Una de las más importantes experiencias que ha dejado la campaña electoral que culminó ayer, es la demostración de que es posible una verdadera reconciliación de los nicaragüenses, si se promueve en un marco democrático, en un ambiente de libertad y en una base de respeto a la identidad de cada uno de los reconciliadores y reconciliados.
En realidad, nadie había planeado que para estas elecciones municipales se crearía una amplia alianza democrática, que derecha e izquierda se abrazarían para enfrentar la amenaza de restauración de la dictadura y para defender juntas los principios, los valores y las instituciones de la libertad y la democracia.
Haciendo un poco de historia, después de los Acuerdos de Esquipulas de agosto de 1987 se creó la Unión Nacional Opositora (UNO), en la que se aglutinaron partidos de todas las corrientes ideológicas, desde los comunistas hasta los conservadores. Algunos años antes, al comenzar la etapa final de la dictadura somocista se había organizado la Unión Democrática de Liberación (Udel), bajo el visionario auspicio y liderazgo del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal; y después de su asesinato se formó el Frente Amplio Opositor (FAO), que unió a la progresista Udel con la derecha democrática.
Pero a excepción de Udel, que se formó sobre una base de principios y valores compartidos, las otras amplias alianzas pluralistas fueron creadas sólo por el interés común de desalojar del poder a las dictaduras y la conveniencia de tener un sistema político en el que cada partido tuviera la posibilidad de tomar el poder por la vía electoral. Sin embargo, ahora, la amplia unidad democrática que poco a poco se fue forjando a medida que se desarrollaba la campaña electoral municipal, si bien es cierto que también se creó por conveniencias partidistas e inclusive personales, también es verdad que se ha cimentado en una clara convergencia de principios. Ciertamente, es una realidad que mientras la derecha democrática ha comprendido y respeta las razones de la izquierda moderada, ésta ha identificado como propios valores que siempre se habían considerado como patrimonio de la derecha. De manera que lo que procede hacer después de esta campaña electoral municipal, es consolidar la alianza democrática que se formó de hecho, y estructurar la poderosa fuerza unitaria que se necesita para derrotar, primero la trama pactista de la reforma constitucional para la reelección o la continuidad de Daniel Ortega en el poder, y después para vencer al orteguismo en la gran contienda electoral nacional de 2011.
Sin embargo, hay que estar claros de que para forjar la nueva gran unidad democrática que entre otras metas fundamentales promovería una auténtica reconciliación nacional, se debe reconocer que el Frente Sandinista, con Daniel Ortega a la cabeza o sin él, debe ocupar en la sociedad el lugar que verdaderamente le corresponde por su arraigo y real influencia política y social. Lo que no se puede admitir es que el FSLN tenga más poder que el que legítimamente le corresponde, de acuerdo con su caudal electoral, que es la única medida válida y aceptable para la distribución de las cuotas de influencia en las estructuras políticas del Estado.
Ninguna fuerza política, aunque sea mayoritaria pero mucho menos si es minoritaria, tiene derecho de eliminar a las demás, ni siquiera de intentarlo. La tolerancia, el respeto de lo que a cada quien le corresponde en el ámbito político nacional, es la base y única condición posible, viable y eficaz de la reconciliación nacional.
En Nicaragua, siempre o nadie sabe por cuánto tiempo habrán liberales y sandinistas, conservadores y socialistas, social cristianos y social demócratas, así como mucha gente sin partido. Y todos estamos “condenados” —por así decirlo— a vivir en el mismo país hasta el fin de nuestros días. De manera que tenemos que entendernos para poder convivir de manera pacífica y constructiva, en un ambiente de respeto recíproco y bajo una normativa que permita a todos competir políticamente con lealtad y en pie de igualdad legal, respetando el Estado de Derecho.
Sólo así puede haber una verdadera reconciliación nacional en Nicaragua. Lo demás es palabrería demagógica sobre reconciliación y amor que hablan caudillos políticos autoritarios y corruptos, mientras odian al adversario y tratan de eliminarlo por medio de la fuerza bruta y la represión institucional.