- Migrar su negocio en verano es rentable, pero requiere planificación
SãO PAULO
Desde diciembre de 2004, cuando llega el verano, Djalma Moreira mantiene la misma rutina: migra de la capital paulista al litoral norte del país, donde se queda hasta fines de febrero, período oficial de alta temporada en la costa atlántica brasileña. ¿Vacaciones prolongadas? No. El empresario de Belleskin, representante de una compañía norteamericana, lleva a las principales playas de la región un servicio de tatuaje temporal con aerógrafo. “Es un producto hipoalergénico que ha tenido éxito entre los jóvenes”, afirma.
Ya que exhibir un diseño en la piel casi siempre demanda poca ropa, la estrategia de Moreira de buscar las playas es fundamental. Los tres meses de verano corresponden a cerca del 40 por ciento de las ventas totales del tatuaje —Belleskin también representa otros productos—, que en 2007 fueron de unos US$600,000. “Instalamos kioscos en shoppings y ofrecemos alternativas que van desde US$2 a US$10”, dice.
El negocio de Moreira aprovecha las vacaciones para ganar un dinero extra. “De la misma forma que los diarios, que ofrecen suscripciones móviles y las grandes redes de supermercados, que ofrecen llevar sus compras a donde sus clientes se encuentren, algunos quieren compensar la baja en las ventas cuando la mayoría va de vacaciones”, dice Wlamir Bello, consultor del Servicio de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae).
El negocio, sin embargo, puede ser riesgoso para las finanzas de la empresa, si es que no ha sido estudiado en detalle. “Muchas veces el empresario no quiere hacer mucho esfuerzo, y deja la planificación a un lado”, explica Bello.
Para el consultor, es recomendable que el empresario se prepare con un mínimo de seis meses de antelación. “Es importante fijar una meta de ventas, un punto de equilibrio para calcular su viabilidad y las necesidades de adaptar el producto para esa demanda”, dice.
Los dos primeros pasos son realizar una pesquisa básica en las ciudades para hacer una proyección adecuada del número de turistas que las visitan y el gasto medio de cada uno, además de averiguar los permisos y licencias necesarios. Y no dejar a un lado costos como el transporte, estadía, alimentación, además de escoger empleados que se adecuen al perfil de la empresa.
“En mi caso, si tuviera que costear todo de mi bolsillo, saldría perdiendo”, cuenta Patricia Izar, quien tiene la franquicia de Chocolates Kopenhagen y recibe apoyo de la empresa para operar un kiosco en el shopping Market Plaza, en la localidad de Campos do Jordão, Estado de São Paulo, un lugar muy visitado en invierno. “A veces las estimaciones de ventas no se cumplen”, dice, y agrega que en el último invierno esperaba un crecimiento de ventas de 30 por ciento, pero consiguió sólo un 10 por ciento.
Para Moreira, una de las principales dificultades al instalarse en el litoral fue encontrar mano de obra calificada. “Es preciso aprender a usar el aerógrafo y por eso buscamos la ayuda de los municipios para hacer las capacitaciones”, cuenta. Por experiencia, dice que todo presupuesto debe incluir costos de rotación de mano de obra temporal, “que llegan a 40 por ciento”, y el alza en el valor del alquiler en la temporada siguiente, “pues si las ventas fueron buenas el alquiler suele sufrir un alza”.
Para ampliar el negocio más allá de los puntos propios en São Paulo, Moreira pasó a trabajar con un sistema de comodato, sumando actualmente 130 puntos de venta en más de ocho Estados brasileños. “Para tener éxito en este negocio es preciso estar cerca, y sería imposible crecer de otra forma”, dice.
Y para quien no desee invertir mucho, puede hacer como la empresa de biquinis Mulata Brasil, que arrienda por todo un día un bar exclusivamente para ellos en la playa de Maresias, en el litoral paulista, para hacer una gran liquidación de inventario. “Vendemos bastante y muchos clientes nos buscan después en nuestro local en São Paulo”, dice Flavia Almeida, socia de la empresa.
*Con Solange Monteiro, en Santiago.