Mi madre ultramar
Mi madre se iba
Se iba durmiendo mucho;
parió durmiendo
Se iba al cruzar la puerta,
mientras la voz de niña, la otra, lloraba a través de la ventana
Mi madre se iba
Se iba hiriendo su cabeza,
golpeando,
quebrando los blancos muros que la aprisionaban
Se iba en besos carmesí,
interiores marchitos,
que más allá de la casa, reivindicaban hembras besando labios mujeriles.
Se iba cuando maldecía,
la niña, la otra
Cuando vaciaba los frascos de pastillas:
uno, dos, tres, pastillitas blancas y en hileras
uno dos tres, mi madre se iba.
Se iba cuando se encerraba en el silencio, donde hermana y hermano,
los niños, los otros, no podían entrar
Se iba,
hasta que la niña,
la otra,
se fue
Regresé cuando fui madre, sólo para entender que huía,
se iba lejos del zumbido
de judía conversa esposada con meztizo
castiza, la otra, la niña
del zumbido enloquecedor,
de la culpa que persigue por haber nacido ultramar.
Del poemario Linajes y anarquías, marzo 2008
