- Parece estar alcanzando la madurez como pelotero
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Aún no hemos observado a todos los equipos del campeonato, por tanto es difícil llegar a algunas conclusiones firmes con relación a los peloteros, aunque claro, siempre hemos sabido que Jimmy González batea, que Justo Rivas pega jonrones y que Julio Raudez es un eficiente lanzador.
Tampoco nos ha sorprendido el dominio conseguido por Armando Hernández, espigado tirador de Diriá, que tiene 4-0 y 0.38. Incluso, el desempeño de Víctor Duarte (4-0) es lo que se esperaba de un carabinero que mostró su dentadura con el Bóer en la Profesional y que está de nuevo con Seattle.
Es más, nadie está asombrado por el violento despegue de Juan Oviedo, con Estelí. De hecho, así lo hace casi siempre en los arranques de liga. Y menos que nos cause algún tipo de admiración el desempeño de Ofilio Castro. En realidad, sólo hace lo que ya nos tiene acostumbrados: brillar.
Lo que sí me ha sorprendido es la madurez que ha mostrado en su juego Ramón Flores, hijo del otrora jugador ocotaleano del mismo nombre. Sabíamos que tenía herramientas para brillar, pero aún no había encontrado la manera de hacer un uso eficiente de ellas. Ese momento ha llegado.
Si lo que estamos viendo es a un jugador en pleno ascenso hacia el estrellato y no a un pelotero enrachado, preparémonos para observar al “loquito” durante muchos años brillando en el beisbol nacional, haciendo la selección y dejando huellas firmes al momento de su salida. Eso es muy probable.
Al igual que su papá, Ramón parece siempre cargado de energía. Su juego es acelerado, pero ha aprendido a canalizar mejor su entusiasmo. Y este año, está sacando el bate con autoridad, despejando la única duda que existía en torno a sus proyecciones. Flores tiene 23 años y un gran futuro.
