Cartas al Director

Cartas al Director Poder “Todo poder excesivo dura poco”. Gobiernos golpistas El ex Presidente de la República de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, rompió el orden constitucional de su país al desacatar la orden de la Corte Suprema de Justicia que le mandaba restituir en su cargo al comandante del Ejército, General Romeo Vásquez, además debía […]

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Poder

“Todo poder excesivo dura poco”.

Gobiernos golpistas

El ex Presidente de la República de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, rompió el orden constitucional de su país al desacatar la orden de la Corte Suprema de Justicia que le mandaba restituir en su cargo al comandante del Ejército, General Romeo Vásquez, además debía de suspender la consulta electoral que pretendía ejecutar con fines oscuros a los intereses de la institucionalidad democrática. De esta forma, Zelaya desacató la Constitución y el Ejército, en cumplimiento a una orden judicial, allanó su casa de habitación y posterior a su renuncia escrita le dio la oportunidad de viajar a Costa Rica.

En las cumbres del Alba celebradas en Nicaragua, dos personajes carentes de todo valor moral y ética para exigir respeto a la democracia, han encabezado las reuniones y acciones de protesta, Hugo Chávez y Daniel Ortega Saavedra.

El presidente Chávez de Venezuela es un golpista fracasado, que en 1992 pretendió derrocar por medio de la fuerza al Gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez, razón por la que estuvo condenado a presidio por casi un año luego del fracaso de su acción; por otro lado, Daniel Ortega y su partido el FSLN dirigieron la conspiración comunista internacional que derrocó de forma arbitraria al Gobierno constitucional del presidente Anastasio Somoza Debayle; además, Ortega Saavedra está acusado de ejecutar el fraude electoral más bochornoso en la historia de América Latina.

Cuando se intenta atacar la Constitución Política y someter a un pueblo al comunismo, las fuerzas democráticas actúan en la defensa de la democracia y del orden constitucional. Felicidades al pueblo hondureño por defender el Estado de Derecho, igualmente a los militares libertarios que han frenado las intenciones nefastas del socialismo-comunismo del Siglo XXI en Honduras.

Chéster Membreño

Crisis hondureña

La crisis política que vive el pueblo hondureño por la destitución inconstitucional y antidemocrática del presidente hondureño, Manuel Zelaya, por las Fuerzas Armadas y el Congreso de la República de Honduras a través de un golpe militar institucional, ha causado repudio internacional de condena por los diferentes organismos internacionales y de los países del hemisferio, que invocan a la Carta Democrática Interamericana de la OEA por el restablecimiento del orden constitucional, el Estado de Derecho, la democracia, la paz y tranquilidad de los ciudadanos hondureños.

Esta crisis política es causada y provocada por las ambiciones reeleccionistas del presidente Zelaya, al querer imponerles a los hondureños una consulta popular, ilegal y anticonstitucional en claro irrespeto a las leyes y la Constitución Política, al no acatar una resolución de la Corte Suprema de Justicia y de un Juez de Segunda Instancia, donde se le prohíbe realizar la consulta por ser de carácter inconstitucional.

En esta consulta se pretendía preguntarle al pueblo hondureño la posibilidad de instalar una cuarta urna en las elecciones presidenciales de noviembre del 2009, con el fin de establecer una asamblea constituyente, disolver el Poder Judicial, el Tribunal Supremo Electoral, el Congreso Nacional y las Fuerzas Armadas, poderes no controlados por el presidente Zelaya y perpetuarse en el poder a través de la reelección.

El Tribunal Supremo Electoral es el único órgano facultado por la Constitución Política para realizar la consulta y no el presidente de la República, teniendo méritos suficientes el Congreso nacional hondureño de inhabilitarlo de su cargo.

El golpe de Estado militar-institucional contra el presidente Zelaya sembrará un precedente de reflexión en los presidentes latinoamericanos, de respeto a las leyes, las instituciones y la Constitución política, para que ésta no pueda ser manoseada ni violentada por gobernantes antidemocráticos, que pretenden perpetuarse en el poder a través de consultas populares o elecciones amañadas.

