Después del chinamo que protagonizó Gustavo Leytón y sus bailarinas, Vicente Fernández hizo una promesa: “Si no dejan de aplaudir yo no dejo de cantar”; y en el concierto del pasado domingo demostró que es un hombre de palabra.
Cuando el charro inició su presentación, interpretando Los ojos, se evidenció la euforia de un público que había permanecido apagado durante la participación del artista telonero; y es que evidentemente pagaron el valor del boleto por oír cantar a “Chente”.
Vicente Fernández no habló mucho con el público, quizás cada una de sus canciones dijo lo que estaba de más expresar con palabras.
Ahí se cantó Por tu maldito amor, Me voy a quitar de en medio y Mujeres y traiciones, temas que uno a uno iban evocando el desamor y la traición; sentimientos que se ahogaban en cada trago de ron que degustaba el público, que en su mayoría vestía vaqueros, camisas a cuadros, botas y sombreros.
El ambiente quizás era lo más parecido a una taberna, donde aquel caballero que a gritos coreaba las canciones y elevaba su sombrero blanco, parecía sentir como propia aquella letra que hablaba de un amor no correspondido; o aquella joven muchacha que al ritmo de Nos estorbó la ropa le regalaba un beso al que seguro sería su esposo, y que le llevaba unos cuantos años y libras de más.
LOS TICOS SE QUEDARON CON LAS GANAS
Vicente Fernández venía realizando una gira que lo llevó a recorrer varios países de la región, sin embargo, la presentación en Costa Rica, que estaba prevista para el pasado sábado, fue cancelada a última hora por las autoridades, aduciendo que los organizadores incumplieron con requisitos sanitarios y de seguridad.
Pero los nicaragüenses sí se dieron el gusto de escuchar de la voz del charro un repertorio que inició con rancheras y que inmediatamente llegó a los corridos.
Y como el público no dejó de aplaudir, Vicente Fernández no dejó de cantar. Así, le siguieron Lástima que seas ajena, El chofer, Qué de raro tiene y otros temas que iban llegando al mismo ritmo con el que se consumía el licor. Al final de la velada, tal vez todos quedaron con la sensación que se trató de una noche donde Vicente fue el compañero de tragos.
El show se coronó cerca de la medianoche, cuando Vicente prometió Volver, volver, volver. Luego de tres horas de canto ininterrumpidas, Vicente demostró que Sigue siendo El Rey.
