LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Ortega sufre granderrota en la OEA

[doap_box title=»El doble juego de Ortega en Washington» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El duro ataque nicaragüense de ayer contra Washington durante la sesión del consejo permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue una nueva expresión de una de las caras de la posición de Managua ante su antigua némesis. Pero el otro lado de […]

[doap_box title=»El doble juego de Ortega en Washington» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El duro ataque nicaragüense de ayer contra Washington durante la sesión del consejo permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue una nueva expresión de una de las caras de la posición de Managua ante su antigua némesis. Pero el otro lado de ese rostro enojado es, llamativamente, unos cada vez mejores lazos comerciales con Estados Unidos y hasta una muy buena relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Bajo la presidencia de Daniel Ortega, “Managua y Washington tienen una relación complicada”, señaló a LA PRENSA el experto Michael Shifter, del Inter American Dialogue, el centro de estudios de la capital norteamericana. “Hay una enorme tensión política y desconfianza, pero al mismo tiempo lazos económicos notablemente fluidos”, añadió el analista, quien destacó que “Nicaragua, después de todo, forma parte del DR-Cafta y está contento con sus beneficios”.

En efecto, Nicaragua en su nueva etapa sandinista no deja de recibir dinero y elogios del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), acciones que serían imposibles sin el visto bueno —aunque más no sea a través de un gesto silencioso— del gobierno de Estados Unidos, que tienen participaciones decisivas en esos organismos.

El 25 de septiembre, por ejemplo, el directorio del Banco Mundial aprobó un préstamo de 20 millones de dólares para “apoyar la fase inicial del nuevo Programa de Políticas de Desarrollo de Nicaragua, que busca reducir la pobreza y tener un impacto significativo en los indicadores sociales”, según explicó en un comunicado la entidad.

Dos semanas antes, el FMI anunció haber completado la revisión de los acuerdos con Managua en el marco del programa conocido como Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (SCLP) y autorizó ampliar el apoyo financiero en el marco del programa en unos 10 millones de dólares hasta un total de aproximadamente 120.4 millones, en particular para “ayudar a Nicaragua a hacer frente a los perjuicios ocasionados por una serie de catástrofes naturales en 2007”.

Casi dos años después de la llegada de Ortega al poder, “las políticas macroeconómicas del gobierno nicaragüense siguen siendo apropiadas y la implementación del programa económico respaldado por el Servicio para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (SCLP) ha sido en lo general satisfactorio”, dijo el FMI, según el cual, incluso con algunas reservas, “las autoridades deben de ser felicitadas por mantener la situación fiscal dentro de los límites establecidos por el programa a lo largo del primer semestre del 2008”.

Todos estos elogios desde los organismos multilaterales con base en Washington contrastan con las habituales críticas políticas que regularmente emite el gobierno de Estados Unidos. Ayer mismo, mientras el embajador de Nicaragua ante la OEA, Denis Moncada, presentaba un proyecto de resolución contra “la injerencia” norteamericana, el Departamento de Estado reiteraba sus “preocupaciones reales” sobre “la integridad del voto” en las elecciones municipales del 9 de noviembre.

Frente a los reclamos de la oposición, dijo Sean McCormack, vocero de la Cancillería estadounidense, “la solución no es tratar de movilizar fuerzas progubernamentales para suprimir el disenso pacífico de gente que solamente trata de expresar dudas legítimas sobre el recuento de los votos”.

“La respuesta —añadió McCormack— es considerar seriamente qué es lo que se puede hacer para afrontar esas preocupaciones legítimas, involucre ello o no un recuento con la presencia de observadores internacionales”.

La danza de críticas políticas y negocios comerciales están acercando a Nicaragua a la situación de Venezuela, por ejemplo, y alejándola de Bolivia. Los gobiernos de Caracas y Washington no se cansan de cruzarse duras acusaciones de todo tenor, pero las exportaciones petroleras siguen manteniendo a Venezuela entre los primeros cuatro proveedores de crudo de Estados Unidos.

Bolivia, en cambio, que en estos momentos no tiene atractivos comerciales o económicos decisivos para Washington, pagó sus desafíos políticos con la exclusión, el mes pasado, del tratado de beneficios arancelarios para los países andinos.

Según Shifter, al estilo de su colega de Venezuela, Hugo Chávez, el presidente Ortega “ha sido muy astuto, reforzando su asidero en el poder en casa al tiempo que diversifica sus relaciones económicas y mantiene a Nicaragua en buena posición ante las instituciones financieras multilaterales”.

“La pregunta clave, indicó Shifter, es ver si otros gobiernos del continente empezarán o no a criticar el régimen cínico y corrupto de Ortega y a aplicar presión para que democratice y permita el escrutinio externo del proceso político”. Es que, según el experto del Inter American Dialogue, “con las crecientes dudas sobre las últimas elecciones, y el malestar que generaron, Ortega quizás fue muy lejos o subestimó la voluntad de otros países de América Latina a responder” a esta situación.

Para el analista, “en las actuales circunstancias, Washington solo tiene poca credibilidad y capacidad para presionar a Nicaragua, pero Brasilia y Ciudad de México, junto a otras capitales regionales podrían ser más efectivas”.

Una muestra de ello se vio ayer durante la sesión del consejo permanente de la OEA, donde todos los países, excepto Venezuela, evitaron el apoyo al pedido nicaragüense de condenar la “injerencia” estadounidense. Y, como indicó Shifter, Brasil y México tomaron las posiciones de presión más conciliadora.

El embajador de México, Gustavo Albin, por ejemplo, destacó con tacto diplomático que “todavía no se agotaron las instancias internas para dirimir los resultados” de las elecciones del 9 de noviembre y pidió atender las “inconformidades” de la oposición.