Roberto Navarro Sánchez

Candil de la calle…

Reír para no llorar… pareciera ser la reacción súbita después de escuchar las indignantes declaraciones de los señores presidentes: Daniel Ortega, Hugo Chávez y Raúl Castro, mandatarios de Nicaragua, Venezuela y Cuba respectivamente, con respecto a “las libertades públicas, democracia y derecho de comunicar”, temas que platican, pero no practican, ignorando en sus países a las mayorías que no comparten sus oscuras políticas. Ortega Saavedra condena la ruptura del orden constitucional en otros países, pero no es capaz de por lo menos aparentar que él no comparte esa postura; Raúl Castro exige respeto a las libertades públicas, pero en su país no le permite a sus ciudadanos ni por lo menos decidir dónde quieren ir y Hugo Chávez, que se expresa sin ninguna vergüenza, cuánto le estorban los medios que no comparten sus opiniones… todo esto por mencionar algo.

Me parece que estos tres mandatarios defienden mejor al señor Manuel Zelaya quedándose callados y no hablando de temas de democracia con los cuales no se sienten identificados.

Germán Ruiz E.

Golpe de Estado

Un golpe de Estado a estas alturas en el mundo de hoy es totalmente inconcebible y absurdo en este siglo XXI. Se pensaba que este tipo de acciones había quedado en el pasado para la mayoría de países y más aún para Latinoamérica. Honduras sorprendió al mundo con una de las acciones más injustas en un país democrático como lo era esa nación centroamericana, con el golpe de Estado contra el Gobierno constitucional del presidente legítimo, Manuel Zelaya. Ese golpe de Estado a Zelaya no sólo lo afecta a él como mandatario, sino también a todos los ciudadanos hondureños, quienes son víctimas de la represión militar, grupo que se ha tomado el país entero. Ahí están los resultados de ese golpe de Estado; el Presidente expulsado de su país, sacado a la fuerza, una nación con la energía eléctrica interrumpida, sin comunicación telefónica y con el atentado que sufre la libertad de prensa para que los ciudadanos, “desafortunadamente” no se enteren de lo que realmente pasa, revueltas callejeras y reprimidas por el Ejército y la Policía y lo peor, ordenar un toque de queda que a estas alturas, repito, era impensable que volviera a suceder en la América Latina actual. Además de la toma del poder, considerados para muchos como ilegal.

¿Será que el señor Roberto Micheletti, quien asumió la presidencia de Honduras, no toma conciencia de lo que realmente sucede? Las reacciones mundiales son evidentes y claras y lo debe saber. Ningún gobierno lo reconoce, ni siquiera la OEA, la ONU ni la Unión Europea, todos han reaccionado de manera negativa y enérgica, y esto afecta a los mismos hondureños porque todos los gobiernos de Latinoamérica están decidiendo aislar las relaciones internacionales, “comerciales y políticas”.

Desde ya empiezan los brotes de violencia y el miedo cobija a los hondureños al ver a su país militarizado. La misión de las fuerzas militares en un país democrático es preservar la seguridad en una nación, de lo contrario se convierte en un país antidemocrático, como pasa hoy en Honduras, un país que hoy más que nunca está solo, pues los mandatarios se manifiestan en repudio al golpe de Estado y la toma del poder ilegal de Micheletti y cada vez más se suman más personalidades a este repudio.

Solidaridad con el pueblo de Honduras, que siga recibiendo el apoyo de todos los Estados porque el mundo se ha dado cuenta que un fenómeno como éste a estas alturas es totalmente condenada.

Darwin López Galeano

¿Castro jefe de la OEA?

El mal llamado golpe de Estado que se diera al presidente Manuel Zelaya en la hermana República de Honduras fue una salida democrática del Congreso en pro de salvaguardar el orden constitucional de su pisoteo político dictatorial.

Zelaya fue suspendido de sus funciones presidenciales por querer violentar la Constitución y querer formar una constituyente que le diera paso a su reelección presidencial.

Lo que impulsa en forma desmedida a los presidentes que conforman el Alba por reelegirse se debe a la consigna que imparte el presidente de Venezuela y creador del grupo Alba, Hugo Chávez, el continuismo en el poder a toda costa, y con ello mantener activo el negocio del petróleo a través de empresas particulares. Si se pierde el poder presidencial, se pierde el control del negocio petrolero. El pintoresco secretario de la OEA, José Miguel Insulza, todo lo que ha hecho lo ha “tornado insulsamente”. Así como se presenta actualmente la política internacional, no sería raro que el próximo secretario de la OEA fuera el demócrata Raúl Castro.

Armando Lau Gutiérrez

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