por manejar más información opta por tener menos hijos, porque ellas no sólo se ven realizadas como madres sino como profesionales, es decir en otras esferas de la vida.
Para ser feliz
En tanto para la sicóloga María Lourdes Ruiz, la cantidad no es lo más importante, sino la calidad de las cosas. Esto se puede aplicar a todas las situaciones, incluso el hecho de tener o no una familia grande o pequeña. Algunas personas creen que tener muchos hijos los hará más felices, otros por el contrario piensan que entre menos hijos podrán tener más comodidades y ser más felices, pero mucho cuidado, porque en ambas situaciones hay aspectos convenientes e inconvenientes.
Para la sicóloga lo más importante no es tener familias grandes o pequeñas sino inculcar valores cívicos y morales.
Es importante enseñarle a los hijos a colaborar en el hogar desde pequeños, a valerse por ellos mismos, cuidar y respetar a otras personas y al medio ambiente, indica.
Recomienda a los padres no demostrar preferencia por ninguno de los hijos, evite el favoritismo, eso causa conflicto.
Otra de las recomendaciones de la sicóloga es enseñarle responsabilidades a los hijos desde pequeños. La distribución del trabajo se debe hacer de acuerdo con las edades, si las edades son parejas pueden rotar las labores.
Es importante comunicarse con cada uno de los hijos al final del día. Que hagan un resumen de sus actividades, logros y dificultades.
No importa si su familia es pequeña o numerosa lo importante es inculcar en sus hijos valores y compartir tiempo de calidad, señala sicóloga
Cuidados al tener pocos hijos
Es cierto que en estos tiempos tan difíciles se les puede brindar mayor oportunidades a los hijos en cuanto a estudios y otras condiciones.
También es cierto que facilita a los padres dedicar el tiempo a sus hijos y trabajar.
Pero a veces es posible caer en la sobreprotección de los hijos cuando son pocos y consentirlos demasiado hasta convertirlos en personas individualistas.
No se necesita tener muchos hijos o pocos hijos para inculcar valores positivos.
El tamaño de la familia no es determinante para tener un hogar feliz, sino que dependerá de los valores que se les transmita con el ejemplo y la enseñanza.
Es importante enseñar a los hijos el valor de las cosas y cómo cuidarlas. También es importante enseñarles a compartir con sus hermanos lo que poseen, lo mismo con las personas menos favorecidas.
No los llene de objetos materiales innecesarios.
Siempre madres
Aunque cada vez más mujeres se insertan en el ámbito laboral su papel en el hogar no cambia
Hasta en un 90 por ciento las mujeres mantienen la responsabilidad de la crianza y cuidado de los hijos y el hogar. Eso ha significado una doble y triple jornada, por eso tienen conciencia de controlar la natalidad haciendo uso de diversos medios. Por su parte los hombres aún no toman conciencia de la responsabilidad que tienen en la crianza de los hijos, afirma Ligia Arana García, directora del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género y Desarrollo de la UCA.
