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El Ejército colombiano es blanco del escrutinio público luego que varios altos oficiales fueron destituidos. El presidente Álvaro Uribe apoya a las fuerzas armadas. (LA PRENSA/ARCHIVO)

Uribe apuestapor el Ejército

Tras varias destituciones, fuerzas armadas colombianas son blanco de ataques de la oposición [doap_box title=»Liberar a secuestrados» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La indígena Nancy María Trujillo Yucuna, elegida como la Mejor Policía de Colombia en la categoría “apoyo a la comunidad” por su trabajo en la oficina de derechos humanos, pidió a los guerrilleros liberar a todos […]

  • Tras varias destituciones, fuerzas armadas colombianas son blanco de ataques de la oposición
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La indígena Nancy María Trujillo Yucuna, elegida como la Mejor Policía de Colombia en la categoría “apoyo a la comunidad” por su trabajo en la oficina de derechos humanos, pidió a los guerrilleros liberar a todos los secuestrados.

La subintendente Trujillo Yucuna, descendiente de un linaje de caciques, consideró que nada justifica que un puñado de seres humanos sigan privados de la libertad en lo “más adentro de la madre selva”.

Respaldo total

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Sin embargo, Presidente insiste en que el Ejército es fundamental para la política de seguridad democrática

Los militares colombianos cuentan con el respaldo del presidente Álvaro Uribe, quien sustenta en ellos el cumplimiento de su promesa electoral de derrotar a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a la que en efecto le han propinado contundentes golpes que la han debilitado. Además, son la “punta de lanza” de la política de seguridad democrática que impulsa.

El Ejército colombiano quedó esta semana en la picota tras la destitución de tres generales y otros 24 militares por violación de derechos humanos, lo que fue aprovechado por la oposición para reclamar, una vez más, la renuncia del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

La salida de los militares fue anunciada el miércoles por el presidente Álvaro Uribe, cuyo gobierno enfrenta el escrutinio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en materia de derechos humanos.

A los uniformados se les imputa responsabilidad “por acción u omisión” en la muerte de unos once jóvenes que habían desaparecido de sus hogares en un sector humilde del sur de Bogotá, y que fueron presentados como muertos en combate contra el Ejército, presumiblemente para reclamar éxitos militares.

Tras la “poda” en el mando castrense se desató una ola de denuncias de casos similares en otras regiones, que señalan un centenar y medio de muertes, según parientes de las víctimas y de organizaciones no gubernamentales.

Aunque la decisión supone la mayor purga en el Ejército en los seis años de gobierno de Uribe, los tres generales dijeron respetarla, si bien negaron las acusaciones.

Los militares han contado con todo el respaldo de Uribe, quien sustenta en ellos el cumplimiento de su promesa electoral de derrotar a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a la que en efecto le han propinado contundentes golpes que la han debilitado.

Con el fin de estimular la eficacia en esa lucha, el Gobierno implementó una política de incentivos y beneficios para los uniformados que mostraran mejores resultados, lo que para la oposición política es la causa de las violaciones.

En tal sentido se pronunció el jueves el fiscal general, Mario Iguarán, quien le pidió al Gobierno revisar la estrategia puesta en marcha en 2005, preguntándose si el “afán por el positivo y el ansia por la recompensa está generando estos oscuros sucesos”.

La oposición, tanto del izquierdista partido Polo Democrático Alternativo (PDA), como del socialdemócrata Liberal, le atribuyen al ministro Santos la principal responsabilidad por la muerte de los jóvenes.

“Uno se pregunta por qué el ministro de Defensa se muestra poco acucioso para asumir su responsabilidad”, declaró el presidente del PDA, Carlos Gaviria.

Por su parte, el senador liberal Juan Fernando Cristo, al recordar a Santos un debate legislativo por otras denuncias sobre montajes del Ejército para presentar supuestos resultados en la lucha contra los grupos ilegales, dijo que “debe dejar el cargo”.

Pero Uribe salió en defensa de su ministro declarando en el marco de la XVIII Cumbre Iberoamericana de El Salvador, que resulta injusto que “ahora se pida la cabeza de quien está luchando para que Colombia tenga una política de seguridad democrática más confiable”.

La seguridad democrática —como Uribe denomina la estrategia contra las guerrillas y los grupos paramilitares de extrema derecha—, se ha convertido en su obsesión, deslizando que sólo desistirá de una segunda reelección si su sucesor garantiza la continuidad de esa política.

Y a juzgar por otra declaración que formuló en El Salvador, no está dispuesto a aflojar, sino que por el contrario demandó más resultados a los militares, cuestionando si acaso éstos protegen a reconocidos narcotraficantes que ordenó capturar.

“Voy a preguntar especialmente a la División del Ejército en Villavicencio (centro) si es capaz de capturar al ‘Loco Barrera’ o si es que lo está protegiendo”, dijo, en una declaración que tiende un manto de duda sobre las tropas.

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