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Washington, especial para la prensa
Los países del continente americano, con la excepción de Venezuela, respondieron ayer con un contundente rechazo al pedido de Nicaragua de condenar no sólo la “injerencia” de Estados Unidos en sus asuntos internos —en particular el proceso de elecciones municipales— sino también a su intento de asociar al secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, con lo que denominó como una “campaña sistemática” contra el gobierno del presidente Daniel Ortega.
Durante una reunión del consejo permanente de la OEA celebrada en la sede del organismo en Washington, el embajador nicaragüense, Denis Moncada, presentó incluso un proyecto de resolución (que después retiró) que incluía un “llamado al gobierno de Estados Unidos” para que “cese en su actitud injerencista” en Nicaragua.
También incluía una propuesta para “recordarle” a la Administración norteamericana que se “abstenga” de “utilizar la presión económica” o “recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza” contra Nicaragua.
Moncada despertó gestos de asombro cuando leyó el tercer punto de su proyecto de resolución: “Recordarle al secretario general” Insulza que “no se extralimite en sus funciones”.
Al “coro de injerencia” denunciado por Moncada le respondió un verdadero “coro de apoyo” a Insulza, probablemente el más popular de los secretarios generales de la OEA de las últimas décadas. Comenzó el embajador de Honduras, Carlos Sosa, quien aseguró que su país “reitera su confianza” en Insulza y “se niega de denostarlo de cualquier manera”.
Luego se sumaron, entre otros, la embajadora de Perú, María Zavala, quien dijo “valorar los esfuerzos” del secretario general en favor de la democracia en la región, y su colega de El Salvador, Luis Menéndez Castro, quien pidió “superar cualquier falso debate” sobre la integridad de Insulza.
A la presentación del proyecto de resolución de Moncada, el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Héctor Morales, contrapuso uno propio, en el cual diplomáticamente solicitó que la secretaría general “explore”, junto al Gobierno de Nicaragua “y otros sectores de la comunidad política” algunas “acciones que apunten a un proceso de revisión de los resultados” de las elecciones del 9 de noviembre, contestadas por los partidos opositores. Morales urgió además una “resolución pacífica de la situación electoral vigente”.
El intento de Morales de imponer una “revisión” de los resultados electorales nicaragüenses con la participación de la OEA y otros protagonistas del escenario político de Nicaragua también fue ampliamente rechazado por los embajadores americanos en la reunión de este jueves.
Pero la apuesta norteamericana, que también pecó de problemas de cálculo político, no evitó que Moncada tuviera que escuchar una larga serie de discursos que defendieron a Insulza o la capacidad de la OEA de reclamar a los gobiernos de los países del continente que garanticen elecciones “libres y transparentes”.
“Si hubiera apuntado solamente contra Estados Unidos y no se hubiera metido con Insulza, la reacción habría sido distinta”, estimó una fuente de la OEA, que pidió mantener el anonimato, en conversación con LA PRENSA.
Solamente el embajador de Venezuela, Roy Chaderton, expresó un “apoyo total” a la posición de Nicaragua. Incluso países considerados dentro del grupo de la izquierda latinoamericana más o menos cercana al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reclamaron, aunque con matices, respeto a la democracia y algún tipo de entendimiento a través del diálogo entre el Gobierno y los partidos políticos de Managua.
“Cada país tiene que poder elegir los sistemas económicos y sociales que prefiera”, dijo por ejemplo el embajador de Ecuador, Efrén Cocíos, quien luego llamó al “diálogo y la concertación” en un marco de “respeto a la institucionalidad” nicaragüense. El representante de Paraguay, Manuel Cáceres, reiteró su confianza en Insulza y citó al recientemente electo presidente de esa nación sudamericana, Fernando Lugo, quien “agradeció” en su momento la presencia de los observadores electorales de la OEA en Asunción.
Hasta el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien visitó la OEA el miércoles de esta semana, pidió a la organización continental que lo “ayude” a llevar adelante con éxito el proceso de reforma constitucional, recordó Cáceres marcando una implícita diferencia con el rechazo del Gobierno de Nicaragua a la presencia de observadores internacionales en las elecciones del 9 de noviembre.
En ese sentido, cuando le tocó el turno de hablar, luego de la ronda de mensajes que defendieron su gestión y los atributos de la organización, Insulza le recordó a Moncada que la presencia de observadores electorales, entre ellos los de la OEA, en los comicios presidenciales del 2006, fue precisamente “esencial para reconocer la victoria” de Ortega, que fue estrecha en los números, pero obtuvo rápida legitimidad institucional.
“Después de tanto tiempo de vida política, de tantos años en el exilio… ¿quién puede creer que me voy a meter en un complot para desestabilizar un país?”, se preguntó Insulza, quien admitió que le resultó “un poco doloroso” escuchar las acusaciones de Moncada, según el cual el chileno “se está convirtiendo en un mensajero oficioso de sectores interesados en continuar pretendiendo descalificar y desestabilizar” al gobierno de Ortega.
Insulza gastó poco tiempo en responder a esas acusaciones y prefirió concentrarse en destacar el “tesoro” de América: que todos los países representados ante la OEA cuentan con gobiernos democráticamente elegidos. Se trata, dijo el secretario general, de “un tesoro que todos los gobiernos representados tenemos la obligación de defender”.
“Cualquier expresión que se me atribuya”, como su comunicado sobre la “preocupación por las dificultades” electorales en Nicaragua, “van en ese sentido”, aseguró. Al final, para cerrar la sesión, Insulza pidió “que le demos tiempo” a los nicaragüenses “para que resuelvan este diferendo entre ellos”.