LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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El interés de votar

La encuesta de M&R sobre la elección municipal de Managua que se llevará a cabo el domingo 9 de noviembre próximo —acerca de la cual informó LA PRENSA en su edición de ayer—, ofrece el mismo dato que dio la encuesta de CID-Gallup también realizada en el mes de octubre corriente, en el sentido de que un 29 ó 30 por ciento del voto permanece oculto, indeciso o como potencial abstención. En cuanto a la preferencia de voto por el demócrata liberal Eduardo Montealegre o por el candidato orteguista Alexis Argüello, hay cierta diferencia en las encuestas, pues CID-Gallup dio a Argüello 37 por ciento y 32 por ciento a Montealegre, mientras que la medición de M&R da 36.4 por ciento al candidato de la alianza PLC y 32 por ciento al del FSLN. Sin embargo, sumando los resultados de ambas encuestas lo que dan es un empate, con Argüello promediando 34.5 por ciento y Montealegre 34.2 por ciento de la intención de voto.

En todo caso, las dos encuestas indican que la próxima elección municipal de Managua se decidirá por cómo se defina el porcentaje de votos hasta ahora oculto, indeciso o abstencionista. A este propósito resulta oportuno recordar que en las elecciones municipales de Managua de hace cuatro años, fue la división de las fuerzas democráticas la que dio el triunfo al FSLN. En aquella oportunidad la abstención fue bastante alta, pero esto sólo facilitó la victoria electoral sandinista pues lo fundamental fue la división del voto. Lo mismo ocurrió en la elección del Alcalde de Managua en el año 2000, cuando el candidato sandinista Herty Lewites (q.e.p.d.) se impuso sobre los dos aspirantes de los partidos democráticos, liberal y conservador, que se presentaron divididos, en casillas separadas.

Cabe recordar que la abstención en las municipales del 2004 en Managua fue de 47 por ciento, pero ahora, según la encuesta de M&R publicada ayer, sólo un 15.9 por ciento de los electores dice expresamente que no va a votar. Seguramente que ya en la votación del próximo 9 de noviembre la abstención real será mayor que el 15.9 por ciento que señala esta encuesta, pero en todo caso tendrá que ser mucho menor que la abstención de hace cuatro años. Y será también menos que la abstención del año 2000, cuando el sandinismo ganó la Alcaldía de Managua por primera vez con un candidato muy bien calificado, como era Herty Lewites, cuando el FSLN aún no se había convertido en un instrumento político subordinado a los intereses particulares de Daniel Ortega y su familia, como lo es ahora.

Ahora bien, de la lectura de estas encuestas se puede deducir que la mayoría de la población está cobrando conciencia de que las municipales del 9 de noviembre no serán unas elecciones comunes y corrientes. Cada vez más ciudadanos saben que ahora no se trata simplemente de escoger al individuo que podría ser el mejor gerente municipal, sino que con sus votos pueden avalar o rechazar el proyecto de restauración de la dictadura con el que está amenazando Daniel Ortega, quien pretende fortalecerlo con una victoria en las elecciones municipales. Y saben también, cada vez más ciudadanos conscientes, que absteniéndose o anulando sus votos le ayudarían a Ortega a conseguir su avieso objetivo.

Por otra parte, mucho se ha venido hablando de que el orteguismo quiere realizar un fraude el 9 de noviembre para robarse las elecciones. Pero la votación masiva de los ciudadanos democráticos es el mejor antídoto contra el veneno del fraude. Según expertos electorales, si la diferencia entre el candidato democrático es de cinco o más por ciento sobre el candidato orteguista, sería sumamente difícil, por no decir imposible, hacer y justificar un fraude. Con esa diferencia el orteguismo tendría que hacer lo que hizo el somocismo en la elección presidencial de 1947, cuando efectivos de la Guardia Nacional secuestraron las urnas y los votos fueron contados en Casa Presidencial por los somocistas, quienes invirtieron el resultado y dieron la victoria al candidato oficialista, que en realidad había perdido la votación.

De manera que aunque se escuchen en el ambiente electoral voces que predican la abstención, llaman a anular el voto y menosprecian el significado de las votaciones del 9 de noviembre próximo, la mayoría está clara de la importancia fundamental de esta decisión. Y ninguna persona que quiere ser libre, vivir en democracia y progresar en paz y con dignidad debe de abstenerse de votar el 9 de noviembre.

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