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La ascensión de Obama

Se dice que la gran trascendencia histórica que tiene la ascensión presidencial de Barack Obama, radica ante todo en que es la primera vez que una persona de raza negra asume el poderoso cargo de Presidente de Estados Unidos de Norteamérica . Pero, en realidad, tal como lo han hecho notar algunos observadores más precisos, lo correcto es decir que se trata de un Presidente mestizo, porque Obama lo es, y no sólo en lo racial propiamente dicho, sino también en lo cultural, lo ideológico y lo político. Y en todo caso lo mejor es decir que es un Presidente afroamericano

En efecto, Barack Obama es hijo de un negro africano de Kenya y de una blanca sajona de Estados Unidos. O sea que es mitad negro y cincuenta por ciento blanco. Además, Obama es un estadounidense atípico, pues nació en Hawai, se crió en Indonesia, estudió en Harvard y se hizo político en Chicago, de donde saltó al Senado Federal y finalmente se catapultó a la Presidencia de Estados Unidos. Por otra parte, quienes lo conocen aseguran que Obama es un hombre de valores conservadores y actitudes liberales. Y por último, su equipo de Gobierno es una clara muestra de mixtura política e ideológica, en la que han encontrado cabida incluso personas que desempeñaron altos cargos en el Gobierno del presidente Bush.

Pero sea mestizo múltiple o persona de una sola pieza racial, cultural y política, el hecho es que Barack Obama asciende hoy a la Presidencia de Estados Unidos entre grandes esperanzas y bajo una lluvia de consejos de cómo gobernar y resolver los innumerables problemas de ese país. Y además, recibiendo desde todas partes del mundo abundantes peticiones de ayuda, económica sobre todo.

En América Latina predominan las voces que aseguran que ahora sí habrá un Presidente de Estados Unidos que se preocupe realmente por esta región que es su vecina, a la que prácticamente todos los anteriores gobernantes estadounidenses trataron como su patio trasero. Y al menos en la retórica de Obama, quienes albergan esa esperanza podrían tener razón, pues a pesar de que durante su campaña electoral casi no habló de esta región del hemisferio occidental, en la última entrevista que dio a la revista Time Obama dijo, sin que se lo hubieran preguntado, que “prestará más atención a América Latina”. “Hemos descuidado a nuestros vecinos en nuestro propio hemisferio y hay un enorme potencial para nosotros para trabajar con otros países. Brasil, por ejemplo, que de algún modo está por delante nuestro en cuanto a estrategias energéticas”, aseguró Obama, quien posteriormente ratificó y amplió estos conceptos en una entrevista con la cadena Univisión.

Sin embargo, para decepción de quienes viven pendientes —y quieren ser eternamente dependientes— de la ayuda internacional, particularmente de Estados Unidos, incluyendo a algunos “vivos” que dicen que van a construir el socialismo totalitario con los dólares del imperialismo, Obama no promete ayuda sino que ofrece y pide colaboración. “Estados Unidos es sólo un vecino más” (de América Latina), enfatizó Obama en su entrevista con Univisión, y precisó que “todos los países, Brasil, México, la Argentina, Chile, todos en la región tienen contribuciones importantes que aportar”.

Evidentemente el presidente Obama no sólo se inspira en el legado de Abraham Lincoln, sino también en el de John F. Kennedy, quien, en su discurso de toma de posesión el 20 de enero de 1961 dijo a los norteamericanos que no debían preguntar lo que su país podía hacer por ellos, sino preguntar lo que ellos podían hacer por su país. Y convocó a todas las naciones a “luchar contra el enemigo común del hombre: la tiranía, la pobreza, las enfermedades y la guerra misma”. Además, Kennedy pidió a los ciudadanos de los Estados Unidos y del mundo que exigieran de sí mismos “la misma generosidad de fuerza y sacrificio” que le pedían al Gobierno norteamericano. Y esto cuadra con lo que dijera a Univisión el presidente Obama, acerca de que la responsabilidad de los estadounidenses “no es dictar políticas o lo que les conviene a otros países, sino encontrar cooperación de interés mutuo”.

En realidad, la mejor ayuda que Estados Unidos y otros países democráticos del mundo le pueden brindar a pueblos como el de Nicaragua, es no ayudarle en ninguna forma a sus gobiernos corruptos y dictatoriales. Pero quitarse de encima el autoritarismo y recuperar la República democrática , eso debe ser obra del mismo pueblo nicaragüense.

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