Claudio Marcelo[/doap_box]

Washington, especial para la prensa

Los países del continente americano, con la excepción de Venezuela, respondieron ayer con un contundente rechazo al pedido de Nicaragua de condenar no sólo la “injerencia” de Estados Unidos en sus asuntos internos —en particular el proceso de elecciones municipales— sino también a su intento de asociar al secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, con lo que denominó como una “campaña sistemática” contra el gobierno del presidente Daniel Ortega.

Durante una reunión del consejo permanente de la OEA celebrada en la sede del organismo en Washington, el embajador nicaragüense, Denis Moncada, presentó incluso un proyecto de resolución (que después retiró) que incluía un “llamado al gobierno de Estados Unidos” para que “cese en su actitud injerencista” en Nicaragua.

También incluía una propuesta para “recordarle” a la Administración norteamericana que se “abstenga” de “utilizar la presión económica” o “recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza” contra Nicaragua.

Moncada despertó gestos de asombro cuando leyó el tercer punto de su proyecto de resolución: “Recordarle al secretario general” Insulza que “no se extralimite en sus funciones”.

Al “coro de injerencia” denunciado por Moncada le respondió un verdadero “coro de apoyo” a Insulza, probablemente el más popular de los secretarios generales de la OEA de las últimas décadas. Comenzó el embajador de Honduras, Carlos Sosa, quien aseguró que su país “reitera su confianza” en Insulza y “se niega de denostarlo de cualquier manera”.

Luego se sumaron, entre otros, la embajadora de Perú, María Zavala, quien dijo “valorar los esfuerzos” del secretario general en favor de la democracia en la región, y su colega de El Salvador, Luis Menéndez Castro, quien pidió “superar cualquier falso debate” sobre la integridad de Insulza.

A la presentación del proyecto de resolución de Moncada, el embajador de Estados Unidos ante la OEA, Héctor Morales, contrapuso uno propio, en el cual diplomáticamente solicitó que la secretaría general “explore”, junto al Gobierno de Nicaragua “y otros sectores de la comunidad política” algunas “acciones que apunten a un proceso de revisión de los resultados” de las elecciones del 9 de noviembre, contestadas por los partidos opositores. Morales urgió además una “resolución pacífica de la situación electoral vigente”.

El intento de Morales de imponer una “revisión” de los resultados electorales nicaragüenses con la participación de la OEA y otros protagonistas del escenario político de Nicaragua también fue ampliamente rechazado por los embajadores americanos en la reunión de este jueves.

Pero la apuesta norteamericana, que también pecó de problemas de cálculo político, no evitó que Moncada tuviera que escuchar una larga serie de discursos que defendieron a Insulza o la capacidad de la OEA de reclamar a los gobiernos de los países del continente que garanticen elecciones “libres y transparentes”.

“Si hubiera apuntado solamente contra Estados Unidos y no se hubiera metido con Insulza, la reacción habría sido distinta”, estimó una fuente de la OEA, que pidió mantener el anonimato, en conversación con LA PRENSA.

Solamente el embajador de Venezuela, Roy Chaderton, expresó un “apoyo total” a la posición de Nicaragua. Incluso países considerados dentro del grupo de la izquierda latinoamericana más o menos cercana al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reclamaron, aunque con matices, respeto a la democracia y algún tipo de entendimiento a través del diálogo entre el Gobierno y los partidos políticos de Managua.

“Cada país tiene que poder elegir los sistemas económicos y sociales que prefiera”, dijo por ejemplo el embajador de Ecuador, Efrén Cocíos, quien luego llamó al “diálogo y la concertación” en un marco de “respeto a la institucionalidad” nicaragüense. El representante de Paraguay, Manuel Cáceres, reiteró su confianza en Insulza y citó al recientemente electo presidente de esa nación sudamericana, Fernando Lugo, quien “agradeció” en su momento la presencia de los observadores electorales de la OEA en Asunción.

Hasta el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien visitó la OEA el miércoles de esta semana, pidió a la organización continental que lo “ayude” a llevar adelante con éxito el proceso de reforma constitucional, recordó Cáceres marcando una implícita diferencia con el rechazo del Gobierno de Nicaragua a la presencia de observadores internacionales en las elecciones del 9 de noviembre.

En ese sentido, cuando le tocó el turno de hablar, luego de la ronda de mensajes que defendieron su gestión y los atributos de la organización, Insulza le recordó a Moncada que la presencia de observadores electorales, entre ellos los de la OEA, en los comicios presidenciales del 2006, fue precisamente “esencial para reconocer la victoria” de Ortega, que fue estrecha en los números, pero obtuvo rápida legitimidad institucional.

“Después de tanto tiempo de vida política, de tantos años en el exilio… ¿quién puede creer que me voy a meter en un complot para desestabilizar un país?”, se preguntó Insulza, quien admitió que le resultó “un poco doloroso” escuchar las acusaciones de Moncada, según el cual el chileno “se está convirtiendo en un mensajero oficioso de sectores interesados en continuar pretendiendo descalificar y desestabilizar” al gobierno de Ortega.

Insulza gastó poco tiempo en responder a esas acusaciones y prefirió concentrarse en destacar el “tesoro” de América: que todos los países representados ante la OEA cuentan con gobiernos democráticamente elegidos. Se trata, dijo el secretario general, de “un tesoro que todos los gobiernos representados tenemos la obligación de defender”.

“Cualquier expresión que se me atribuya”, como su comunicado sobre la “preocupación por las dificultades” electorales en Nicaragua, “van en ese sentido”, aseguró. Al final, para cerrar la sesión, Insulza pidió “que le demos tiempo” a los nicaragüenses “para que resuelvan este diferendo entre ellos”.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: