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Cuando Magdalena Domingo Ramírez López se mudó a esta ciudad de Carolina del Sur, hace casi dos años para trabajar en una planta procesadora de pollos, se sintió como en su casa.
Los fines de semana, el barrio vecino de la planta The House of Raeford se llenaba con los sonidos de música salsa y los aromas de la comida de su Guatemala natal. La mujer de 29 años iba de compras con sus tres hijos a las tiendas cercanas que abastecen a los inmigrantes hispanos, algunos ilegales en el país, otros no.
Las imágenes y los sonidos le recordaban a Ramírez López su país, y ella se sentía feliz de vivir en Estados Unidos, un lugar que le ofrecía una vida mejor para su familia.
Pero esa felicidad se disipó de un golpe el 7 de octubre, cuando agentes federales realizaron una redada en la planta, arrestaron a 330 presuntos indocumentados, seis de ellos adolescentes, cerrando efectivamente la instalación y desgarrando a una comunidad muy unida.
Ramírez López fue arrestada y podría ser deportada, como sucedió con su esposo hace dos años.
“Toda mi vida ha cambiado”, dijo Ramírez López, con lágrimas en las mejillas. “No quiero regresar. Mis hijos están mejor aquí. Mi país (Guatemala) es muy pobre; no hay nada allá”.
En respuesta a sus pedidos, una portavoz del Servicio de Inmigración y Aduanas dijo solamente que los arrestados estaban violando las leyes de Inmigración.
Un día después de la redada, las familias esperaban por noticias de sus seres queridos en centros de detención. Mientras tanto, calles y negocios estaban vacíos porque quienes no fueron detenidos permanecen en sus casas, temerosos de que regresen los agentes federales.
Apenas días antes, trabajadores de la planta avícola llenaban las calles de los barrios alrededor de la planta.
La transformación de la comunidad fue lenta pero continua durante los últimos 15 años, a medida que los recién llegados reemplazaban a los trabajadores negros y blancos.
Los residentes del barrio que estaban al tanto de los cargos federales contra supervisores de plantas, acusados de ayudar a inmigrantes sin papeles a falsificar documentos, no pensaron que los problemas les alcanzarían.
Después de todo, ellos estaban aquí para dar a la planta largas horas de trabajo pesado, y a los funcionarios locales no parecía importarles. Ese pensamiento probablemente era compartido por inmigrantes en comunidades de todo el país, incluidos estados en el sur, Iowa y Nueva York, que han sido atrapados en redadas similares del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
COMIÓ HASTA TIERRA
Ramírez López creía que estaba a salvo. Pero pasó la mayor parte del día siendo interrogada por agentes federales que le tomaron sus huellas dactilares. En cualquier momento podría ser enviada de regreso a Guatemala. Sus hijos, de 4, 5 y 6 años de edad, nacieron en Estados Unidos.
“Lloré todo el tiempo que estuve con los policías. Seguía pensando en mis hijos; en que ya no los vería nuevamente”, comentó.
Ella salió de Centroamérica porque no quería que su familia viviese en un lugar en el que ella estaba tan hambrienta que a veces tuvo que comer hierba y tierra.
“Vine a Estados Unidos a trabajar. Vine en paz. Lo que quería era ayudar a mis hijos a crecer en un lugar mejor. Ahora todo eso se esfumó”, dijo Ramírez López.
House of Raeford procesa pollos y pavos en ocho plantas en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Luisiana y Michigan. La planta de Greenville y sus casi 900 trabajadores han estado bajo escrutinio durante casi un año, mientras las autoridades locales investigaban denuncias de que la compañía contrató a sabiendas a inmigrantes sin papeles. Once supervisores de la planta y el director de recursos humanos han sido arrestados, más por falsificar documentos de Inmigración.
La compañía emitió una declaración diciendo que nunca contrató a sabiendas a indocumentados y que estaba cooperando con las autoridades.