- La Red de Mujeres Nicaragüenses dice que sufren explotación laboral y no pueden acceder al sistema de salud costarricense
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CORRESPONSAL / COSTA RICA
A pesar de los esfuerzos, principalmente del Gobierno tico y de organismos de la sociedad civil, la población nicaragüense en Costa Rica parece vivir un mundo aparte donde a diario cada quien sobrevive a su manera.
Nicaragua no les resuelve problemas de fondo, a falta de una política migratoria, y Costa Rica aún no termina de insertarlos a su sociedad.
El reciente terremoto que sacudió la vida cotidiana de Costa Rica, también desnudó (otra vez) la cruda realidad de los nicaragüenses, quienes viven literalmente desamparados en los albergues, sobre todos aquéllos que no tienen residencia legal.
“La inmensa mayoría de trabajadores agrícolas que dejó sin empleo el terremoto son nicas”, explicó Gerardo Sánchez, presidente de la Confederación Solidaridad.
Los nicaragüenses afectados son el vivo ejemplo del olvido, por la falta de políticas migratorias de parte del Estado receptor y del que los expulsa, según Sánchez.
“Claro que nos sentimos desprotegidos. Para empezar, Nicaragua no tiene una política migratoria, desde ese preciso momento ya somos excluidos como ciudadanos nicaragüenses por nuestro propio país. Costa Rica tampoco tienen una política migratoria ni para los extranjeros que vivimos en el país ni para la salida de ticos. Esto deja sin efecto a todo lo concerniente con derechos humanos”, añadió.
La Red de Mujeres Nicaragüenses también ha hecho hincapié en el abandono que sufren. Ellas consideran que se les viola sus derechos antes y después de cruzar la frontera de Peñas Blancas.
En el caso de las mujeres nicaragüenses que radican en Costa Rica y que tienen problemas de documentación, ya sea por no poseer pasaporte de su país porque viajó ilegal, o un permiso de trabajo o residencia; sufren de explotación laboral y no pueden acceder a programas de salud reproductivas, tienen problemas en los partos y tampoco pueden estudiar, de acuerdo con la Red.
A esto se suma la discriminación que sufren por ser nicaragüenses, discriminación social y cultural.
Logrando un empleo que casi siempre es doméstico, las nicaragüenses siguen cargando con la responsabilidad económica y afectiva de sus familias, pues invierten la mitad de su salario en remesas, según el Estudio Binacional Costa Rica-Nicaragua, sobre la incidencia de la migración en las mujeres.
SIN VIVIENDA
El problema de vivienda para los nicaragüenses en Costa Rica quiso abordarse con amplitud por el Ministerio de Vivienda de este país a inicios de la Administración de Oscar Arias, pero no encontró mucho eco en Nicaragua.
Son miles de nicaragüenses, cuya cantidad no puede precisarse, que viven hacinados en precarios o tugurios y en cuarterías. Son pocos, casi siempre quienes tienen vínculos primarios consanguíneos con ticos y son residentes legales, lo que logran un bono de vivienda estatal.
Otro problema de fondo que Nicaragua no ha resuelto es el de la rebaja de aranceles consulares, cedulación en el exterior y la ayuda social, sigue siendo pequeña para la alta demanda.
Hasta hace un par de años Nicaragua destinaba menos de 150 dólares para ayuda a connacionales. Según fuentes diplomáticas, esa suma ha aumentado, aunque sigue habiendo problemas para repatriación de fallecidos a Nicaragua.
En la repatriación de cuerpos de quienes fallecen en este país han sido muchas veces los propios funcionarios diplomáticos quienes han solventado ayuda a los inmigrantes, según Sánchez.
