- Grupo cubano se destacó en el XIV Festival Internacional de Teatro
Con ocho premios bajo el brazo, el grupo cubano Teatro de la Luna arribó a Managua para participar en el XIV Festival Internacional de Teatro.
Integrado por jóvenes talentos Teatro de la Luna surge en 1997 en el Teatro Nacional de La Habana como resultado de la búsqueda estética de su director Raúl Martín, egresado de Dirección Teatral en el Instituto Superior de Arte (ISA). Raúl había estado en compañías grandes y de prestigio como Irrumpe de Roberto Blanco y el grupo El Público.
Con un trabajo de pequeño formato, su sentido esencial descansa en el trabajo del actor pues se explora lo musical, lo coreográfico pero con otro sentido, muy a la manera cubana, según nos afirma su director.
¿Raúl, por qué se llaman Teatro de la Luna?
El nombre lo heredamos de un actor cubano llamado Joel Cano, él hizo la obra Fábula del Insomnio, el proyecto se llamaba Teatro de la Luna y era una extensión del Teatro del Sol de Francia. Me enamoré del nombre, pues la luna tiene un misticismo extraordinario, es el símbolo de muchas creencias, y como mi única creencia es el teatro por eso lo pedí prestado como un homenaje a Joel Cano, es un nombre medio juguetón pues queremos usar el humor pero con una crítica.
¿Ser críticos no les ha traído problemas en Cuba?
Para nada, de entrada el teatro tiene mucha más libertad que la televisión o el cine. Los personajes de Delirio Habanero son alienados, pero representan aspectos de la realidad cubana actual. Hay un nivel de subversión, propio de Alberto Pedro, quien siempre ponía el dedo en la llaga, por ejemplo esta obra se la encomienda la Fundación Pablo Milanés (ya desaparecida) en 1994 a Alberto Pedro, como un homenaje a Celia y Benny Moré (Celia Cruz no se escuchaba en Cuba) y a él se le ocurrió la fábula maravillosa de estos tres locos.
La obra crea una complicidad con el espectador, es polémica, en tanto lleva al escenario, al dominio público a una artista cubana censurada, pero al mismo tiempo emociona, es una reflexión que signa al espectador. Incluso la hicimos porque nos explicamos mucho a través de esta obra. Los actores se confesaron al identificarse con sus personajes pues es una realidad que nos toca a todos.
Patria y patriota no son sólo los que están en Cuba sino en cualquier parte del mundo, nos une la música, la cultura, la tradición, estos personajes al final todos se reconcilian porque no hay allá ni aquí, todos somos cubanos. Las autoridades cubanas han visto la obra y les ha gustado.
¿Cómo se prepararon para el montaje?
Vimos vídeos de Celia y de Benny, hicimos una rigurosa selección de las canciones de Celia. Recibimos clases de canto, recuerda que los actores no doblan, ellos cantan en vivo. Por ejemplo Laura de la UZ es una excelente cantante, Liván también canta. Recuerda que los actores no se disfrazan, ellos son blancos y no se pintan de negro ni nada, se apoyan en la gestualización, la forma de caminar, bailar y desplazarse de estos artistas cubanos.
Tuvimos asesoría de una siquiatra, ella diagnosticó a los personajes. Todos son megalómanos (delirio de grandezas), pero además padecen otros trastornos: el personaje que se cree Celia Cruz padece de delirio de persecución, cree haber regresado clandestina del exilio por un punto de la costa Norte, el barman es obsesivo compulsivo y el Benny es alcohólico, oye las voces de cinco rumberos famosos.
