LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Cerco a la libertad

Este 18 de noviembre los managuas nunca lo olvidaran. Es más, la nación jamás lo olvidara. Ese día fueron convocados por los candidatos a la Alcaldía de Managua, Eduardo Montealegre y Enrique Quiñónez, de la Alianza PLC, y Edmundo Jarquín, entre otros líderes capitalinos, a marchar pacíficamente en contra del fraude electoral que el orteguismo quiere imponerle al pueblo demócrata.

Siguiendo la misma receta de la ciudad de León, las oscuras fuerzas de la represión cercaron las entradas al punto de concentración. Desde tempranas horas morteros y cohetes se escucharon por toda la capital. El plan era intimidar a los ciudadanos a fin de que no acudieran al llamado de lo s líderes demócratas. Miles de ciudadanos que estaban dispuestos a hacer oir su voz no pudieron ingresar al punto de concentración por la violencia orteguista. Sin embargo, hay que destacar que los managuas no respondieron al llamado guerrerista de Daniel Ortega, quien y tuvo que movilizar cientos de buses de diversas partes del país para “reforzar” la represión en la capital.

En los mercados, centros de trabajo e instituciones estatales corría el rumor de una posible masacre. Los vientos lejanos del 22 de enero circulaban en el ambiente capitalino. Muchos negocios cerraron a mediodía, en otros, los trabajadores estaban preocupados por la hora de salir, y los padres llamabas a sus hijos para que estuvieran temprano en casa.

En algunas mansiones piñateadas y en lujosas oficinas, los orteguistas verificaban los planes del día. El miedo y la represión iba dirigida contra quien osara desafiar el poder imperial de Ortega. Ya sus agoreros habían anunciado que “no quedaría piedra sobre piedra, si el Dictador daba la orden”. Y la orden estaba dada.

Miles de managuas se llenaron de valor y buscaron cómo llegar al punto de concentración. Unos pocos lograron pasar muy temprano el cerco de las turbas orteguistas. Otros fueron reprimidos con piedras, palos, morteros e insultos. La gente decente, que por cierto son la inmensa mayoría del país, vio y grabó los hechos. En la concentración, unas señoras repartían rosarios entre los presentes como símbolo de protección divina ante las fuerzas del mal, mientras “militantes destacados” del FSLN repartían garrotes, piedras y morteros.

Managua siglo XXI, el último dictador de Nicaragua queriendo manchar de sangre tu glorioso pendón bicolor. El pueblo rehuyó este combate. Lo hizo por sabiduría y valentía. Sólo los turberos querían tapar con sangre la derrota que las urnas le propinaron en la capital y en más de 85 alcaldías del país. Es decir, en el 60 por ciento de los municipios sólo ellos, los orteguistas, querían llevar más dolor y luto a las madres nicaragüenses. Fracasaron: El liderazgo demócrata no cayó en la trampa. Los líderes actuaron con serenidad, madurez y cordura. Y el pueblo siempre se los agradecerá.

Cada piedra lanzada, cada mortero de agresión, cada ofensa vertida es más pobreza para Nicaragua. Los líderes del orteguismo son cada día más millonarios. El petróleo venezolano ha venido a engrosar aún más sus cuentas bancarias internacionales, mientras los pobres que los siguen se conforman con migajas que reparten para comprar lealtades y violencia. El rostro triste de los empleados públicos, que por necesidad cargan una bandera rojinegra y gritan consignas que ni ellos mismos escuchan, sabrán un día, junto a todo el pueblo, alzar sus voces, sus votos y sus botas contra los opresores.

Nicaragua no será Cuba. Ortega no estará más allá del 2011 en el poder. Aquí jamás habrá socialismo y mucho menos este pueblo doblará la rodilla para venerar a un tirano. Se equivocan los que creen que los pueblos no tienen memoria histórica. Se equivocan los que creen que un pequeño porcentaje puede contra la inmensa mayoría.

Vienen años muy difíciles. Hay mucho dolor, sangre y sufrimiento en el porvenir. Pero cada día que pasa, Nicaragua está más cerca de la redención definitiva. Y un día, el pueblo cantará su libertad y en estas avenidas y rotondas habrá música, poesía, paz, progreso y sobre todo habrá amistad entre los nicaragüenses. El odio que hoy el orteguismo inculca y promueve será apenas una vieja referencia de una pesadilla que jamás volverá. Efectivamente, el amor es más fuerte que el odio de clases.

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