- Boxeo con buena salud en esta era post-De la Hoya
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Manny Pacquiao no ha necesitado ser tan vistoso como Shane Mosley, carismático como Oscar de la Hoya o veloz como Floyd Maywether, para situarse en la cima del boxeo mundial.
Ha llegado a la cumbre por la potencia de sus puños, precisión en sus disparos y claridad en sus ideas, mientras pulveriza oponentes, sin importarle el currículum ni la categoría.
Si aún existía una duda con relación a su grandeza, ésta se disipó la noche del sábado en Las Vegas, cuando ante 16,262 fanáticos, destruyó a Ricky Hatton, quien había probado tener aguante de yunque.
Pacquiao lo dominó, lo castigó y al final lo humilló a base de poderosos ganchos de derecha y de su paralizante izquierda, que aterrizó con poder en la barbilla de Hatton, noqueado a los 2.59 minutos del segundo asalto en el MGM Grand.
El filipino ha pasado de ser el verdugo de peleadores mexicanos, a verdugo de a quien le pongan enfrente, mientras aumenta sus conquistas y obliga comparaciones con los mejores púgiles que han existido en la historia del boxeo mundial.
Por ahora quizá lo más significativo es que Pacquiao probó que el boxeo goza de buena salud en esta era posterior a Oscar de la Hoya, quien lo sostuvo sobre sus hombros cuando la mayoría de astros de su generación seguían vigentes, pero en vídeos.
Con su formidable despliegue de poder y esa flexibilidad y precisión que hacen deslucir al más listo, mientras los abruma con su velocidad, Pacquiao ha acumulado una confortable ventaja en la cima de la montaña.
Ésta es la era de Pacquiao, el filipino de hablar suave y gracioso, que se vuelve una fiera sobre el ring, mientras atrae a los fanáticos que han dejado de extrañar tiempos pasados para apreciar este grandioso presente.
