En la medida que sea honesto, las personas tendrán una opinión favorable de usted
Cuando niño, si mi madre me “agarraba” en no decir la verdad, por muy pequeña que fuese, su castigo consistía en no dejarme jugar con los amiguitos del barrio. Aparte de ello, faltaba que me “guiñase la chaqueta” mi padre, el pobre, cansado de una extensa jornada de trabajo… “Ernestito, hijo, ¿por qué mentir? Y… apoyo lo que dice tu madre, ¡cero juego este fin de semana!”. Faltaba el final… Antes de dormir, arrodillado al borde de la cama, tres padres nuestros y tres avemarías, lo cual formaba parte de hacerme mejor y erradicar mi falta.
La anécdota anterior me conduce a pensar si a veces amerita decir la verdad y nada más que la verdad, o un “tuquito” no cierto de algo que no dañe a nadie. ¿Qué es mejor, decir la verdad o una mentira piadosa? Por ejemplo: jóvenes que se mienten acerca de su aspecto, personas que alardean de su trabajo… En muchas ocasiones nos encontramos esta disyuntiva, y tomar una u otra decisión puede tener consecuencias muy distintas.
Queda claro que no siempre resulta fácil convertir una mentira en una historia creíble, pero, de plantear la pura verdad, ésta podría tener efectos devastadores; por lo tanto, urdir una pequeña e ingeniosa mentira piadosa nos puede sacar de un apuro. Un estudiante que plantea que no pudo estudiar porque… ¡su abuelita a última hora, hubo que llevarla al odontólogo, porque su dentadura no aparecía por ninguna parte! (Indiscutiblemente, un émulo de Pinocho, ¿o “Pinueve”?). Sin embargo, ¿qué decir cuando alguien queda mal con usted, y que simplemente no cumplió rayando en el engaño? Uno: ya la mentira deja de ser piadosa; dos: enfrentar el problema e indicar a la persona, de forma respetuosa, la falta en que cayó. ¿Medida? Todo dependerá de la magnitud de la mentira. ¿Aplazar al estudiante en su evaluación, notificar a los padres el irrespeto? ¿Conversar con el joven y fundamentarle el porqué de la no necesidad de buscar una justificación, injustificable, más allá de la jocosidad de la mentira piadosa?
En fin, todo dependerá de la situación que se presente, aunque me inclino al bando de la verdad. En la medida que seamos honestos, decir las cosas como son apoyándonos tal vez en el arte de la diplomacia, autocríticos en el caso de equivocarnos, las personas que han de evaluar nuestro desempeño tendrán de nosotros —sin distinción de edad— una opinión favorable, lo cual será un valor agregado a sus cualidades y virtudes.
