El viernes de la semana pasada, al justificar el acuerdo del PLC con el FSLN para cederle el control de la Asamblea Nacional a cambio de sobreseer definitivamente a Arnoldo Alemán en el caso de la condena a veinte años de prisión que le impusieron por haber cometido graves delitos de corrupción, el magistrado electoral René Herrera dijo que este pacto apunta a un entendimiento de por lo menos sesenta o setenta años.
Herrera debe saber muy bien lo que dice, puesto que él sirvió como correveidile entre los dos caudillos pactistas, para el acuerdo del viernes pasado. De allí que, tal como informó LA PRENSA el sábado pasado, el magistrado electoral y operador político del PLC, René Herrera (…), precisó que el objetivo es “ganar una estabilidad política y económica de cincuenta, sesenta, setenta años”.
La verdad es que cada vez que los pactistas, de antes y de ahora, cometen sus fechorías políticas se justifican con el cuento de que pactan por el interés nacional, por su preocupación por el pueblo, porque buscan estabilidad política y económica para el país. Así, cuando Anastasio Somoza García y Carlos Cuadra Pasos firmaron el pacto libero-conservador del 26 de febrero de 1948, escrito quedó que ambos dijeron que habían pactado para traer estabilidad política al país y “mantener la paz de la República en el amplio concepto de la tranquilidad nacional”. Pero lo que hicieron mediante aquel pacto fue convocar a nuevas elecciones para que el general Somoza García fuese elegido, otra vez, Presidente de Nicaragua.
Apenas dos años y dos meses después, el 3 de abril de 1950, el general conservador Emiliano Chamorro y el general liberal Anastasio Somoza García, invocaron una “aspiración patriótica de entendimiento respaldada por el sentimiento popular de Nicaragua”, para justificar el Pacto de los Generales, mediante el cual impusieron constitucionalmente el bipartidismo y aseguraron cuotas fijas de participación del partido minoritario en los cargos del Estado y en el disfrute del Presupuesto Nacional.
Más adelante, el 28 de marzo de 1971, los líderes de los partidos liberal y conservador, Anastasio Somoza Debayle y Fernando Agüero Rocha, respectivamente, justificaron el pacto que firmaron para hacer otra repartición de los cargos del Estado y asegurar las cuotas de minoría zancuda, diciendo que lo hacían por el interés de “conservar la civilización cristiana, del beneficio de solucionar las querellas en diálogo, del peligro de la amenaza del comunismo, de la necesidad de vivir en paz para llevar a cabo el desarrollo socioeconómico”. Sin embargo, el pacto era para aprobar una nueva Constitución Política que le permitiera al general Somoza Debayle continuar en el poder, a cambio de la participación minoritaria del partido de Agüero en el Gobierno, y la promesa de una elección libre y transparente que nunca se cumplió.
Después de aquel pacto que el pueblo denominó Kupia Kumi (un solo corazón, en lengua miskita), los somocistas proclamaron la consigna “Somoza forever”, porque la intención del general Anastasio Somoza Debayle era quedarse toda la vida en el poder, y heredarlo a uno de sus hijos. Pero la dictadura somocista cayó sangrientamente tras una insurrección y una guerra civil, en julio de 1979.
Por otra parte, es oportuno recordar que, Daniel Ortega, quien sustituyó la dictadura derechista de Anastasio Somoza Debayle con su propia dictadura izquierdista, anunció en un acto de celebración del natalicio de Rubén Darío, el 18 de enero de 1987, que el régimen sandinista iba a durar mil años, repitiendo lo dicho por Adolfo Hitler, de que su Tercer Reich nazi-facista duraría por lo menos un milenio.
De manera que no hay originalidad en lo dicho por el magistrado electoral René Herrera, de que el pacto de Alemán con Ortega es para sesenta o setenta años. Pero Herrera olvida cómo terminó la dictadura somocista, y que la primera dictadura de Daniel Ortega duró sólo 10 años, y que fue aplastada por una avalancha democrática de votos.
Ahora no podemos saber cuánto les va a durar el negocio y el gusto del pacto a Daniel Ortega y a Arnoldo Alemán, y por lo consiguiente a René Herrera. Pero de que terminará más temprano que tarde, y tan ignominiosamente como terminaron los otros pactos del pasado, de eso sí que podemos y pueden estar completamente seguros.