- El 31 de diciembre de 1972 Clemente perdió su vida por damnificados nicas
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Esta noche las familias se reunirán para celebrar la despedida y llegada de un nuevo año, iniciando el largo camino de 12 largos meses y en especial un 2009 que luce poco prometedor por la actual crisis económica mundial, que indudablemente afectará aún más a Nicaragua.
Pero hace 36 años aquí no se hablaba de crisis económica, sino de una situación caótica por el terremoto que el 23 de diciembre de 1972 azotó a Managua, dejando en ruinas una próspera capital, que emergía como una de las más importantes de Centroamérica.
Ese terremoto, la crisis de alimentos, las penurias de mucha familias, las noticias que informaban la fuga de la ayuda internacional por parte de los militares somocistas, impulsó al astro puertorriqueño Roberto Clemente a abandonar a su familia en la propia celebración de fin de año y tomar el riesgo de alquilar un viejo avión para traer alimentos a los nicaragüenses arrasados por el terremoto.
El resultado de ese loable gesto ya todos lo conocemos.
El avión (un DC-7) en el que viajaba Clemente y los tripulantes se precipitó al mar apenas segundos después de despegar del aeropuerto de San Juan, producto de la sobrecarga de víveres.
Hoy, hace 36 años, el mejor pelotero boricua de todos los tiempos, un ícono de los Piratas de Pittsburgh, un “Ángel Pirata” como lo llaman ahora, dejó de existir con apenas 38 años de edad.
Sin duda alguna, recordar a Clemente en esta fecha debe ser un tema obligatorio para todo nicaragüense, especialmente aquel vinculado con la actividad deportiva.
Es una fecha lamentable, pero en la que debemos recordar a ese gran pelotero de los Piratas que en esa misma temporada del 72 llegó a 3,000 mil hits, ganó dos series mundiales y poco después de su muerte, rompiendo la regla de tener obligatoriamente cinco años de retiro, fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown.
Clemente tenía material para jugar algunos años más en las Grandes Ligas, pero esa decisión de venir a socorrer a los damnificados acabó con sus planes, partió los corazones de su familia, sus tres pequeños hijos y todos los aficionados de los Piratas que vieron partir al sólido patrullero puertorriqueño, que durante 18 años defendió con calidad el jardín derecho.
A diferencia de muchos peloteros hoy en día, Clemente nunca jugó para otro equipo en las Mayores.
Aunque había sido firmado inicialmente por los Dodgers de Brooklyn, toda su vida jugó en las Grandes Ligas con los Piratas y pensaba seguir, hasta esa fatal noche del 31 de diciembre de 1972, cuando su vida se apagó empujado por un sentimiento de solidaridad hacia un pueblo nicaragüense que conocía por una anterior visita.
