El amanecer del 9 de noviembre llenó de esperanzas al pueblo de Nicaragua, ese día el país y el mundo entero conocerían la voluntad política de un pueblo que ha sufrido, como pocos en el mundo, dictaduras, una cruenta guerra civil y una etapa de postguerra llena de asonadas, violaciones, violencia y corrupción, que aún no finaliza.
Cientos de miles de ciudadanos, confiando en la democracia acudieron a las Juntas Receptoras de Votos para depositar su visión del futuro a través de sus votos. Atrás quedaba aquella campaña electoral llena de anuncios, flores, aguas importadas, calumnias y promesas de amor en las que nadie creía.
Las pasadas elecciones municipales, además de elegir las autoridades de 146 municipios eran un referendo para definir quiénes apoyaban y quiénes no el proyecto político del orteguismo conocido como Socialismo del siglo XXI.
Casi dos semanas después, el jueves pasado, el Consejo Supremo Electoral dio a conocer los “resultados electorales”. 105 Alcaldías para el partido de Ortega, 37 para la Alianza PLC y 4 al socio del FSLN, la Alianza Liberal Nicaragüense.
Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral, irónicamente daba a conocer los resultados de “la voluntad popular”. Antes se había burlado de la Conferencia Episcopal, del Cosep, de Amcham, de la Organización de Estados Americanos, de la Comunidad de Cooperantes, de la Alianza PLC, de Eduardo Montealegre y ahora finalizaba burlándose del pueblo de Nicaragua.
Los medios de comunicación, de manera objetiva y valiente habían denunciado miles de violaciones a la Ley Electoral, a sus Reglamentos y a la Constitución Política. Los periodistas que tan profesionalmente habían cubierto el proceso electoral fueron agredidos, golpeados, insultados, amenazados, calumniados y ultrajados.
Los líderes de la Alianza PLC fueron claros y contundentes: desconocemos los resultados anunciado por el vocero del orteguismo, Roberto Rivas, por ser totalmente fraudulentos. Y lo más importante, la inmensa mayoría de los nicaragüenses saben perfectamente que fue la Alianza PLC quien ganó las elecciones. Las Alcaldías de Managua, León, Masaya y Juigalpa, entre otras, fueron robadas de manera descarada.
Consultando a los principales funcionarios encargados de la fiscalización nacional de la Alianza PLC sobre los verdaderos resultados electorales, afirman que dicha Alianza ganó realmente 102 Alcaldías. Esto significa el 70 por ciento de las alcaldías para la Alianza PLC, resultado totalmente diferente a lo que el orteguismo ha anunciado a través de sus empleados en el CSE. El pueblo de Nicaragua votó y votó muy claramente. Los nicaragüenses y la comunidad internacional están impactados ante estos datos. Éste es el fraude más colosal en la historia de Nicaragua.
La Alianza PLC ha anunciado un plan de acciones para enfrentar el fraude y todo el pueblo que ama y cree en la democracia debe apoyar. Estas elecciones han impuesto nuevas marcas para los Guinness Records. Hay más de 120,000 votos anulados y por supuesto, todos ellos de la Alianza PLC. Además, Nicaragua y el mundo han conocido el inmenso cinismo con el que se expresan los orteguistas. Las máscaras y las supuestas oraciones cayeron totalmente.
Vienen años muy difíciles, la pobreza se multiplicará en los hogares nicaragüenses. La represión a través de las turbas, la Dirección General de Ingresos, las instituciones del Estado, los jueces y policías orteguistas serán noticias cotidianas. Pero también surgirán nuevas oportunidades y nuevos retos. Este pueblo sabrá mantener la frente en alto. Y el honor y la gloria santificarán esta nueva etapa de la lucha contra la dictadura.
Un día este pueblo será rico, libre y feliz. Cuando el orteguismo haya desaparecido del poder político, el país se enrumbe por la senda de la paz y el progreso. Ese día no esta lejos. Esta cada vez más cerca.
El momento histórico impone tareas estratégicas. La primera es la unidad de las fuerzas democráticas, para que la búsqueda de la democracia, la libertad y la justicia no sean sólo una ilusión o las palabras vacías de una propaganda demagógica. No es momento de recriminaciones, ni de reclamos ni de suspicacias, que sólo dividen. Es el momento de unirse para enfrentar la dictadura orteguista. Por eso, hoy más que nunca: Todos contra Ortega.